Análisis de Coyuntura Social, Económica y Política - Foro Social Urbano Alternativo y Popular

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9 de agosto de 2017

Análisis de Coyuntura Social, Económica y Política

Realizado por Rosa Roja [*] en: http://ift.tt/2wJnq1t

Texto elaborado por José Arnulfo Bayona, como resultado de la reunión nacional de la Red Socialista de Colombia.

Extrema derecha global fortalecida pero con fisuras internas

Es indudable que el  sistema capitalista mundial no ha logrado superar la grave crisis que se inició desde 2007. Se trata de una crisis en todos los órdenes. En la economía y las finanzas se observa una recuperación lenta y débil en los Estados Unidos y demás países imperialistas, con bajas tasas de crecimiento en los últimos diez años y con tasas de ganancias que se mantienen  a la baja. Las políticas de recuperación aplicadas por los capitalistas hacen recaer sobre la clase trabajadora los altos costos de la crisis, mediante el despido masivo, desempleo masivo, empleos basura con salarios precarios y despojo de conquistas y derechos laborales y de seguridad social en salud. Pero este es tan solo un importante rasgo de la crisis de la economía capitalista a escala mundial y de su modelo neoliberal: porque la crisis del capitalismo-mundo es más compleja; se trata de una crisis civilizatoria que amenaza la supervivencia de la humanidad a escala planetaria y del planeta mismo. La crisis del capitalismo se ve agravada con la crisis del modelo neoliberal y sus políticas anti humanas.

Se trata además, de  una crisis social y ambiental que el orden capitalista mundial no está en capacidad de solucionar, porque en su interés primordial  estará centrado en asegurar su propia reproducción y el incremento de las ganancias a cualquier precio. Es una crisis humanitaria en cuanto el sistema capitalista dominante somete a las clases trabajadoras y a la mayoría de la población a situaciones de sobre explotación de su fuerza de trabajo, con salarios de miseria y en condiciones de extrema precariedad, altas tasas de desempleo, con sus secuelas de pobreza y de miseria. Situación que deviene también en crisis alimentaria, puesto que a pesar de que  se producen alimentos en abundancia, miles de millones de hombres, mujeres, niños y niñas, carentes de ingresos, o con ingresos precarios, no logran acceder tan siquiera a la canasta básica, razón por la cual, viven  en la pobreza o en estado de miseria, y sufren hambrunas que acarrean  su muerte, especialmente en los países sometidos a la expoliación de sus riquezas naturales por los poderosos  amos del mundo y sus corporaciones.

La crisis ambiental, consecuencia de la explotación sin límites de los recursos naturales, de la destrucción de la naturaleza, de la aplicación de políticas minero-energéticas basadas en la explotación de combustibles fósiles y la extracción depredadora de recursos naturales, tales como los hidrocarburos, el oro, el carbón, etc. El agotamiento de las fuentes de agua, la tala  indiscriminada de bosques, la producción agrícola destinada a la obtención de combustibles, que destruye sin contemplación importantes fuentes de vida, incrementa progresivamente el calentamiento global y  coloca al conjunto del ecosistema planetario cada vez más cerca del catastrófico cambio climático.

Agréguese la disputa geopolítica y de apropiación de los recursos energéticos, principalmente del petróleo, la intensificación de la carrera armamentista y termonuclear que acerca a la humanidad a la amenaza de una tercera guerra mundial que de ser desatada acabaría no solo con la humanidad, sino con todo vestigio de vida en el planeta. Las guerras   o invasiones contra Irak, Libia y Siria, entre otras, tienen esta dimensión, además de  tener  el propósito de apoderarse de sus riquezas petroleras.

Igualmente, el mundo asiste a un recrudecimiento del racismo, la segregación, el machismo, la discriminación social y de la mujer, el individualismo, el éxodo de millones de pobladores, que huyen de la guerra en sus  propios países y su hermana gemela la xenofobia, son dramáticas expresión de la crisis  social y de la cultura que azota la  humanidad entera.

Rebeldías políticas y resistencias obreras y populares

La clase trabajadora y los pueblos del mundo, sometidos por los países imperialistas y gobiernos lacayos, han desarrollado luchas de resistencia social y política, con expresiones y alcances desiguales y limitados,  contra la ofensiva del capitalismo por hacerles pagar los costos de su crisis y frente a las contrarreformas que profundizan el modelo neoliberal, tanto en Europa, como en Norteamérica, en Asia y América Latina. Así lo evidencian las grandes movilizaciones del medio oriente que literalmente derrocaron regímenes  dictatoriales y monárquicos; pero que, por carencia de direcciones políticas y proyectos  alternativos, derivaron en la desmovilización y el desencanto. Se destaca la siempre heroica resistencia del pueblo palestino que  sufre de manera sistemática invasiones a su territorio, destrucción de viviendas, escuelas y comercio, y el exterminio criminal de su pueblo por  parte del poderoso  gobierno Sionista de Israel, que cuenta con el apoyo de los Estados Unidos. El pueblo palestino y su resistencia heroica reciben  una solidaridad precaria de sus hermanos  los pueblos Árabes y del mundo, lo cual la hace más vulnerable a las  arremetidas sistemáticas del sionismo.

De la misma manera, el pueblo de Grecia se rebeló y desarrolló luchas  insurreccionales con las multitudes obreras y populares en las calles, contra el gobierno neoliberal y su mayoría parlamentaria, y derrotó sucesivos intentos de aplicación de drásticas recetas neoliberales impuestas por la unión Europea y la banca Europea. Intentos que también fueron derrotados en elecciones que dieron las mayorías a Siryza en el parlamento y eligieron a Tsipras a la presidencia, con la esperanza de un cambio radical en la sociedad y el Estado Griego. El “gobierno del cambio” capituló en las negociaciones frente a las presiones de la Banca Europea y los gobiernos hegemónicos de Europa y terminó por someterse a la aplicación de las recetas neoliberales que la movilización obrera y popular había derrotado en las calles. Lo que siguió fue  el desencanto y la frustración entre el pueblo griego.

 España la crisis capitalista y la corrupción practicada durante décadas  por el bipartidismo – PP + PSOE – llevada al extremo en el gobierno de Mariano Rajoy,  desató tal grado de inconformidad y luchas en las calles que, luego de las grande movilizaciones de los INDIGNADOS en resistencia, lograron  reconfigurar el mapa político en las  elecciones generales, debilitaron la hegemonía bipartidista y colocaron al partido PODEMOS, resultado  de dichas luchas, como tercera fuerza y decisiva en el parlamento Español. Pero, a la hora de las  definiciones, el bipartidismo responsable de la crisis, llevó a que el PSOE facilitara  la continuidad del corrupto gobierno de Mariano Rajoy y sus políticas neoliberales.

Las resistencias también se hicieron sentir  en Portugal contra  los drásticos recortes  a la conquistas de la clase trabajadora y, más recientemente en Francia, el movimiento obrero francés que por semanas enteras enfrentó al gobierno socialdemócrata de Hollande con una formidable movilización, que incluyó la huelga general y enfrentamientos directos con la fuerza pública, pero no pudo derrotar la reforma laboral impuesta por el gobierno y la patronal que acabó con los vestigios que quedaban del otrora estado de bienestar.

Ni que decir de las rebeldías del pueblo Norteamericano, en donde los indignados, agrupados en expresiones como “somos el 99%” y los  “Ocupa”, se tomaron calles y plazas públicas para denunciar las políticas neoliberales del bipartidismo gobernante, contra la pobreza, el desempleo, la corrupción, la xenofobia, el sexismo y el racismo. Sobresalen las rebeliones de la población Afro-Americana que se  desarrollaron en las grandes ciudades de los Estados Unidos de Norteamérica, centenares de miles salieron a las calles a denunciar y a exigir justicia contra los asesinatos de ciudadanos y ciudadanas negros que a diario comete la fuerza pública en dichas ciudades, pero también a protestar contra la discriminación, el desempleo y la miseria que azota principalmente a la población negra de Estados Unidos.

Un fenómeno político nuevo salió a flote en la pasada coyuntura electoral del país del norte; ´la ciudadanía, como expresión del cansancio con el bipartidismo gobernante y su corrupción, especialmente de la juventud,  mostró su simpatía por las posiciones y propuestas políticas del Senador demócrata independiente, Bernie Sanders, quién se postuló como precandidato presidencial con la propuesta de  acercamiento al “socialismo Europeo” (léase partidos socialdemócratas) y la terminación del bloqueo a Cuba, además de reformas democráticas y de favorecimiento a la clase trabajadora, puso entre las cuerdas la candidatura de Hilary Clinton, obligándola a negociar y adoptar parte de su propuesta programática.

Las rebeldías de los pueblos latinoamericanos se expresaron en  importantes  luchas y movilizaciones sociales de protesta y de confrontación al modelo neoliberal y a la ofensiva del capital, que permitieron el surgimiento y desarrollo de alternativas políticas  de ruptura con el consenso de Washington  y de carácter antimperialista. Se destacan Venezuela, Bolivia y Ecuador, que eligieron gobiernos progresistas y adelantaron importantes reformas constitucionales y sociales democráticas, asumieron  posturas  de independencia  nacional y de defensa de sus recursos naturales y de su soberanía contra la injerencia del capital y el gobierno de los Estados Unidos.

Descollaron como líderes  regionales Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa por los alcances de las reformas realizadas, siendo Chávez el que logra, a través de la asamblea Constituyente, una  nueva Constitución  de profundo contenido democrático, tanto en lo político, como en lo económico y social, y se erige  como líder Latinoamericano que, junto a Fidel Castro, Kisner, Evo Morales y Rafael Correa,  impulsa la integración de países en nuevos organismos regionales, como UNASUR y CELAC, promueve  la solidaridad con la Revolución y el Pueblo Cubano, pone en práctica el internacionalismo y reabre el debate sobre el socialismo como alternativa de la humanidad a la crisis capitalista, avanzó incluso en la propuesta para Venezuela, en su última campaña presidencial, de un “Programa de Transición al Socialismo”. Sustentado en la idea muy singular de lo que llamó  “el Socialismo Bolivariano”. Chávez marcó un parteaguas, un antes y un después  de la historia política venezolana y Latinoamericana.

También en Brasil, con el proceso de construcción del PT y como  resultado de la movilización y la lucha  social se logró la elección de Luis Ignacio Lula Dasilva a la presidencia, en alianza con sectores de la socialdemocracia Brasilera, con una plataforma  política anti neoliberal y de lucha por la superación de la pobreza extrema que azotaba  amplios sectores del pueblo Brasilero. Lo propio ocurrió en Argentina con la elección de los gobiernos de los  Kisner, antes  en Uruguay con los sucesivos triunfos electorales del Frente Amplio de Uruguay, el triunfo electoral del FSLN en Nicaragua, la elección de gobiernos democráticos en Paraguay y honduras y posteriormente en El Salvador con el triunfo del  líder del Frente Farabundo Martí, Salvador Serén, para la presidencia de la República.

Este ascenso de proyectos políticos democráticos, anti neoliberales y antimperialistas, surgidos  de históricas luchas y movilizaciones, significó un cambio en la correlación de fuerzas a nivel continental, desfavorable para el tradicional dominio que el imperialismo norteamericano ha ejercido sobre Latinoamérica y  puso en entredicho la hegemonía de Estados Unidos en la región, derrotó sin atenuantes  su proyecto estratégico de  control imperial para la región, la Alianza de Libre Comercio de las Américas – ALCA – y propinó sucesivas derrotas al gobierno de USA y sus aliados en la OEA y, por consiguiente, estimuló y creció la conciencia antimperialista entre los  pueblos Latinoamericanos. El Departamento de Estado tomó nota de que el pueblo Latinoamericano se resiste a seguir siendo el patio trasero del imperialismo.

Fortalezas, fisuras y averías de la Derecha Global

 El auge de la lucha de clases que vivió el mundo en  el pasado reciente, con expresiones de movilizaciones populares y de resistencia y triunfos electorales de alternativas políticas de izquierda con  apoyo popular, se redujo significativamente. La derecha global que agrupa a los verdaderos “amos del mundo”, pese a sus  contradicciones y fisuras interimperialistas, decidió fortalecer su hegemonía a cualquier precio, combinando métodos de lucha adecuados a cada región.

En el caso de los países del Oriente Medio la lucha democrática de estos pueblos que  logró el derrocamiento de regímenes dictatoriales y monárquicos en estos países, ha sido  desvirtuada  por el restablecimiento, con el apoyo de Estados Unidos y la Unión Europea, de  nuevos regímenes dictatoriales o autoritarios, funcionales a los intereses  de los dueños del mundo y sus poderosas  corporaciones.

La invasión a Irak, con su sangrienta secuela del genocidio de más de un millón de personas, la creación, dotación y entrenamiento  de grupos armados en Libia, acompañados de mercenarios y bombardeos sistemáticos al territorio Libio, que lograron el derrocamiento de Moamar Kadafi y la desintegración de esa nación, hoy sumida en una guerra civil, la misma táctica utilizada en Siria mediante la creación, dotación de armamento y entrenamiento de la llamada  “oposición moderada”, con  bombardeos de castigo a  sus  bases militares, en una guerra prolongada para derrocar al presidente Bashar Al-Assad, recientemente ha ordenado el despliegue de tropas norteamericanas en territorio Sirio que entrarán en combate en el momento que el gobierno decida, sin la previa autorización del Congreso, como lo regula su propio ordenamiento legal. Además de la guerra sostenida en Afganistán.  Son de conjunto acciones para salvaguardar sus intereses petroleros y forman parte de esta estrategia geopolítica de la derecha global.

Herencia de esta criminal política imperialista es el surgimiento de Al-Qaeda en Afganistán y en los países  del medio oriente, grupo terrorista islámico, creado, entrenado y dotado por  los Estados Unidos, estrategia  que fue un bumerang contra USA y Europa. Lo propio sucedió con el grupo extremista, el Estado Islámico – ISIS- creado y estimulado por  Estados Unidos, que logró establecerse en territorio de Irak y de Siria, con el propósito  de instaurar un Califato, controlar buena parte de la producción petrolera y ocupar Mosul, ciudad de más de dos millones de habitantes, como su centro de operaciones, desde donde sembraron de terror los pueblos  árabes y cometieron atroces atentados terroristas en Londres, París y Madrid. La principal base de ISIS la constituyen los Chiitas del partido Baal del defenestrado presidente Sadam Hussein.

En Inglaterra la extrema derecha ultra nacionalista y la derecha conservadora, con banderas proteccionistas lograron la mayoría en el plebiscito por el Brexit, que aprobó la salida de ese país de la Unión Europea y, en las elecciones parlamentarias, los conservadores lograron el control del gobierno, aunque con una mayoría precaria. Recientemente en Francia, si bien es cierto que  la extrema derecha de Lepen fue derrotada, también lo es que triunfó Macrón el candidato de la Derecha Francesa, con un programa neoliberal.

Hay que decir que con la desintegración de la Unión Soviética se desmoronó el llamado “Socialismo realmente existente”, consecuencia de la desastrosa hegemonía que por más de  60 años ejerció el estalinismo hasta su  agonía a finales de los años ochenta del siglo pasado. Agonía que dio paso a la recomposición de la  Federación Rusa con restauración del capitalismo y constitución de gobiernos autoritarios, hegemonizados  en los últimos lustros por el presidente Putin, quien logró consolidar a Rusia  como nueva potencia imperialista en competencia  con EEUU, Alemania, la Unión Europea y sus aliados, por el control geopolítico mundial. Lo propio hizo el vetusto Partido Comunista Chino, que manteniendo  el férreo sistema Estalinista de partido único con gobierno autoritario, sometió a la China  a un proceso, menos traumático, de restauración del capitalismo en ese inmenso país y lo convirtió igualmente en una nueva potencia imperialista en disputa por el poder hegemónico del planeta.

Ante el declive de la hegemonía unipolar que ejercía Estados Unidos, aunque sigue siendo la primera potencia imperialista,  se ha producido un lento proceso que ha dado paso a una nueva hegemonía multipolar, en la cual China, Rusia y Alemania se hicieron fuertes competidores  en la disputa por posiciones hegemónicas en la geopolítica mundial. Esta recomposición, si bien no modifica la esencia del capitalismo-mundo, si fortalece el poder del gran capital y configura una correlación de fuerzas que favorece la extrema derecha global y la  sobre explotación de la clase trabajadora a escala planetaria.

En este nuevo escenario, Rusia y China han ganado terreno, a través de  su acercamiento y apoyo a los gobiernos alternativos de América Latina, como Venezuela, Ecuador y Bolivia, no con un criterio de identidad ideológica y política, sino con claros intereses económicos, de apertura de  nuevos mercados al capitalismo restaurado de los otrora “países socialistas”.

Cierra este capítulo el triunfo de Donald Trump, que es sin duda una victoria de la extrema derecha global, elegido presidente, no por las mayorías del pueblo Estadounidense, sino por la poderosa élite económica que hegemoniza la economía y la política en ese país, que aportó fabulosas sumas de dólares para financiar su campaña electoral y puso a su servicio todo el peso de su portentosa maquinaria mediática y publicitaria. Trump es el ejercicio del gobierno, sin intermediarios, de las grandes corporaciones, del capital financiero, de los propietarios de las grandes industrias, del petróleo, militar,  la construcción y la minería, entre otras. Son los dueños del gran capital quienes ejercen el poder directamente en ese poderoso país.

La misión del nuevo  gobierno imperial en el campo internacional, es fortalecer y mantener a Estados Unidos como la primera potencia imperialista y tendrá que competir y negociar con sus aliados de la UE, y con China, Rusia y Alemania, como nuevos actores en la disputa por el control hegemónico del planeta, sus recursos y sus mercados. Son estos los verdaderos  amos del mundo, los que gobiernan el planeta, los dueños del capital y sus grandes corporaciones financieras y del comercio, tales como el FMI y la OCDE.

En esa dirección, en su campaña  anunció que adoptaría medidas  de protección de la economía nacional, como la revisión de los tratados de libre comercio que impactaron negativamente la producción y el empleo en ese país y la orden de retorno de las fábricas que se habían instalado en países de mano de obra barata, como la Ford en México, a territorio norteamericano, para  recuperar e incrementar la tasa de empleo, pero también fracasó en el intento de derogar la reforma a la salud, denominada “Obama care” que ha sido denegada por mayoría en el Senado de la República. Trump anunció también que prepara una guerra comercial con China, que es hoy el mayor acreedor de la inmensa deuda externa de ese país,  para lo cual busca acercamientos con Putin desde antes de su elección. Acercamientos que lo mantienen en jaque acusado de acolitar la posible intervención del presidente Ruso en su elección como presidente del imperio.

El reacomodo neoliberal y la amenaza del cambio climático

Trump es producto de la crisis del modelo neoliberal que no ha fracasado sino que está desacreditado y entró en una fase de reconfiguración  orientada a la imposición de un nuevo modelo de neoliberalismo con mayor proteccionismo de las economías imperiales; asume en un contexto de derechización del mundo, en el que los amos del universo aplican políticas que aseguran la protección de sus propios intereses, por dolorosas que resulten para los países dependientes y la mayor parte de la población mundial. Se trata de una “era  neoliberal de nueva generación”, como lo señala Chomsky y acota que en esta nueva era “los  amos salen de las capas superiores de economía cada vez más monopolizada; las instituciones financieras son colosales y, a menudo, depredadoras, y las multinacionales están protegidas por el poder del Estado y por las figuras políticas que, en gran medida, representan sus intereses”.

Durante los seis meses que lleva en el gobierno, Trump, con contadas excepciones, está cumpliendo sus promesas electorales; ordenó bombardeo de castigo a posiciones militares de Siria, adoptó medidas que imponen drásticas restricciones, al ingreso de Musulmanes a territorio Norteamericano, medidas que fueron derrotadas dos veces por los jueces y una parcialmente. Reversó buena parte de los acuerdos de  restitución de relaciones diplomáticas y el alivio del bloqueo a Cuba durante el gobierno de Obama, ha solicitado al congreso los recursos para continuar la construcción del muro que bloquee el ingreso de inmigrantes mexicanos ilegales a los Estados Unidos; medida que se constituye en una ofensa, no solo a los Mexicanos, sino a todos los pueblos Latinoamericanos.

En síntesis  el gobierno de Trump, en estos largos seis meses, su administración, ha demostrado ser un gobierno ultra reaccionario, anti mujeres, xenófobo, racista y con acentuada tendencia fascista.  Una amenaza para el pueblo norteamericano, la paz mundial y los pueblos del mundo.

Trump anunció la salida de Estados Unidos de los acuerdos de Paris sobre el cambio climático, con lo cual se pone en riesgo el cumplimiento de las tímidas metas fijadas para la reducción de emisiones de gases contaminantes, para evitar, en el mediano plazo,  el incremento del 2% en la temperatura de la tierra, lo cual será catastrófico para la supervivencia del planeta. Amén, del crecimiento de la amenaza de una catástrofe nuclear, con el desarrollo de nueva fase de la carrera armamentista y el anuncio de desconocimiento de los acuerdos con Irán y de una intervención de castigo a Corea del Norte, cada vez más desafiante con el  desarrollo de su propio arsenal nuclear.

En el contexto de los países imperialistas, las actuaciones de Trump atizan las contradicciones internas de la derecha global, con sus anuncios sobre su decisión de revisar los tratados de libre comercio, base fundamental del consenso de Washington, en el marco de la reunión del G20 en Hamburgo (Alemania) en una clara postura proteccionista  que amenaza  con  derivar en guerra comercial entre dichas potencias, que siguen aferradas a la globalización neoliberal. Y con sus exigencias a las naciones europeas que hacen parte de la OTAN, especialmente a Alemania y Francia, de mayor compromiso con el financiamiento de la organización, tal como se vio en la reunión del G-7 meses atrás en Varsovia, lo que motivó  la declaración de la primera ministra alemana, Ángela Merkel, invitando a los gobiernos europeos a procurar se su propio sistema de defensa y protección.

Todo ello en su conjunto nos muestra que podríamos estar en los inicios de una crisis en la dirección política del sistema capitalista mundial, que puso sobre el tapete una redefinición de acuerdos políticos entre las grandes potencias, conforme se insinúa ya tras los encuentros celebrados por los presidentes de EEUU y Rusa, así como entre el primero y el presidente Chino, o el acuerdo comercial celebrado entre la Unión Europea y Japón en la víspera de la reunión del G-20. Sin duda, son razones económicas las que están en la base de esta crisis política entre las potencias, las mismas que explican las fisuras internas entre los sectores dominantes en EEUU, sin lo cual no podríamos entender el triunfo electoral de Trump.

América Latina, el imperio y la extrema derecha contratacan

En América Latina,  la estrategia fue orientada a recuperar el terreno perdido; desde el Departamento de Estado se desencadenó una planificada guerra mediática  de desprestigio a los gobiernos alternativos y de impulso a la contra ofensiva política  de la derecha y la extrema derecha de la región en todo el continente, la cual les permitió recuperar buena parte del control político de la región, acudiendo a procesos destituyentes que encubren verdaderos golpes de Estado, tras lo cual se viene implementando una violenta restauración conservadora, como lo hemos visto en Honduras, Paraguay, Argentina y Brasil. En este país, el golpe institucional  contó con el terreno abonado del desprestigio del gobierno de Dilma, atravesado por procesos de presunta corrupción de sus altos funcionarios. La resistencia frente al golpe fue débil. No obstante, en estos países los trabajadores resisten aún en la calle, enfrentando las medidas neoliberales de estos gobiernos ilegítimos e impuestos de facto.

En esta región,  la atención del presidente imperial está concentrada en Venezuela, que alberga la más grande reserva comprobada de petróleo del mundo, además de inmensos yacimientos mineros en la franja del Orinoco, que atraviesa una crisis extremadamente  grave, producto de la crisis causada por  la caída de los precios del petróleo, la guerra económica desatada, como estrategia política para derrocar el gobierno, por la gran empresa privada, la extrema derecha venezolana y las limitaciones del modelo político y económico implementado por el gobierno del PSUV, que no pudo o no quiso hacer el tránsito a un estado socialista en 19 años de “revolución Bolivariana”. En Venezuela sigue imperando el estado capitalista con un gobierno reformista, de sello progresista y de redistribución de la riqueza petrolera.

La crisis Venezolana ha sido profundizada mediante una  calculada y sistemática  guerra mediática nacional e internacional, orquestada por la extrema derecha venezolana agrupada en la MUD, planificada, financiada y apoyada por el Departamento de Estado y desarrollada por los gobiernos de la extrema derecha latinoamericana, con el claro propósito de derrocar el gobierno del presidente Nicolás Maduro. La  campaña promueve el desprestigio del gobierno, al que presenta como el único culpable de la crisis y responsable del desabastecimiento de productos básicos de la canasta familiar y de la híper inflación que afecta el costo de vida, que ya supera el 700% en lo corrido de este año. Se trata de la reedición de las estrategias  utilizadas contra el gobierno de Salvador  Allende en Chile, que culminó en el golpe de estado,  estimulado por USA y que instauró la oprobiosa, sangrienta y prolongada  dictadura Militar del nefasto General Augusto Pinochet.

La guerra mediática incluye la financiación del departamento de Estado a las violentos disturbios realizados  diariamente a lo largo cuatro meses, con saldo de más de cien muertos causados por grupos de la oposición, armados y financiados por el Comando Sur del Ejército Norteamericano acantonado en Panamá, y también por  la respuesta de las fuerzas policiales del gobierno, que reprimen dichos acciones para restaurar el orden y que en ocasiones hacen uso  desproporcionado de la fuerza. Hay que decir  que  la oposición también  ha realizado masivas manifestaciones exigiendo la renuncia del presidente elegido democráticamente. Pero también el Chavismo ha realizado movilizaciones también  masivas de apoyo al gobierno Chavista. El país está  dividido  en dos grandes fuerzas enfrentadas, atrapadas y sin salida, sin posibilidad cercana de la negociación política.

En esta guerra mediática está previsto difundir la idea de que los muertos son causados únicamente por  el gobierno que  reprime violentamente  “pacíficas manifestaciones” de ciudadanos que luchan contra  “el gobierno dictatorial”. Las mediaciones de diálogo de ex presidentes amigos, encabezados por Rodríguez Zapatero, y los llamados del Papa Francisco al diálogo han fracasado. No es verdad que la MUD  quiere una  salida  negociada del conflicto, toda su estrategia está  diseñada para  derrocar el gobierno del presidente Maduro. A  Estados Unidos  y la MUD, solo le conviene  la salida del Chavismo del poder, en esas han estado desde la elección de Hugo Chaves a la presidencia en 1998.  En consecuencia, les interesa mantener el caos y la desestabilización, sostener las acciones violentas, presentarlas como acciones pacíficas violentamente reprimidas,  empujar al pueblo venezolano a una guerra civil que a la postre justifique una intervención militar del imperio, para “rescatar la democracia” y “liberar al pueblo de la dictadura” tal como ocurrió  e 1973 en Chile, y en Irak y en Libia recientemente.

Tan nefasto propósito se deduce del clamor de  la extrema derecha Venezolana para que TRUMP ordene una intervención militar directa en su territorio, de las declaraciones del  Jefe del Comando Sur de las fuerzas militares de USA acantonado en Panamá y del Director de la CIA, quien ha dicho que está “convenciendo a los presidentes de Colombia y México para que hagan lo que tienen que hacer” para sacar a maduro del gobierno y de las declaraciones del presidente de FASECOLDA al diario El Tiempo, afirmando que Santos  viajó a Cuba para convencer al presidente Castro de  ofrecer Asilo a Maduro y su gabinete. Son estas razones las que motivaron la legitimación internacional de la llamada consulta contra la Asamblea Constituyente, convocada por la MUD y realizada a su amaño el pasado 20 de julio, al tiempo que deslegitimaron de antemano las votaciones para dicha Asamblea  realizadas el 30 de  Julio.

Los socialistas convocamos  al pueblo colombiano, latinoamericano y del mundo, para  decir no a la guerra civil, no a la invasión imperialista, que cese la agresión a Venezuela, respeto a su soberanía nacional y que  permitan a los venezolanos encontrar una salida negociada, pacífica  y civilizada de su grave crisis. Una  invasión imperialista sería nefasto precedente para nuestros pueblos, máxime  si, como es obvio, la agresión partirá desde nuestro territorio en donde  el imperialismo cuenta con siete bases militares obsequiadas por el gobierno cipayo de Álvaro  Uribe, que sin duda forma parte de la Clique de la extrema derecha  republicana de los Estados Unidos.

El mundo atraviesa por una disminución de las luchas de resistencia que fueron reflejo del auge de las movilizaciones que vivieron Europa y el medio oriente; no obstante,  la tendencia a la movilización se mantiene  aunque  en menor grado.

Crisis de las alternativas política de las izquierdas progresistas

En América Latina,  los gobiernos progresistas y sus políticas reformistas anti neoliberales y antimperialistas entraron en crisis como consecuencia de la caída de los precios del petróleo principalmente. Cerraron su ciclo y sufrieron reveses electorales  con los triunfos de Macri en Argentina, que impuso nuevamente la receta neoliberal y desmontó las reformas sociales del periodo Kisnerista, en  Bolivia  el gobierno de Evo Morales perdió el referendo por su reelección, en Brasil se dio un golpe de Estado institucional que derrocó  el gobierno de Dilma Russeff e impuso en su remplazo al Vicepresidente Temmer en la presidencia de la República, ficha clave del neoliberalismo, que de inmediato desmontó las reformas sociales hechas por los gobiernos del PT.

En Ecuador el gobierno de Alianza País obtuvo un triunfo precario con la elección del presidente Lenin Fernández, frente al candidato de la extrema derecha neoliberal que proponía abiertamente, echar atrás los avances sociales logrados en el gobierno de Rafael Correa. Ahora el partido  Alianza País, atravesado por supuestos actos de corrupción del Vicepresidente, sufre una fuerte división, aunque con mayorías favorables al ex presidente Rafael Correa. En Colombia, la extrema derecha, en alianza con la jerarquía  eclesiástica y fanáticas sectas religiosa, derrotó el plebiscito por la paz. Ni que hablar de la crisis  de Venezuela que alcanzó los mayores logros reformistas en el campo de la salud, la vivienda, la educación, el transporte público, las pensiones, entre otros.

Lo ocurrido en los últimos cinco años en algunos países de América Latina, ha puesto de relieve, sin embargo, la debilidad política de muchos de estos movimientos, particularmente la falta de preparación política y la indecisión en la dirección de los mismos, lo que le ha permitido a las burguesías nativas y al imperialismo de los EEUU recuperar parte del terreno perdido. Es cierto que la resistencia de los trabajadores aún no se traduce en una derrota de la pretensión de los empresarios y gobiernos capitalistas de imponerles los costos de la crisis y los efectos de sus recetas neoliberales, pero igualmente cierto es el hecho de que la deriva política hacia la extrema derecha no alcanza a constituir todavía una tendencia dominante en los países centrales del capitalismo, como tampoco en la periferia. Hay fugas en esa dirección en algunos países de Europa oriental y Asia; y el triunfo de Trump en EEUU no ha estado seguido de triunfos políticos parecidos en otras latitudes. Aunque se mantiene políticamente en ascenso, la opción de Lepen fue derrotada en Francia en las pasadas elecciones.

En Inglaterra, los conservadores recuperaron el control del gobierno tras el triunfo del Brexit que los saca de la Unión Europea, pero su margen do gobernabilidad es precaria, mientras en el seno del partido laborista hay una lucha intensa por la hegemonía entre las tendencias conservadoras y los reformistas que vienen en ascenso. En Holanda fue igualmente derrotada la opción racista y de extrema derecha de Geert Wilders, y en Alemania la hegemonía política de  Angela Merkel se ve amenazada por tendencias reformistas de corte socialdemócrata y ambientalista. Y no podemos perder de vista que en la república de Portugal los conservadores fueron expulsados del poder en octubre pasado por una coalición de partidos de izquierda reformista. El mismo Trump, cuyo triunfo pronosticaba para muchos el ascenso de la extrema derecha al poder en varios países, representa en realidad un gobierno débil, y así cuente con el apoyo de todo el partido republicano, su mandato aparece severamente cuestionado por sectores de la poderosa prensa tradicional norteamericana, así como por amplios movimientos sociales de jóvenes, mujeres, comunidad LGTBI, inmigrantes y la comunidad afrodescendiente. Esta debilidad interna para nada significa, sin embargo, que el dominio imperialista de los EEUU haya perdido peligrosidad para la paz mundial y la soberanía de los pueblos.

Debilidades de las resistencias y tendencias a la reactivación

Con la excepción tal vez de Rusia y China, el dominio político de la burguesía en buena parte del mundo capitalista aparece averiado y con fisuras, prueba de las contradicciones y desacuerdos que enfrentan las clases dominantes en su seno en esta fase de crisis económica y ambiental. Tal hecho, sumado a la presencia en los escenarios más importantes de la lucha de clases  a nivel mundial de un movimiento obrero en acción abierta de carácter defensivo contra la arremetida del capital, genera situaciones de crisis e inestabilidad política permanente en el dominio burgués. A pesar de que la acción de los de abajo no exprese todavía la fuerza ni la claridad política suficientes para enrutar su resistencia por la senda de una estrategia revolucionaria y anticapitalista, la burguesía no renuncia a la idea de sacar al movimiento obrero del escenario de la lucha de clases, quebrando definitivamente su resistencia. Tal es la realidad que explica las permanentes oscilaciones políticas que marcan las formas del dominio burgués en esta fase.

Hay que resaltar como signo positivo, el repunte  casi inmediato de la resistencia popular en Argentina, frente a las medidas de retorno al neoliberalismo, que golpearon de manera sensible a la clase trabajadora y los sectores populares  afectados por el desmonte de los subsidios y el nuevo endeudamiento del país con la banca internacional, gigantescas movilizaciones en rechazo a las políticas neoliberales de Macri sacuden constantemente a Buenos Aires y otras importantes ciudades de Argentina. El desencanto de sus electores hizo que el presidente Macri cayera  rápidamente en sus niveles de popularidad, hasta el punto que, junto al presidente de Colombia y la presidenta de Chile, son  los mandatarios más impopulares de Latinoamérica.

En Colombia, la extrema derecha, en alianza con la jerarquía  eclesiástica y fanáticas sectas religiosas, que contó con el apoyo de los medios de comunicación,  derrotó el plebiscito por la paz. Ni que hablar de la crisis  de Venezuela que alcanzó los mayores logros reformistas en el campo de la salud, la vivienda, la educación, el transporte público, las pensiones, entre otros; pero que sufrió contundente derrota en las elecciones a la Asamblea Nacional en 2014.

Este descenso de las luchas y movilizaciones pobreras y populares, son reflejo de la debilidad política de muchos de estos movimientos y la ausencia de  alternativas políticas capaces de interpretar y centralizar sus intereses y luchas en una sólida alternativa política revolucionaria y con perspectiva socialista eco-feminista; debilidad que facilita  el fortalecimiento de las burguesías nativas y los imperialismos. No obstante el fortalecimiento de la  derecha global registra debilidades y fisuras que lo hacen frágil e instable.  Así se observa que, pese a su fortalecimiento, la opción de la Lepen fue derrotada en Francia en las pasadas elecciones, en Inglaterra el margen de gobernabilidad de la  derecha es precario, mientras en el seno del partido laborista hay una lucha intensa por la hegemonía entre las tendencias conservadoras y los reformistas que vienen en ascenso. En Holanda fue derrotada la opción racista y de extrema derecha de Geert Wilders, en Alemania Ángela Merkel ve amenazada su hegemonía por tendencias reformistas de corte socialdemócrata y ambientalista. Y en Portugal los conservadores fueron expulsados del poder en octubre pasado por una coalición de partidos de izquierda reformista.

El mismo Trump, cuyo triunfo pronosticaba para muchos el ascenso de la extrema derecha al poder en varios países, representa en realidad un gobierno débil, No cuenta con el apoyo de todo el partido republicano, su mandato aparece severamente cuestionado por sectores de la poderosa prensa tradicional norteamericana, así como por amplios movimientos sociales de jóvenes, mujeres, comunidad LGTBI, inmigrantes y la comunidad afrodescendiente. Esta debilidad interna para nada significa, sin embargo, que el dominio imperialista de los EEUU haya perdido peligrosidad para la paz mundial y la soberanía de los pueblos.

Hay que resaltar como signo positivo, el repunte  casi inmediato de la resistencia en Argentina, frente a las medidas de retorno al neoliberalismo, que afectaron de manera sensible a la clase trabajadora y a los sectores populares  afectados por el desmonte de los subsidios y el nuevo endeudamiento del país con la banca internacional, gigantescas movilizaciones en rechazo a las políticas neoliberales de Macri sacuden constantemente a Buenos Aires y otras importantes ciudades de Argentina. El desencanto de sus electores hizo que el presidente Macri cayera  rápidamente en sus niveles de popularidad, en las encuestas de opinión que  coloca su gobierno en situación de  extrema debilidad.

Colombia. Resistencias sociales, rebeldías populares y la conquista de la Paz con las FARC

En Colombia se evidencia  una coyuntura favorable para la movilización y la protesta social, que crece con las luchas de resistencia que vienen realizando distintos sectores de la población nacional, tales como, las triunfantes consultas populares contra la gran minería y por el agua, la agricultura y la vida, de Cajamarca Tolima y Cumaral Meta, las jornadas de movilización por la defensa del territorio y la vida de las comunidades indígenas del Cauca, los paros de sectores de trabajadores del Estado por el alza de salarios y de manera significativa, y de manera significativa, el formidable paro de 37 días del magisterio colombiano, que se convirtió en una huelga general de la educación pública colombiana que reclamaba mejoramiento del pésimo servicio de salud privatizado, respeto a la nivelación con el salario de los demás trabajadores públicos de su mismo nivel profesional, negociada en el paro de 2015, incremento salarial, condiciones dignas para el ejercicio de la profesión docente; además de incremento del presupuesto para la educación pública.

Forman parte de estas luchas, los paros cívicos de  Chocó, Buenaventura y Tumaco, como verdaderas revuelta de las comunidades negras, cansadas del racismo, el abandono, la marginalidad, la miseria y la explotación en que los han mantenido  durante toda la historia republicana los gobiernos oligárquicos que han dominado el país. La rebeldía negra merece nuestro respeto, admiración y apoyo. Hoy todos somos Quibdó, todos somos Buenaventura, somos pacífico. Saludamos que, pese a la represión brutal y violenta desatada por la fuerza pública contra estos pueblos hermanos, hayan salido triunfantes. Se agitaba y aún se agita, la idea de un paro cívico nacional contra las políticas antipopulares del gobierno neoliberal de santos, que además registra un bajísimo índice de popularidad reflejo del amplio grado de impopularidad y rechazo que se siente entre el pueblo colombiano.

Como signo positivo, el proceso de paz, que amplía el horizonte de la lucha democrática y revolucionaria,  avanza exitosamente, en medio de dificultades y obstáculos atravesados por la fuerte oposición de la extrema derecha, dentro y fuera del gobierno. La entrega definitiva de la totalidad de las armas de las Farc a la comisión de la ONU, encargada de recibirlas, inventariarlas y guardarlas en contenedores  para mantenerlas bajo su custodia, selló de manera definitiva el acuerdo de paz entre esta guerrilla y el Estado Colombiano, y puso fin a la guerra más larga de nuestra historia. El adiós a las armas y la bienvenida a la palabra, para  dedicarse al ejercicio de la política, desechó para siempre el uso de la violencia como medio de acción política y permite que ex comandantes, exguerrilleros y guerrilleras, sean acogidos como nuevo y legítimo actor de la lucha civil y civilizada en  la política colombiana.

Hay que decir que, a pesar de que fue exitoso, el proceso paz no tuvo acompañamiento de la movilización popular, la dejación de armas no generó el entusiasmo de las gentes que manifestaron, mayoritariamente en las encuestas, su acuerdo con la paz. De alguna manera la oligarquía se esfuerza por mantener el proceso metido en una campana neumática sin posibilidad de contacto popular, mientras que las FARC se empeñan en sacar adelante el proceso y han demostrado con creces seriedad y cumplimiento de los acuerdos, en contraste con los reiterados incumplimientos de los mismos por parte del gobierno.

La paz avanza en medio de un ambiente político complejo y con la oposición radical de la extrema derecha fortalecida y envalentonada con el triunfo, aunque precario, del NO en el plebiscito, logrado por campaña amañada y llena de todo tipo de mentiras y tergiversaciones. La ultraderecha estimula el recrudecimiento del paramilitarismo que está reeditando el genocidio de la UP, ya van más de 150  asesinatos de líderes y lideresas populares, dirigentes y activistas de Marcha patriótica, familiares de guerrilleros y ex guerrilleros desmovilizados. Mientras que el Ministro de Defensa y el gobierno  se niegan a reconocer que se trata de una acción planificada y sistemática de las bandas criminales de la nueva generación de paramilitares actuando con nuevas marcas, Clan del Golfo, los Rastrojos, Autodefensas Gaitanistas, etc.

El pacto para incorporar en el bloque de constitucional los acuerdos, en especial el de la JEP y la definición de las 16 zonas especiales para  propiciar la elección de  parlamentarios voceros de las zonas afectadas por el conflicto avanza, pero encuentra cada  vez mayores dificultades en la Corte Constitucional, el Fiscal General de la Nación, en el Procurador General y en las filas  parlamentarias de los partidos de  la coalición de gobierno, que registra fracturas  y deserciones individuales y del partido Cambio Radical del expresidente Vargas lleras que salió del gobierno y hace tránsito a la oposición de la extrema derecha, anunciando críticas e incluso su retiro del apoyo al proceso de paz.

Se observa que en el frente de derecha, dividido entre las Facciones del Uribato y la  coalición  de gobierno, UNIDAD NACIONAL que acusa  desmembramiento y fracturas internas, hay un proceso de fortalecimiento de la ultraderecha encabezada por Uribe, al cual se aproximan ex colaboradores del gobierno, como  Vargas Lleras y el exministro de defensa Pinzón, que luego de cinco años de silencio pasaron a la oposición abierta a los acuerdos de paz, para posicionarse como candidatos en la competencia por la presidencia de la República.

Que la extrema derecha se agrupe para competir por la Presidencia de la República en las elecciones de 2018, es una posibilidad que pone en alto riesgo los avances positivos del proceso de paz y de ser vueltos trizas como lo anuncio uno de los altos dirigentes del Uribato. Este desenlace nefasto es probable dadas las debilidades que acusa dicho proceso y que obliga a prender las alarmas contra el peligro de retornar a la guerra añorada por el fanatismo del caudillo y sus seguidores.

La debilidad, su baja popularidad  e incapacidad política de Santos, en su calidad de Jefe de Estado para concertar un acuerdo político que comprometiera la institucionalidad central del Estado en el cumplimiento del acuerdo, ha facilitado en consecuencia, que instituciones como la Fiscalía, la Procuraduría y la misma Corte Constitucional le atraviesen palos en la rueda al proceso. Además, el hecho mismo de haber sido desmovilizados los guerrilleros y entregadas las armas, puede llevar a Santos a despreocuparse por la suerte futura del proceso, con el argumento de que ya cumplió con su compromiso.

Tales riesgos tienen como trasfondo el conservadurismo social y político que sigue caracterizando a las clases dominantes en Colombia y a sus partidos políticos, quienes continúan instalados en la época de la guerra fría, asustados con los fantasmas del “castro-chavismo” y del comunismo en cualquier amago de modernidad. Ante tales riesgos debemos llamar a la unidad de la izquierda y los demócratas y a la movilización de los trabajadores, los jóvenes y las mujeres a exigir el cumplimiento cabal de los acuerdos. La exigencia del cumplimiento de estos acuerdos debe constituirse en el eje programático de la unidad y acción política de las izquierdas y los trabajadores, complementados con las denuncias al extractivismo y la defensa del medio ambiente, y las demandas laborales y salariales de los trabajadores.

Bogotá, Agosto 8 de 2017.


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