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El primer día solo había algunos chamizos precarios en medio del asfalto de la plaza y varias pancartas. Después aparecieron más y más carteles explicando el porqué de esa acampada frente a la casa de gobierno. Las y los docentes tenían muchas cosas que decir y nadie les escuchaba.

Él pasaba por allí a diario recogiendo cartones, botellas de plástico o metales. Era un reciclador.

Al cuarto día de acampada se acercó y le preguntó a una mujer que estaba ayudando a preparar la comida colectiva: Yo paso por aquí a diario y ya que van a estar ustedes un tiempo acampados hasta que el gobierno les escuche… ¿me podrían enseñar a leer?

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