La Nueva Jerusalén: Una promesa divina con enemigos públicos. - Foro Social Urbano Alternativo y Popular

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20 de enero de 2017

La Nueva Jerusalén: Una promesa divina con enemigos públicos.

 
 
La diligencia se haría sí o sí, por la buenas o por las malas y las condiciones eran las que imponía, con el Esmad la administración municipal de Bello. Esa noche la comunidad se pertrechó, se puso sobre aviso y dejó de lado toda la tranquilidad con la que había pasado el día. Si era sí o sí, no se las dejarían tan fácil, ofrecerían resistencia, al fin y al cabo es un barrio digno.

El día 28 de diciembre de 2016 recibimos una llamada de una habitante del barrio nueva Jerusalén que nos decía que había recibido una notificación en la que la administración municipal de Bello le comunicaba que su casa sería desalojada y demolida el día 12 de enero de 2017. Qué forma de empezar el año. Quedamos de vernos el 3 de enero en el barrio y conversar con la comunidad, pues a esta casa se le sumarían otras 174.
El barrio nueva Jerusalén está ubicado en el municipio de Bello, Antioquia, en un lote que pertenece al municipio de Medellín, un sector reconocido también como finca El Cortado. En el 2007 comenzó a llegar la primera oleada de pobladores, casi todos desplazados por el conflicto armado, víctimas de la violencia. En ese momento el sector era apenas un caserío cerca a una mina de caolín, mineral que sirve para fabricar cerámica y porcelana. Las condiciones sociales de estos pobladores los mantuvo en una situación de vulnerabilidad ante una ciudad que los acogía con sus propias reglas y los sometía a una nueva realidad en la que sobrevivir era apenas lo que podía hacerse con la vida. Hoy el caserío cuenta con aproximadamente 3500 casas y unos 15000 habitantes, acueducto, red de energía eléctrica, transporte, un barrio en pleno proceso de consolidación, fruto de la autoconstrucción de sus habitantes.
Llegó el 3 de enero. En el “Bomvillo Rojo” nos encontrábamos reunidos con algunas de las personas que habían sido notificadas. Desde una entradita de una casa algunos de los líderes del barrio, como el presidente de la JAC y la mesa de desplazados, expresaban sus preocupaciones y dudas frente a la orden que había emitido la inspección 6 del municipio de Bello en cabeza de Iván Barrera Arroyave. La comunidad gritaba en coro “solución, solución”, lo que nunca deja de ser problemático.
Había una percepción de que debía hacerse algo, que la situación era urgente, grave, que se iban a quedar sin casa. Las personas esperaban una respuesta, alguien que pudiera aclararles qué iba a pasar. Ante la incertidumbre se plantearon ir hasta donde el Alcalde (el encargado, porque el electo está en la cárcel pues falsificó su título de bachiller) que debía tener las respuestas que ellos necesitaban, era el responsable político del municipio, su administrador. Y decidieron realizar un plantón al frente del edificio de la alcaldía, en el parque de Bello.
Al tiempo solicitaron una asesoría jurídica a las organizaciones acompañantes de lo que resultó la redacción de varios derechos de petición. Información era lo que hacía falta, información que la Alcaldía, al parecer nunca proporcionó a los habitantes del barrio, ¿por qué? La ineptitud de la Alcaldía provocó sus propias declaraciones a los medios privados de comunicación que les hacen el juego: “personas inescrupulosas están diciendo que vamos a desalojar todo el barrio” no, no es eso, es que no se tomaron el tiempo de informar a la comunidad, y ante la incertidumbre, los rumores crecieron más rápido que la inteligencia de la alcaldía de Bello, de ahí el uso desmedido de sus habilidades brutas, el Esmad.
Se llegó el día del plantón. Hubo que ir hasta la puerta del Alcalde para que se dignara hablar con la comunidad.  Desde las ocho de la mañana una multitud de personas se agolpaban en la puerta de la alcaldía. Con camisas y banderas blancas gritaban que eran una comunidad pacífica y que habían ido hacer propuestas de paz, que su barrio era una promesa de la divina providencia (de ahí su nombre), a ellos que tanto los había maltratado la violencia y el desplazamiento, y que habían encontrado un hogar.
Resultó: Los funcionarios se sintieron obligados o molestos por los gritos en coro (nunca lo sabremos). Y se conformó una “mesa de trabajo”. Va entre entre comillas por que no se pudo trabajar. La institucionalidad de Bello trató con suma prepotencia a la comunidad y a las organizaciones acompañantes (Corporación Jurídica Libertad, Techo, Lazos de Dignidad, Mesa Interbarrial de Desconectadxs). Se limitó a decir que por favor les ayudaran a conseguir un listado de aquellos que querían salir a voluntad. No bastando con la mediocridad en el proceso de notificación e información, pretendían dejar a los líderes y personas afectadas, su responsabilidad en la gestión del desalojo.
Lo mismo sucedió cuando se preguntó por el supuesto subsidio de arrendamiento nombrado en la notificación del desalojo, una respuesta cortante de que era la única opción, abrió de tajo una brecha entre la comunidad y la alcaldía.
Subsidio es una categoría que no estamos seguros si está usada aquí correctamente, porque se entrega un cheque con la totalidad del valor del subsidio y debe presentarse el RUT.  Tres situaciones irregulares en el otorgamiento de subsidios de arrendamiento. 1) El dinero se entrega en cheque y no se amarra a su uso, es decir, fácilmente se puede cambiar el cheque por efectivo y gastarlo en otras necesidades, la administración municipal no se asegura que los subsidiarios si consigan una casa con ese dinero, tal como lo ordena el tribunal administrativo de Antioquia. 2) La entrega del RUT supone una legalización de impuestos, pero las leyes colombianas prohíben que los subsidios sean gravables. 3) Contrario a una comunicación de  la secretaria de vivienda, Lina María Roldán Palacio, donde exigía varios requisitos para el desembolso, el primer día del desalojo se les decía a las personas que podían reclamar el supuesto subsidio solo con la cédula. Al parecer el municipio tiene mucho afán en realizar esta diligencia de desalojo, así sea, presumiblemente, cometiendo faltas administrativas.
De esta “mesa de trabajo” la comunidad salió más confundida que antes, pues la administración de Bello, lejos de solucionar las dudas y preocupaciones, las aumentó. Sin importarle esto, la comunidad accedió a un nuevo encuentro para el martes 10 de enero. 
En el parque de Bello nos encontramos con los líderes de la comunidad y mientras nos tomábamos un tinto, comentábamos la situación del barrio. No mucho había cambiado, la incertidumbre había dado lugar a rumores. El 10 de enero empezaba con pasos en falso, la comunidad se unía solo en un punto: Solución definitiva de vivienda. El “solución, solución” se había convertido en una petición concreta.
Dentro del auditorio de la alcaldía se encontraban varios funcionarios, entre ellos el secretario de gobierno quien presidiría la reunión: “aquí no vinimos a negociar nada, el desalojo se hace porque se hace, ¿trajeron la lista de los que saldrían voluntariamente?” sentenció. Sin embargo, las organizaciones acompañantes le advirtieron de la grave situación de derechos humanos que se presentaba en el barrio y que tal y como se haría la diligencia de desalojo, las personas que se vieran afectadas quedarían en un grado de mayor vulnerabilidad. Agarrando su cabeza con las manos, volteando súbitamente de un lado al otro el cuello, el secretario de gobierno insultó y hostigó a quienes él debía informar y proteger.
Cuando el tiempo va agotándose, las angustias y los miedos cobran su forma más terrible. Y para los habitantes de Nueva Jerusalén el desalojo y la demolición cobraban forma a las cuatro de la mañana del día 12 de enero, cuando personal del Esmad ingresó al barrio, disparando gases lacrimógenos y atacando indiscriminadamente a toda la población. ¿Qué se puede esperar de habitantes dignos, que han construido su barrio, cuando una fuerza bruta intenta convertir en ruinas su única garantía de mejorar sus condiciones de vida? “Si no nos agreden, no agredimos” decía el Esmad cuando ya había golpeado a varias personas, dos de ellas gravemente, uno con un impacto de pistola de Paintball en su ojo izquierdo y otro cuando, contrario a los protocolos de lanzamiento de gases, recibió una de las pipetas en su pómulo izquierdo, quedando fracturado y afectándole la nariz y el ojo. 

Durante toda la mañana se escucharon detonaciones y se sintió el fuerte olor y la tos desesperada de todo aquel que estaba expuesto a los gases. No hubo discriminación de raza, credo, tendencia política, vejez, enfermedad grave, edad, estado de embarazo. Todos se vieron afectados en alguna medida por el uso indiscriminado de los gases. Todo esto sucedió sin que ninguna autoridad de la administración se presentara en el lugar. No era necesario madrugar. Llegaron pasadas las ocho y treinta de la mañana.
Al medio día el Esmad estaba regado por todo el barrio. Asentado en los puntos de reunión de la comunidad, lanzando piropos asquerosos a algunas de las mujeres que pasaban frente a ellos e insultando aleatoriamente a los hombres. El barrio estaba tenso, dispuesto a lo que fuera. Se logró mediante una conversación con las “autoridades” que el Esmad se retirara. Un grito que salía de las montañas hacía retumbar la entrada principal del barrio “¡fuera, fuera!”. Los “tombos” como les decían los pelaos, salieron con un gesto de inconformidad, obedeciendo a regañadientes la orden. No había sido fácil tomar las posiciones estratégicas.
La institucionalidad entró al barrio después del medio día, cuando la comunidad lo permitió. Fueron a diferentes viviendas donde las familias estaban dispuestas a irse del barrio. Esta voluntad estaba influenciada por el miedo a los golpes y a la situación traumática que significa la demolición de la propia casa. A las cuatro de la tarde y ante nuestra sorpresa, la institucionalidad se retiraba. Hemos estado en otras diligencias de desalojo y como estos no pueden realizarse en la noche, los funcionarios están de sol a sol tratando de desalojar. Pero es Bello y en Bello ante una situación que amerita mayor esfuerzo, la presencia institucional ha sido mediada por el horario de oficina.
Al segundo día la comunidad que había mantenido vigilia desde el 11 de enero, se mantuvo en calma y respetó el acuerdo al que había llegado con la alcaldía, que consistía en permitir el ingreso de las instituciones a buscar las familias que saldrían “por las buenas”. A eso de las nueve de la mañana un grupo sin identificación, vistiendo y portando dotación completamente nueva, preparados para realizar la demolición, ingresaron al barrio y comenzaron a demoler. 

¿Quiénes eran? En la notificación se había advertido que la demolición estaría a cargo del batallón de ingenieros N° 4 Pedro Nel Ospina. Pero no quisieron identificarse. Entonces fue cuando vimos al soldado Rojas, alguien dijo que tenía insignias de mando. Estaba solo en la entrada del barrio, nos causó curiosidad ver un soldado solo, nos acercamos, le dijimos: ¡Rojas! Inmediatamente miró con un ademán automático. Preguntamos por los demoledores pero no quiso dar respuesta. Volvimos a preguntar pero ya Rojas estaba harto y lo hizo saber con un gesto cortante.  Resolvimos la duda cuando por los efectos del sol, los soldados demoledores se quitaban el reluciente casco nuevo para coger un poco la fresca, se repetía un patrón en los motilados. ¿Qué les parece? -Son “soldos”-respondió alguien  y gritó fuerte -¡Batallón Pedro Nel Ospina!- Y todos, sin excepción, voltearon a mirarnos. ¿Por qué no querían identificarse? ¿Sabían que en un desalojo no puede haber funcionarios sin identificación? ¿Sabía la comunidad que este batallón tiene el registro más alto en Antioquia de falsos positivos?
La comunidad permaneció tranquila durante todo el día. La alcaldía llamó a un encuentro en la institución educativa Alberto Días sección C del barrio París. Todo aquel que quiso ingresar fue requisado. En el patio del colegio se instaló una carpa donde estaba resguardada la institucionalidad, comenzó a llover, la comunidad se mojaba. Se pretendía solucionar las dudas que habían sobre el procedimiento, estaban alcaldía de Medellín, alcaldía de Bello, coronel Cuesta de la Policía Nacional.

Una vecina dijo -“son 175 viviendas sin tener en cuenta los integrantes de cada una de ellas, usted no encuentra una vivienda digna por 250 mil, nosotros no podemos pagar mas dinero por arriendo, somos gente que trabaja arreglando la casa para gente pudiente como ustedes”. La alcaldía ofreció una limosna a la sangre de los inocentes: 50 mil más, por decreto. Alguien de la comunidad leyó el punto numero tres del fallo de segunda instancia de la acción popular que obligaba hace tres años el desalojo y la reubicación inmediata, pero por ningún lado aparecieron las palabras “arriendo temporal”. Los funcionarios se miraban las caras, estupefactos no sabían qué decir, el silencio otorgaba a la comunidad la razón, lo que debía ofrecerse era “vivienda de interés social”, eso decía en el fallo y esa era la razón por la que los funcionarios miraban confundidos la acción popular que al parecer no habían leído. 

Lo único claro: que la diligencia se haría sí o sí, por la buenas o por las malas y las condiciones eran las que imponía, con el Esmad, la administración municipal de Bello. Esa noche la comunidad se pertrechó, se puso sobre aviso y dejó de lado toda la tranquilidad con la que había pasado el día. Si era sí o sí, no se las dejarían tan fácil, ofrecerían resistencia, al fin y al cabo es un barrio digno.
A las 4:20 de la mañana, con abogados defensores de derechos humanos de la Corporación Jurídica Libertad, llegamos al barrio sorteando las barricadas que se habían armado en la noche. La tensa calma, la comunidad estaba atenta a las entradas, ese día, ante la  amenaza y el maltrato de la municipalidad ninguno de ellos podía entrar. Si no querían acatar el fallo del juez, con el que tanto habían insistido en medios de comunicación privados y en reuniones, era natural que la comunidad no acatara el desalojo. Y así fue, el día pasó entre arengas y chifles cuando se acercaba un funcionario. No pudieron entrar.
En la tarde entregaron un documento a la comunidad en el que reafirmaban lo dicho en la notificación y ofrecían un ultimátum: debía devolverse antes de las once de la noche de ese sábado 14 de enero, de lo contrario se hacía “por las malas”. La comunidad siguió alerta el resto de día y madrugada, esperando, preparada para defender su territorio.
El lunes 16 de enero el Esmad ingresó al barrio por todos sus accesos, poniendo más fuerza en la entrada por la carretera de San Félix. Se tomaron El Plan y manteniendo su posición iban cerrando la brecha con los otros hombres que venían bajando desde la parte alta del barrio. La resistencia no se hizo esperar, con piedras buscaban hacer retroceder a los “asesinos” como les gritaba la comunidad, mientras el enfrentamiento se diseminaba por todas las callejuelas de Nueva  Jerusalén. 

Ante la acción desmedida y el uso indiscriminado de gases lacrimógenos la comunidad decidió, como medida preventiva, concentrar a los niños en el sector conocido como “La Cancha”. Instalaron una bandera con la Cruz Roja Internacional. El Esmad logró rodear este sitio y a pesar de los gritos desesperados de mujeres y jóvenes que protegían a los niños de forma pacífica, los agredieron con una nueva oleada de gases lacrimógenos, la bandera internacional humanitaria fue pisoteada y tirada al suelo por uno de los agentes. Lo mismo sucedió en el sitio de acopio de alimentos en el sector de “Bomvillo Rojo”. Allí se había instalado un puesto de atención humanitaria para los heridos de los enfrentamientos y sin embargo y contra los tratados internacionales, fue atacado y sus integrantes expulsados.
En el sector conocido como Girasoles, varias personas ofrecieron una resistencia aguerrida, no permitieron el avance del Esmad hacia su sector hasta pasadas las tres y treinta de la tarde, los escuadrones tuvieron que recargar los gases y las granadas, y ante la posibilidad de perder su posición, desenvainaron cuchillos y machetas que mostraban amenazantes y asustados a la comunidad.
Al final de la tarde, los antimotines controlaban todo el barrio y ocupaban las mismas posiciones que el primer día, los lugares de encuentro de la comunidad. Parecíamos estar frente una película de guerra, las tácticas y los movimientos, el hostigamiento y el maltrato sicológico constante, como si aquellos vecinos y vecinas del barrio Nueva Jerusalén constituyeran un enemigo externo y debieran ser dominados, infundiendo miedo y terror, como si esta fuera la forma de realizar un desalojo, demoler y dejar a muchas familias sin vivienda, a familias colombianas. Una fuerza civil, como la policía, exhibiendo sus mejores capacidades militares.
Advertimos desde las reuniones con la administración municipal de Bello, previas al desalojo, los días 5 y 10 de enero, sobre la grave situación de derechos humanos que se presentaba en el barrio y que se podía agravar tal y como se ha agravado por las numerosas irregularidades que se han presentado en la diligencia de desalojo. El gobierno de Bello ha optado por la salida violenta agrediendo brutalmente a la población del barrio Nueva Jerusalén, sin medir las consecuencias sobre la vida de los seres humanos que allí habitan. No ha ofrecido ninguna garantía satisfactoria para la comunidad y mucho menos ha cumplido con lo que ordena el juez en el que tanto han insistido.
Alcaldía de Bello: escuche las propuestas de la comunidad y abra un verdadero diálogo, que diste de la imposición y el autoritarismo, que resuelva las dudas de los pobladores de Nueva Jerusalén y los tome en serio, como personas dignas. Detengan los engaños y los atajos para resolver una situación a la que no se le ha prestado atención desde el 2007 que se fundó el barrio. Atiendan la verdadera necesidad del barrio, la razón por la que están ubicados en predios de alto riesgo, la vivienda, y una definitiva, nada de arriendos temporales.

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