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27 de julio de 2017

Homosexualidad y Amor Libre: Por una Liberación Sexual

Realizado por Rosa Roja [*] en: http://ift.tt/2uHEq8g

Por: Andrés Martinez Casas

Introducción

Este texto recoge unas ideas o tesis preliminares acerca de la cuestión de la homosexualidad como fenómeno social, sexual y político, que se nutre de algunos textos aquí referenciados. Parte de que más allá de las determinaciones genéticas que pudiesen explicar la condición homosexual, existen unos determinantes sociales e históricos que fueron ubicando las prácticas homosexuales en el terreno de lo marginal, lo prohibido, lo antinatural. Sostiene básicamente, siguiendo a Nicolas (2002) que una verdadera liberación sexual y afectiva implica liquidar la dicotomía heterosexual/homosexual y avanzar en dirección de reconocer la existencia de una sola sexualidad, que puede incluir prácticas homosexuales o heterosexuales.

Por supuesto, no es un intento de persuasión para que los heterosexuales se “homosexualicen”, sino una invitación a reconocerse como seres sexuales y afectivos sin etiquetas. Además, se plantea que la perspectiva ético-política y comportamental del Amor Libre, enarbolada por el anarquismo, puede ofrecer un espacio para esta liberación sexual, en tanto promueve una nueva educación sentimental que hace énfasis en el amor a distintas personas así sea con diferente intensidad, lo cual puede trasladarse al plano erótico-sexual: es posible explorar el deseo por personas del mismo sexo, así sea con diferencias de intensidad.

I

La opresión a los homosexuales hace parte del gran conjunto de la opresión sexual a las mujeres, en el marco de sociedades patriarcales y machistas. No obstante, mientras que la opresión a las mujeres se relaciona directamente con las relaciones de explotación bajo el capitalismo –lo cual explica las diferencias salariales y laborales- en el caso de la opresión homosexual actual las razones son más de orden ideológico-cultural, especialmente en países donde el pensamiento moderno capitalista no se ha consumado plenamente, sino que se combina con formas arcaicas, religiosas, místicas que reproducen el sesgo antihomosexual de una buena parte de la población (Nicolas, 2002).

II

Al interior del pensamiento revolucionario no existen muchos referentes teóricos que caractericen la cuestión homosexual ni mucho menos que superen el enfoque liberal de lucha contra la opresión y por la igualdad de derechos, en el marco de lo que ofrece el desarrollo teórico de la denominada “identidad homosexual”. Incluso, es más común encontrar esta defensa liberal de la homosexualidad en los socialistas o comunistas, mientras que en algunos anarquistas, al ubicarse en la perspectiva teórica del amor libre (Baigorria, 2006), se encuentran cuestionamientos más profundos acerca de la forma como se debe asumir la sexualidad y en especial el significado amplio de la liberación sexual, que implica la eliminación de la etiqueta dicotómica heterosexual/homosexual. Creo que esto se encuentra relacionado con el hecho de que, mientras en los socialistas y comunistas el punto de partida para analizar la opresión se reduce a una versión economicista, en los anarquistas, por su formación teórica que parte de una ética política más humanista-comportamental y no tan economicista, pueden tener una visión más amplia y podrían estar más comprometidos con un verdadero cambio en su vida cotidiana respecto a la homosexualidad, o mejor a la práctica o el deseo homosexual, como parte de la sexualidad de todos los seres humanos.

Sumado a ello, en el pensamiento marxista revolucionario más ortodoxo, se acude a la fórmula genérica de la emancipación de los obreros como el fin de toda forma de opresión, sin comprender que la opresión ligada al machismo –de la cual la homofobia es una expresión particular- no tiene solo componentes económicos, sino que ha adquirido a lo largo de los siglos una dinámica propia de reproducción real y simbólica. Como en el caso de la feminista, la lucha antihomofóbica y por los derechos de la población LGBTI queda subordinada en la lucha “más amplia” contra el capital y la explotación (Hartmann, 2017).

III

La perspectiva del amor libre, al proponer en el fondo una reinvención del amor, abre la puerta para reinventar también la sexualidad, lo cual podría permitir incorporar la homosexualidad y las relaciones afectivas entre personas del mismo sexo no como una “alternativa” a la heterosexualidad, sino como parte constituyente de la sexualidad de todos los seres humanos: “No obstante, el amor plural, la camaradería amorosa o el “maridaje comunal” son relatos y prácticas que los anarquistas que más pensaron sobre el tema ya manejaban hace casi ciento cincuenta años como formas de relación en las cuales la expresión “amor libre” significa literalmente aquello que hoy sugiere a nuestros oídos” (Baigorria, 2006, pág. 10).

IV

A lo que hemos asistido en los últimos años, es a la lucha por la integración de la homosexualidad a la sociedad burguesa; es decir, el enfoque de la lucha reivindicativa que se concentra en la ampliación de derechos a los homosexuales para dejarlos en pie de igualdad con los heterosexuales, con lo cual se sigue alimentando la idea de que existe una “identidad homosexual”, como si la homosexualidad fuera un elemento distintivo, como si los seres humanos en su plano sexual se distinguieran de acuerdo a con quién satisfacen su deseo sexual y/o afectivo.

V

Sin embargo, se reconoce que en un principio, la lucha por reformas, por el reconocimiento de derechos y la creación de una especie de “cultura gay” jugó un papel progresivo en la sociedad, en la medida en que visibilizaron la homosexualidad como parte de la vida sexual en general. No obstante, a medida que pasa el tiempo, este elemento progresivo se vuelve conservador, en la medida en que deriva en un guetto homosexual, en el que los espacios, la música, las particularidades simbólicas y culturales así como la misma práctica homosexual quedan reservadas para los que se agrupan alrededor de esta etiqueta, desconociendo que esa división entre práctica homosexual y práctica heterosexual tuvo un origen estrechamente relacionado con la opresión sexual en general. Luego de este proceso histórico, se normalizó el comportamiento heterosexual como la regla, mientras que a la práctica homosexual se la proscribió. Por ello, la verdadera libertad sexual y el amor libre implica romper esta dicotomía.

VI

La normalización sexual bajo la sociedad capitalista ha mantenido la norma de comportamiento heterosexual, en el contexto del papel que juega la familia monogámica y patriarcal como espacio de reproducción económica y cultural del capitalismo. “Esta norma gobierna tanto las prácticas sexuales propiamente dichas (la manera de hacer el amor), como los comportamientos afectivos (la manera de vivir la propia vida como hombre o como mujer), como también los puntos de referencia culturales (la manera de concebirse a sí mismo, de representarse como hombre o como mujer)” (Nicolas, 2002, pág. 22). La ideología sobre lo “correcto” en materia de sexualidad es un discurso autorreferenciado de los hombres sobre la sexualidad de los hombres. Por esa vía se resulta codificando la vida sexual y afectiva de los individuos.

VII

La identidad homosexual tiene una génesis histórica, ligada al proceso de exclusión social de diversa índole que se desarrolla con el avance del capitalismo y de la propiedad privada. Es la ideología judeo-cristiana la que aporta los primeros elementos del discurso de exclusión de la homosexualidad de la vida sexual general de los individuos (Foucault, 2007), a diferencia de lo que ocurre en sociedades anteriores a la edad media –tribus primitivas y sociedad griega en las que las prácticas sexuales, eróticas y afectivas entre hombres hacían parte del universo cotidiano de relaciones- . El discurso antigay se conforma de la negación del componente homosexual del deseo –es decir la exclusión de la posibilidad  cotidiana de que dos hombres o dos mujeres sientan deseo mutuo como ocurría en sociedades antiguas- y la discriminación propiamente dicha. Es decir, el componente homosexual del deseo potencialmente está (o estaba) en todos, pero culturalmente fue “extirpado”; luego de esa extirpación cultural, erótica y afectiva, se empieza a castigar socialmente ese deseo como mecanismo de contención del deseo extirpado (Nicolas, 2002).

El discurso antigay no solo va dirigido contra los que se reconocen como homosexuales, sino también contra aquellos que no se reconocen como tal, como mecanismo para intimidarlos y con ello evitar que puedan tener una “desviación” o un “desliz” respecto a su comportamiento heterosexual “normal”. No es gratuito que una de las formas de “bromear” entre hombres heterosexuales, sea precisamente sembrando dudas sobre la sexualidad de alguno de ellos en un espacio abierto.

VIII

En la sociedad moderna, “como consecuencia del tabú antihomosexual, existe una profunda crisis de identificación para todos cuantos se sienten marcadamente atraídos por los individuos de su mismo sexo” (Nicolas, 2002, pág. 36). De este modo, cuando nos empezamos a sentir “diferentes” no entendemos lo que ocurre, pues en nuestra educación nunca existió un referente cultural con el cual nos podamos identificar sin sentir culpa por ese deseo transgresor de la norma heterosexual. Una vez la sociedad nos etiqueta con el rótulo de homosexual, gay o marica, se nos muestran a nuestros ojos las opciones vitales: o reprimimos ese deseo para acomodarnos a lo que la sociedad nos exige como comportamiento normal (la heterosexualidad) o nos tiramos a los brazos de la etiqueta homosexual para lograr algún grado de identificación. Así se va construyendo individualmente la identidad homosexual, con las consecuencias que ello acarrea en términos de crear las condiciones para que lo homosexual se vuelva una especie de guetto sexual, social, simbólico y cultural.

IX

El guetto aparece como salida concreta a la discriminación, segregación y exclusión del cuerpo social. Como se dijo anteriormente, tuvo al principio un carácter progresivo y transgresor, pero luego derivó en un simple guetto que refuerza la idea de la identidad homosexual en oposición a la identidad heterosexual, sin permitir dar el paso hacia la eliminación de la falsa dicotomía heterosexualidad/homosexualidad.

X

Si la homosexualidad es un deseo extirpado, la liberación sexual y afectiva pasa por acabar la dicotomía heterosexual/homosexual, pues existe una sola y única sexualidad, que potencialmente puede incluir prácticas sexuales y afectivas homosexuales y heterosexuales. Lo que existe es deseo sexual en general. En los últimos años, con el proceso de avance  de la homosexualidad como realidad social, sexual y afectiva, diversos trabajos han logrado mostrar cómo un porcentaje cada vez mayor de hombres que se reconocen como heterosexuales han tenido experiencias sexuales con otros hombres sin que ello represente para ellos un debilitamiento de su masculinidad o su condición de hombres o incluso un autocuestionamiento de su condición predominantemente heterosexual. Este fenómeno se da con mayor fuerza en las sociedades culturalmente más avanzadas y abiertas. También en individuos que pertenecen a grupos revolucionarios o anticapitalistas, en la medida en que luchan en su propia cotidianidad contra la norma sexual establecida en la sociedad actual. En el caso de estos últimos, este tipo de prácticas van más allá de una simple satisfacción del deseo, sino que resulta ser un acto político. Al entenderlo como acto político, se abre paso la posibilidad de construir nuevas formas de masculinidad que luchen contra la matriz machista que oprime a las mujeres y a los homosexuales.

XI

Una perspectiva verdaderamente revolucionaria debe propugnar por la crítica a la identidad homosexual, por la crítica a la dicotomía heterosexual/homosexual, de modo que se inscriba en la lucha más general contra la opresión sexual y contra el machismo (Nicolas, 2002). Precisamente, en el mundo homosexual lo que ha sucedido en los últimos años ha sido una “imitación” del comportamiento sexual, afectivo y de la forma de relacionarse típicos de las relaciones heterosexuales, definiendo al interior de una pareja de hombres o de mujeres quién juega el rol del “hombre” de la relación, estrechamente ligado a la opresión propia que se autoinfligen muchos homosexuales en cuanto a la exploración del rol sexual activo/pasivo como la manifestación de quién es el “hombre” y “la mujer” de la relación sexual o afectiva. De alguna manera, este tipo de prácticas reproducen las condiciones culturales de la sociedad patriarcal y machista, desconociendo que la masculinidad no se pone en entredicho por el rol sexual que se ejerza. Pensar esto hace parte de la “normalización” de lo heterosexual, viril y masculino que ha impuesto la sociedad capitalista en los últimos años.

XII

Una perspectiva revolucionaria tanto colectiva como individual, tanto teórica como de la práctica cotidiana de los individuos, debe plantearse “disolver las categorías que separan la sexualidad (heterosexual/homosexual), para de esta forma, hacer posible el acceso a la práctica homosexual de los que puedan considerarse heterosexuales y viceversa, posibilitar el acceso a la práctica heterosexual por parte de los homosexuales” (Nicolas, 2002, pág. 13). Ese “hacer posible el acceso a la práctica homosexual” (Subrayado nuestro) es el centro de una verdadera liberación sexual y de una verdadera práctica de amor y sexualidad libre. Dado que la homosexualidad es lo reprimido del cuerpo sexual, la liberación pasa por el reconocimiento de la posibilidad de tener una práctica homosexual o afectiva sin la carga de culpa o pérdida de virilidad o masculinidad.

De allí que esta liberación implique ser capaz de amar y erotizar con otras personas, independientemente de si son del mismo sexo o no. La perspectiva del amor libre tiene un mayor potencial para incorporar este tipo de liberación, pues: “En realidad, la noción de amor libre apunta más alto: no a la mera posibilidad de tener múltiples relaciones sexuales sino a la de amar a varias personas al mismo tiempo. Reintroduce la noción de camaradería, de compañerismo afectivo. Afirma que se puede querer bien a (querer el bien de) dos o más seres simultá- neamente. Insiste en que uno siempre está amando a varios al mismo tiempo, aunque con diferentes intensidades y propósitos. Apuesta, por lo tanto, a una nueva educación sentimental” (Baigorria, 2006, pág. 12). Al extender esta reflexión al plano sexual, la perspectiva del amor libre puede incluir la noción de que se puede desear sexualmente a más de dos seres incluso así sean del mismo sexo, aunque con diferentes intensidades.

XIII

Una de las razones por las cuales en las corrientes políticas -así como en sus militantes- que se han nutrido históricamente del marxismo, no se han presentado avances significativos en el abordaje de la homosexualidad como algo más allá del enfoque liberal de empatía con los homosexuales y solidaridad con la defensa de sus derechos, para dar paso a una verdadera liberación sexual y afectiva tanto en el plano teórico como en la práctica cotidiana de sus militantes, es la influencia histórica de algunos de sus fundadores y del  estalinismo y su orientación antihomosexual.

En efecto, para el ciclo histórico que comprende el siglo XIX fueron de lejos superiores los aportes de pensadores anarquistas sobre el problema de la opresión de la mujer, el amor libre y el no rechazo a la homosexualidad, que los comentarios homofóbicos de Federico Engels, quien reprodujo básicamente los prejuicios cristianos de la época. Ya en pleno siglo XX y luego de que los revolucionarios bolcheviques eliminaran las leyes antihomosexuales rusas, en los años treinta el régimen de Stalin revivió la proscripción de la homosexualidad, señalándola de “desviación contra natura”, “manifestación de decadencia de la sociedad burguesa”, entre otros epítetos.

Estas ideas se transmitieron fácilmente a través de los partidos comunistas que hacían parte de la órbita de la tercera internacional controlada por Stalin y evitaron durante años que la reivindicación de los derechos de los homosexuales hiciera parte de la lucha del movimiento obrero contra la opresión. Ello explica también –además del hecho central de vivir en una sociedad patriarcal y machista de la cual ni los revolucionarios se pueden desprender totalmente- por qué tomó fuerza a mediados de los sesenta la lucha liberal por los derechos de los homosexuales, tan fuerte en los Estados Unidos y en los países capitalistas desarrollados de Europa, sin cuestionar la lucha por eliminar la identidad homosexual como guetto. El proceso de incorporación de lo homosexual a la vida cotidiana bajo el capitalismo tiene sus raíces en esta situación y esto explica en parte por qué el guetto homosexual bajo el capitalismo ha sido tan susceptible a la banalización y al desarrollo de prácticas consumistas por parte de la población que se reconoce de la comunidad gay. Entre tanto, en el pensamiento e incluso la práctica de muchos anarquistas, no se vivió lo ocurrido con las organizaciones de tipo comunista y esto les permitió adquirir una mayor sensibilidad y mayor comprensión sobre la cuestión homosexual, aunque sí existieron debates y divisiones respecto a la cuestión homosexual en el marco de la revolución española.

XIV

Lo anterior hace parte del “deber ser”, es decir, de lo que se esperaría de una teoría y una práctica verdaderamente revolucionaria en el plano sexual y afectivo. Pero, ¿Hasta qué punto los individuos que se identifican con alguna perspectiva revolucionaria estarían dispuestos a revolucionar su propia vida y su forma de pensar reconociendo la existencia de la posibilidad de explorar el deseo homosexual, yendo más allá del apoyo liberal que le dan la causa gay? Por supuesto, con ello no se está sugiriendo que la única forma de ser consecuentes sea que estos individuos se dediquen a tener relaciones homosexuales, sino que estén dispuestos a asumir que tanto la identidad heterosexual como la homosexual han sido creadas como mecanismo de opresión sexual y que la liberación sexual, pero también afectiva, pasa por la eliminación de estas etiquetas, tanto en el análisis teórico como en la práctica cotidiana, lo cual implica potencialmente la disposición de vivir prácticas sexuales y afectivas entre personas del mismo sexo, sin que ello les implique desarrollar un sentimiento de culpa por haber probado un fruto prohibido o sin que ello signifique sentirse degradados en su condición de hombres.

La perspectiva ético-política del amor libre, que busca subvertir la forma en que se construyen las relaciones afectivas, sin los apegos típicos de las relaciones burguesas (ver al otro/otra como propiedad, disfrazar el intento de monogamia con el matrimonio, establecer relaciones de mando/obediencia al interior de la relación, etc) podría ser más funcional a incorporar esa eliminación de la dicotomoía heterosexual/homosexual, tanto en el plano teórico, como en la vida misma de quienes guían su cotidianidad a partir de este precepto revolucionario y humanista. Los análisis teóricos, las declaraciones políticas y el desenvolvimiento de una línea política que pudiese llamarse “correcta” en esta cuestión no son suficientes si quienes defienden un punto de vista que busca revolucionar la sociedad no sienten que en su vida cotidiana algo debe cambiar.

Referencias

Baigorria, O. (2006). El Amor Libre. Eros y Anarquía. Buenos Aires: Terramar ediciones.

Foucault, M. (2007). Historia de la Sexualidad. La voluntad de Saber. México: Siglo XXI editores.

Hartmann, H. (27 de Julio de 2017). Un Matrimonio Mal Avenido: Hacia una unión más progresiva entre marxismo y feminismo. Obtenido de Fundación Rafael Campelans: http://ift.tt/2v2taq1

Nicolas, J. (2002). La Cuestión Homosexual. Barcelona: Fontamara.

 


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