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17 de mayo de 2017

Una Mirada a Joan Scott

Realizado por Rosa Roja [*] en: http://ift.tt/2pXi2UJ

Por: Ricardo Sánchez Ángel

I

El homenaje a Joan Wallach Scott y sus enseñanzas en esta jornada académica, dirigida y organizada por la Escuela de Estudios de Género, constituye un hito intelectual en la historia de la Universidad Nacional de Colombia. Sucede en la celebración de los 150 años de fundación de la institución universitaria de carácter público más importante del país, donde se ejerce la libertad de cátedra e investigación en condiciones difíciles, en tanto tal actividad está condicionada por factores estructurales, tanto de la institución como del ambiente social y cultural en que discurre su existencia.

La Universidad Nacional es una institución masculina y patriarcal. Podría ser sólo patriarcal, pero es también abrumadoramente masculina:

1. En sus propósitos misionales y en sus objetivos, buscan realizar universales genéricos que niegan y ocultan la existencia, no sólo de las mujeres, sino de las razas y pueblos como los negros, indígenas y otros raizales. Pero igual sobre los pertenecientes a otros géneros y grupos culturales, como los LGTBI.

2. Su conformación entre directivos, profesores, investigadores, estudiantes y egresados es abrumadoramente masculina. Y en el caso de las estudiantes vivimos un retroceso significativo.

3. Está naturalizado que algunos directivos, colegas, estudiantes y vigilantes agredan a las mujeres en distintas formas. Y aunque se conocen y denuncian algunos casos, desafortunadamente se mantienen ocultos otros tantos. Se trata de la estructura patriarcal que se reproduce en la institución, en las prácticas de la vida cotidiana y en el funcionamiento de la nomenclatura administrativa.

Hay un telón de fondo en Colombia y América Latina: el feminicidio, que se comete por doquier. El pasado miércoles 12 de abril, el diario El Espectador tituló en primera página: “¡Vergüenza! 225 asesinadas en el 2017”. El mismo día, El Tiempo en su primera página tituló: “En 6 años, 588 asesinatos de mujeres y tan solo 21 condenas”.

4. Los programas académicos en la Universidad son propios de la heredada y continuada universidad patriarcal, reproducen las demandas del mercado para la formación diferenciada y estratificada de profesionales con sus estereotipos. La política académica e investigativa, a veces en cabeza de mujeres, es refractaria a la hora de asumir la incorporación de las relaciones: género y saber, género y poder, género e historia, género y dignidad.

5. En mi experiencia de muchos años como estudiante, profesor y decano he aprendido y asumido la necesidad de resistir al machismo camaleónico, propiciando el reconocimiento y solidaridad a las colegas, trabajadoras y estudiantes mujeres, luchando decididamente contra los atropellos. Participando de políticas culturales en la línea de ayudar a la constitución del sujeto histórico-político de las mujeres en la Universidad.

La más urgente tarea debe ser el fortalecimiento cuantitativo y financiero de nuestra Escuela de Estudios de Género, lo que requiere decisiones de poder, voluntades que propicien la ampliación de la planta profesoral e investigativa.

Estoy recordando una realidad que se quiere perpetuar. Para ello, me inspiro en las enseñanzas de Joan Scott sobre qué significan las relaciones de género y política, definiendo esta última como la clave del asunto. Digo que su reflexión de situar el género en las relaciones del poder-saber, en la constelación social, es profunda y clara. Es provechosa para agenciar las prácticas liberadoras de las mujeres. Por supuesto que esto compete en grado sumo a los hombres.

Joan Scott advierte que el género y la política no son antitéticos, ni el uno respecto al otro, ni para el rescate del sujeto femenino, en una formulación de causalidades circulares:

Sin embargo, la sola declaración de que el género es una cuestión política no es suficiente. La comprensión de la potencialidad radical de la historia de las mujeres llega con los escritos de las historias que se basan en las experiencias de las mujeres y que analizan las distintas formas en que la política construye el género y el género construye la política”[1].

Pues bien, cuando delimito la situación femenina en la Universidad hoy, estoy invitando a reconocer, en el conflicto que atraviesa la institución y que se interrelaciona con otras dimensiones en pleno desarrollo, la lucha por evidenciar la constitución del género y de la política.

En la Universidad, académicos, profesores, investigadores y administrativos, somos trabajadores, mujeres y hombres. Esta precisión viene al caso porque no siempre la presencia femenina requiere un análisis de género. Joan Scott nos advierte: “La cuestión clave es que la presencia física de las mujeres no siempre es una señal firme de que las mujeres formen una categoría política separada, de que hayan sido movilizadas como mujeres”[2].

II

Una de las encrucijadas del debate teórico feminista y de la historia consiste en reconocer a las mujeres como separadas y por ende con su propia historia y política, frente a lo cual nuestra historiadora señala: “Tal enfoque tiende a aislar a las mujeres como si fueran un tema especial y separado de la historia, tanto si dicho enfoque persigue cuestiones distintas, si presenta diferentes categorías de análisis, o si tan sólo examina documentos diferentes”[3].

Al igual que otro enfoque situado en la historia social, la de los de abajo, reconoce a las mujeres como sujetos históricos y componente del colectivo social. Hace Joan Scott un amplio reconocimiento de los aportes de la historia social a la historia de las mujeres, a su conocimiento. Concluye:

Todo esto indica la necesidad no sólo de mirar a las mujeres sino de analizar su situación en relación con los hombres, de introducir en los estudios generales de la historia del trabajo cuestiones sobre la organización familiar y de los mercados del trabajo que sufren segregación sexual”.

Separatismo e integracionismo constituyen una diada teórica que antagoniza los enfoques.

Se debe decir que el libro de Joan Scott Género e historia (1999), publicado por el Fondo de Cultura Económica y la Universidad Autónoma de Ciudad de México en español en el 2008, está dedicado a superar tal problema que devino en estéril, suscitando dogmatismos. Nuestra historiadora se ubica en la tradición de ese manifiesto intelectual y político feminista de Virginia Woolf, Una habitación propia, donde se dice:

Pienso que sería ambicioso y demasiado osado buscar en las estanterías libros que no estén allí para sugerirles a los estudiantes de esos famosos colleges que deberían reescribir la historia, aunque confieso que a menudo esta parece un poco rara, tal como es, irreal, desequilibrada; pero, ¿acaso no podrían ellos añadir un suplemento a la historia? Por supuesto, dándole un nombre poco llamativo, así las mujeres podrían figurar en ella sin impropiedad”[4].

¿Suplemento a la historia o reescribir la historia? Por supuesto que se trata de un programa radical para la historia y las ciencias sociales; no es algo accesorio tal como se profesa. Ni siquiera completarla como si se sumara a la mitad que falta. Hay que reescribir la historia.

Género e historia reúne diez ensayos debidamente organizados. Así, la primera parte –“Hacia una historia feminista”- contiene dos ensayos, “Género y clase” tiene dos, “El género en la historia” tiene tres y la última parte –“Igualdad y diferencia”- agrupa tres.

Estos ensayos contemplan: 1. Asuntos de teoría de la historia en una perspectiva abierta y dinámica. 2. La polémica sobre el libro La formación de la clase obrera en Inglaterra de E. P. Thompson. 3. Cuatro análisis de procesos concretos y situados, donde se exhibe la notable pericia de la autora como historiadora profesional, tres de ellos sobre historia de las trabajadoras francesas en el siglo XIX. Estos últimos hay que destacarlos, en tanto constituyeron uno de los pocos ejercicios investigativos para entonces. Son estudios de historia, con todas las letras. 4. El ensayo sobre las historiadoras profesionales en Estados Unidos, es un modelo para reconocer el género en un campo de lucha intelectual que está en el corazón del micropoder en la disciplina, destacando los corsés de discriminación y las asechanzas del patriarcado. Las prácticas de las historiadoras profesionales, pese a sus meritorios esfuerzos, devienen en algo desconcertante. Dice Joan Scott:

Las diversas estrategias de las mujeres historiadoras han fracasado en la cuestión de la diferencia como fenómeno conceptual y estructural. Cómo reconocer y rechazar los términos de la discriminación, cómo actuar colectivamente en nombre de las mujeres sin confirmar por ello la realidad de una esfera femenina separada; estos dilemas han sido persistentes y nunca se han resuelto por completo”[5].

III

La polémica con E. P. Thompson parte de reconocer la gran importancia de la obra y su significación para la generación de Joan Scott. Destaca sus logros, la pertinencia de fuentes y documentos, y el uso del marxismo en forma ortodoxa, a pesar de que Thompson declaró hasta su muerte que no era marxista.

Lo que importa finalmente es que Joan Scott en forma elegante, racional, acerada y cortante, critica cómo se ubican las mujeres en este libro emblemático para los historiadores sociales. Así, interpela: “Cuando se lee ahora La formación de la clase obrera en Inglaterra no impresiona tanto la ausencia de mujeres en la narrativa, sino la forma tan torpe en que están representadas”[6].

Y agrega:

Como tal, el texto de Thompson debe leerse, aunque no hubiera sido escrito dentro del nuevo contexto creado por la política feminista, como una condición previa al discurso socialista-feminista […] Por supuesto, hay mujeres en La formación de la clase obrera en Inglaterra”. A las mujeres se les identifica por el nombre, se les adjudican ciertas acciones, y no todas las mujeres son de un mismo tipo. […] A pesar de su presencia, las mujeres son marginales en el libro; sirven para subrayar y señalar la abrumadora asociación de la clase con la política de los masculinos”[7].

Hay un fenómeno impactante que no he dejado de comentar y es este: después de la aparición del libro Género e historia, cuyos ensayos habían circulado con anterioridad, el reputado historiador catalán Josep Fontana, una de las lumbreras de la historiografía, director de la prestigiosa colección de historia de Editorial Crítica, publicó la que se considera su obra teórica fundamental sobre la historia, con el increíble título La historia de los hombres (Barcelona: Editorial Crítica, 2001).

A decir verdad, Josep Fontana es auténtico porque su libro ignora, excluye, olvida, la historia de las mujeres y las mujeres en la historia. Una obra de historiografía y teoría tan ambiciosa, no relata, ni analiza, ni documenta, ni interpreta, ni concibe un lugar en la historiografía y en la teoría de la historia a las mujeres feministas. Solo reseña algunas brevemente. No se trata únicamente de la obra de Joan Scott. Se ignora la historia de las mujeres profesionales y feminista, además de la historia social.

Hagamos justicia a la sabiduría de Josep Fontana. Él sí dedica al problema un párrafo, tan solo 20 líneas, cuando escribe el capítulo “Por una historia de todos”:

Será también en el siglo XX cuando las mujeres reclamen con insistencia su lugar en una historia general, como antes habían reclamado su plena participación en la sociedad. Al establecer que las imágenes de la masculinidad y de la feminidad estaban socialmente construidas, la historia feminista ha mostrado que lo están también las relaciones entre los géneros y la sociedad. Pero el desarrollo de esta línea de estudios, si bien ha alcanzado un volumen considerable, no se ha producido sin problemas, porque la confrontación de género ha llevado a intentar escribir una historia específica de las mujeres que conduce a menudo a olvidar que las diferencias sociales pasan también por el interior del género y hacen que mucha historiografía de las mujeres mezcle y confunda “mujeres” y “señoras”, o tienda a subvalorar, en otro terreno, la trascendencia de las divisiones raciales. Lo que cabe esperar es que, una vez recuperadas las mujeres de la oscuridad y el silencio, su historia se integre plenamente en una historia común, aportándole nuevas perspectivas, y se cumpla lo que Sheila Rowbotham prevé al decir que “la “historia de las mujeres” está en proceso de trascender sus propias fronteras y llegar a discutir la forma en que se presentan las cuestiones de la historia. Así es como ha de ser, ya que si la historia es un compromiso con el tiempo, las demarcaciones que le imponemos son también artificiales”[8].

Lo que demuestra que Fontana no ignora el giro histórico que conoce, con mirada paternalista, pero no reconoce.

En el capítulo 12, “Las guerras de la historia”, Fontana cita el libro de Harvey Kaye, Por qué temen la historia las clases dominantes, quien sostiene que la temen porque es, en última instancia, el relato de la lucha de los hombres y las mujeres por la libertad y la justicia. Critica esta aseveración, desplazando el centro de la argumentación afirmando que temen es a los historiadores que no pueden utilizar. Como se ve, Harvey Kaye nombra a los hombres y las mujeres, en tanto Fontana se refiere en exclusivo a los historiadores.

IV

Recuerdo lo que Joan Scott escribió a propósito de la 4ª Conferencia Mundial sobre la Mujer (1995) celebrado en Beijing (China), en su prefacio a la edición actualizada en inglés de Género e historia, cuando en la Cámara de Representantes de Estados Unidos el término “género” levantó polémica y se extendió a distintos ámbitos. Afirma ella que se logró una solución absolutamente inadecuada, buscando conciliar entre los conceptos naturalistas y socioculturales en torno al género. Agrega la historiadora que la noción asumida como el “uso generalmente aceptado” no se explica, se vuelve vacío. Un significante sin significados[9].

Pues bien, en Colombia el 2 de octubre del año 2016, un plebiscito convocado para definir si se refrendaba el acuerdo de paz entre la insurgencia guerrillera de las FARC y el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos, dio como resultado un triunfo por la opción NO, lo cual creó una situación de incertidumbre que se ha venido superando en condiciones difíciles, dado que continúa la oposición política a rajatabla de los acuerdos.

 

Son varios los factores que propiciaron los resultados adversos[10]. Sin lugar a dudas, uno de los principales argumentos fue que dichos acuerdos incluían la “perspectiva de género”, y que ello significaba un ataque a la familia, a los principios religiosos, un desafío a la moral. Los acuerdos fueron satanizados desde los púlpitos de todas las iglesias y se convocaron nutridas procesiones con clérigos y laicos.

Los resultados del plebiscito obligaron al gobierno y a los guerrilleros a modular la perspectiva de género en los acuerdos, a satisfacción de las iglesias. Las derechas recalcitrantes volvieron una plataforma programática su inventiva.

Hay un saldo positivo en este revés y es que volvió la discusión un asunto público, de debate y de acción comunicativa. A pesar del intento de convertir la “perspectiva de género” en algo inane, el acuerdo mantiene su potencia. El darle vida depende de que este escenario del lenguaje social cuente con la argumentación y movilización de las víctimas, de todas las mujeres y de los hombres consecuentes.

Pero, el tiempo obliga a que se lo respete.

 


Texto elaborado para su lectura en el homenaje a la profesora Joan Scott, en el marco del coloquio inaugural postgrados Escuela de Estudios de Género: “El género en la política y la política en el género”. Lunes 17 de abril de 2017, auditorio Virginia Gutiérrez, edificio de postgrados de Ciencias Humanas.

 Esta mirada solo tiene en cuenta el libro Género e historia (México: Fondo de Cultura Económica/Universidad Autónoma de Ciudad de México, 2008).

[1] Scott, Joan Wallach. “La historia de las mujeres”. En: Op. Cit. p. 47.

[2] Scott, Joan Wallach. “Algunas reflexiones adicionales sobre género y política”. En: Op. Cit. p. 261.

[3] Scott, Joan Wallach. “La historia de las mujeres”. En: Op. Cit. p. 40.

[4] Woolf, Virginia. Una habitación propia. Citado por: Scott, Joan Wallach. “La historia de las mujeres”. En: Op. Cit. p. 33.

[5] Scott, Joan Wallach. “Historiadoras profesionales en los Estados Unidos (1884-1984)”.  En: Género e historia. México: Fondo de Cultura Económica/Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 2008. p. 242.

[6] Scott, Joan Wallach. “Las mujeres en la Formación de la clase obrera”. En: Op. Cit. p. 98.

[7] Ibidem. pp. 99-100.

[8] Fontana, Josep. La historia de los hombres. Barcelona: Editorial Crítica, 2001. pp. 332-333.

[9] Prefacio a la edición revisada en inglés de Género e historia.

[10] Ver: Sánchez Ángel, Ricardo. “La derrota del SÍ. ¿A dónde va Colombia?”. En: Revista Izquierda. No. 68. Octubre de 2016. pp. 23-29.


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