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¡A juntar y coordinar las luchas, las esperanzas y las rebeldías!

En las entrañas de nuestro país se gesta una enorme ola de inconformismo con la situación que vive nuestra gente. Marchas, caravanas, antorchas, pancartas, banderas, arengas y reclamos aparecen por todas partes. Es la indignación de un pueblo en movimiento, cansado de los abusos y los atropellos que le pesan todos los días en la espalda, mientras los que siempre han mandado se enriquecen más y la pasan de maravilla. Como quien dice: el país se derrumba y ellos de rumba.

Desde el occidente llegan los cánticos rebeldes del pueblo chocoano que nuevamente se pone de pie para enfrentar décadas de abandono y corrupción de las clases dominantes que lo tienen postrado. Este pueblo no aguanta más incumplimientos: quiere hospitales, vías, educación, acueducto y vida digna, lo que le prometieron hace menos de seis meses en el primer paro cívico, pero claro, cuando se trata de responderle a la gente, estos gobiernos no cumplen ni años.

En Buenaventura nuestra gente ve cómo la riqueza llega y se va en barcos de bandera extranjera, mientras ellos amasan pobrezas y amarguras. Los bonaverenses se lanzaron a la calle y tienen paralizado este importante puerto, pidiéndole a nuestra elite indolente que se ocupe, que escuche, que atienda, que haga su trabajo por una vez en la vida. No es justo de ninguna manera que Buenaventura aporte $5 billones al año al Gobierno Nacional y en inversión social se reinviertan apenas $3.500 millones al año, sin contar la inversión en educación.

Por su parte, los maestros que nos enseñan a escribir y a leer, nos enseñan hoy a luchar por lo justo y necesario, le exigen al gobierno financiar la educación de los hijos del pueblo en serio y garantías laborales suficientes para una profesión dura, digna y fundamental, que es a la vez piedra angular de las transformaciones que este país necesita. El gobierno les dice que levanten el paro ‘por los niños’ y los maestros responden con toda claridad: ‘por el futuro de los niños es que seguimos en paro’.

Los estudiantes de la Universidad Nacional acaban de vencer a la administración de Ignacio Mantilla, que intentó imponerles una reforma antidemocrática que decía, entre otras cosas, que el bienestar universitario, con el que comen y viven cientos de estudiantes pobres, quedaba sujeto a si había plata. Las directivas se quedaron con las ganas porque luchar vale la pena.

Mientras tanto, el movimiento indígena se moviliza en el Cauca y otras regiones demandando tierras y oportunidades, y cumplimiento de acuerdos alcanzados en otras movilizaciones, y los trabajadores del Estado quieren un sueldo que les alcance para llegar a fin de mes, formalización y estabilidad laboral y mejores condiciones para hacer bien su tarea.

Mejor dicho, Santos y la casta política tienen a este país marchando, pero de indignación porque los días, los años y las décadas pasan y al pueblo nada que le toca. Mientras todo esto pasa en Colombia, los medios de comunicación al servicio de los poderosos, los mismos que nos mantienen dormidos, entretenidos y dominados, los que hacen que amemos a nuestros verdugos y queramos nuestras cadenas, prefieren mirar hacia Venezuela y tachar a los que protestan aquí como vándalos mientras que a los de allá los califican de demócratas y patriotas. Ya no nos engañan.

¿Y qué dice Santos? Primero dice que no hay plata. ¿Cree que no sabemos que se pierden cada año $50 billones en una corrupción patrocinada por él y su gobierno y por su exjefe y mentor político Álvaro Uribe? ¿O pensará que no tenemos claro que cada año se le perdonan a los monopolios extranjeros cerca de $50 billones por exenciones tributarias; que la deuda externa en 2016 ascendió a 119.976 millones de dólares (42,4% del PIB); que del Presupuesto General de la Nación se utilizaron $49,274 billones (22,8% del mismo) para pago del servicio a la deuda (intereses); que el gasto militar para fortalecer el Grupo Social y Empresarial de la Defensa ascendió a más de $30 billones mientras que para educación solo se asignaron $20,5 billones, por lo cual hay un déficit de recursos este año; o que lo que se llevaron los corruptos en Reficar alcanza para pagar la deuda que el gobierno tiene con las universidades públicas hace 24 años?

Como si fuera poco, en vez de quedarse a solucionar los problemas de la gente aquí, Santos se fue de viaje a Estados Unidos para arrodillarse delante del jefe del imperialismo estadounidense, Donald Trump, el mismo que tira bombas en Siria, el xenófobo, racista, misógino y reaccionario que le quiere construir un muro a los mexicanos.

Pero, otra vez la gente común y corriente le da una lección a los encopetados que manejan esto: mientras ellos se arrodillan, el pueblo se levanta.

Estas luchas son una valerosa demostración de la fuerza de nuestro pueblo, son una inmensa escuela de aprendizajes y experiencias, pero son el comienzo: necesitamos proyectarlas y coordinarlas porque los que nos levantamos todos los días a trabajar para ganarnos el pan somos hermanos; hay que ponerles como perspectiva la transformación de todo este sistema, organizando y construyendo procesos que le devuelvan el poder de decisión sobre su futuro a la gente, y de paso, que echen a los usurpadores que nos han maltratado toda la vida.

El Movimiento por la Defensa de los Derechos del Pueblo (Modep) pone al servicio de estas batallas su experiencia, activistas y energías. Asimismo, llama a redoblar esfuerzos, a mantener en alto la moral de combate, a no dejarse de la represión del gobierno y a luchar, luchar y luchar. Solo así conquistaremos la dignidad y la alegría de vivir en un país donde mandemos desde abajo.

Coordinador Nacional

Mayo de 2017