Desigualdad, Posconflicto y la Importancia del Análisis de Clase

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Por: Carlos Alberto Duque Garcia

Colombia es uno de los países con mayor desigualdad en el mundo. De acuerdo a un reciente estudio económico, basado en datos de las declaraciones de renta, en Colombia “el ingreso está altamente concentrado: el 1% superior de la distribución captó el 20,4% del ingreso total en 2010” [1]

Así mismo, “mientras que las encuestas de hogares muestran que la desigualdad medida por el coeficiente de Gini disminuyó entre 2006 y 2010, los resultados basados en impuestos dan una imagen diferente, en la que la concentración en la parte superior se ha mantenido estable”. Así mismo, según datos del Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), el 25% de los propietarios rurales concentra el 95% de la tierra. 

Aunque el principal indicador que mide la desigualdad es el coeficiente de Gini, este presenta varias limitaciones. Por un lado, al basarse en encuestas que el Dane hace en los hogares colombianos, difícilmente captura información de los diminutos segmentos de la población acaudalada que concentran buena parte del ingreso.

Es poco probable que los encuestadores del Dane lleguen a los hogares de los banqueros, industriales, terratenientes y, mucho menos, que estos brinden información fidedigna de sus ingresos. Por tal razón, no es de extrañar que, “cuando los coeficientes de Gini basados en la encuesta se ajustan para tener en cuenta los ingresos superiores declarados en las declaraciones de renta, los niveles de desigualdad son mayores y la reducción de la desigualdad es menos pronunciada” [2]

Así mismo, el coeficiente de Gini no dice nada sobre la relación entre la desigualdad en el ingreso y la estructura socio-productiva que produce y reproduce dicha desigualdad.

Las estadísticas sobre pobreza (monetaria o en necesidades básicas insatisfechas) también presentan el mismo problema. Así como las múltiples y ambiguas estimaciones sobre la “clase media”. Todas estas estadísticas permiten medir el fenómeno social de la pobreza y la desigualdad, realizar comparaciones, analizar evoluciones, etc. pero no dan luces sobre las causas estructurales de la pobreza y la desigualdad.

Las dificultades de estos indicadores -y la teoría social y económica tras ellos- se encuentra en la renuncia a la categoría de clase social y de estructura de clases, que tanta utilidad analítica les había otorgado a los economistas clásicos (Adam Smith, David Ricardo, etc.) y a Karl Marx; pero que fuera abandonada por el pensamiento económico dominante a partir de finales del siglo XIX (escuela neoclásica), y, en buena medida, por la sociología contemporánea a partir de la irrupción del pensamiento posmoderno para el que las clases sociales serían un mero “metarrelato” o “discurso” del siglo XX.

Así mismo, las visiones simplistas y dogmáticas del concepto de clase social -ampliamente difundidas por el estalinismo- también contribuyeron al desprestigio académico y político de dicha categoría.

Pero, independiente de lo que piensen los economistas neoclásicos, así como los sociólogos y politólogos posmodernos, las clases sociales existen y configuran buena parte de nuestra realidad social (económica, política, sociológica y cultural) y sus conflictos. Precisamente, la noción de clase social nos permite entender la relación entre pobreza, desigualdad y estructura socio-productiva de un país o región. Así como los conflictos políticos y sociales contemporáneos.

Para el enfoque marxista las clases sociales se definen, principalmente, a partir de la propiedad y control de los medios de producción, así como por la capacidad de explotar trabajo ajeno.

Todo lo cual genera contradicciones entre las distintas clases sociales. A pesar de sus múltiples análisis (económicos, políticos, historiográficos, etc.) sobre las clases sociales, Karl Marx no presentó una definición precisa del concepto de clase social, ni construyó una teoría general de las clases. Una de las definiciones clásicas de clase social, en la tradición marxista, la vendría a dar Vladimir Lenin en 1919:

Las clases son grandes grupos de personas que se diferencian entre sí por el lugar que ocupan en un sistema de producción social históricamente determinado, por las relaciones en que se encuentran con respecto a los medios de producción (relaciones que las leyes refrendan y formulan en gran parte), por el papel que desempeñan en la organización social del trabajo, y, consiguientemente, por el modo y la proporción en que perciben la parte de la riqueza social de que disponen. Las clases son grupos humanos, uno de los cuales puede apropiarse del trabajo de otro por ocupar puestos diferentes en un régimen determinado de economía social [3]

Desarrollos teóricos y empíricos más recientes sobre el concepto de clase social, en el campo del marxismo, pueden encontrarse en Poder político y clases sociales en el estado capitalista de Nicos Poulantzas (1973), en Valor, explotación y clase de John Roemer (1989) y, sobre todo en los trabajos del sociólogo Erik Olin Wright a partir de los años 90’s [4]

Aquí es preciso resaltar que, aunque el análisis de clase no agota el hecho social (por la existencia de divisiones sociales y conflictos basados en el género, etnia, preferencia sexual, generación, entre otros), se hace imposible un análisis racional y objetivo de la realidad social -y sus conflictos- si se renuncia a esta categoría.

Para el caso colombiano merece especial atención los trabajos pioneros del sacerdote, revolucionario y precursor de la sociología en Colombia, Camilo Torres Restrepo, y su categoría de “clase popular”, base fundamental de la “Plataforma revolucionaria del Frente Unido del Pueblo” en los años 60’s. 

Para Camilo Torres la “clase popular” es una categoría que agrupa a las distintas clases trabajadoras explotadas o excluidas por el capitalismo (asalariados del campo y la ciudad, campesinos, desempleados, amas de casa, cuenta-propistas pobres) y que constituían las “mayorías del país”, en oposición a las “minorías” (que monopolizan el poder económico, político, mediático y eclesiástico) en su beneficio.

Partiendo de este análisis de clase -fuertemente influido por el pensamiento de Antonio Gramsci- Camilo Torres entendía la revolución como

un cambio fundamental de las estructuras económicas, sociales y políticas […] la revolución es indispensable porque ahora el poder se encuentra en manos de una minoría de más o menos 50 familias incapaces de afectar sus intereses por los de la mayoría, lo que significa que esta minoría posee también el control político, el de las elecciones, el de todos los medios y de todos los factores de poder y que al derribarse, se ejecuta lo que considero una revolución: el cambio de la estructura del poder de manos de la oligarquía a manos de la clase popular” [5]

Grandes problemas de nuestra realidad nacional, como el extractivismo (y el respeto o no a las consultas populares), el asesinato de líderes sociales (156 en los últimos 14 meses), los conflictos por la tierra, la implementación de los acuerdos de paz, el narcotráfico, el “libre comercio”,  la corrupción, entre otros, difícilmente pueden ser entendidos y afrontados eficazmente sin un análisis de clase serio y riguroso, que parta de la contradicción fundamental entre los intereses de la “clase popular” y las “minorías” acaudaladas.

En este punto resulta preocupante (e indignante) que, para muchos sectores de la izquierda política, social e intelectual, el periodo posterior al desarme de las Farc-Ep, “el posconflicto”, se caracterice como un periodo de “paz y reconciliación nacional”, donde es válido que fuerzas que otrora se autodenominaban defensoras de los intereses de la clase popular, abracen alegremente el proyecto político de los personajes y partidos que han defendido históricamente los intereses de las clases opresoras, como Juan Manuel Santos y Humberto de la Calle Lombana.

Todo bajo argumentos de “modernización política”, “apertura democrática”, “vencer el odio y asegurar la paz” y demás slogans que disfrazan una claudicación política: las “nuevas formas de hacer política” no son nada más que las viejas formas de venderse a los enemigos de las clases populares [6].


1. Alvaredo, F., & Londoño Velez, J. (2014). Altos ingresos e impuesto de renta en Colombia, 1993-2010. Revista de Economía Institucional16(31), 157-194.

2. Alvaredo, F., & Londoño Velez, J. (2014). Altos ingresos e impuesto de renta en Colombia, 1993-2010. Revista de Economía Institucional16(31), 157-194.

3. Lenin, V. I. I. (1986). Una gran iniciativa. Progreso.

4. Wright, E. O. (1979). Class structure and income determination (Vol. 2). New York: Academic Press.

   Wright, E. O. (1985). Classes. London/New York.

    Wright, E. O. (1997). Class counts: Comparative studies in class analysis. Cambridge    University Press.

    Wright, E. O. (2005). Foundations of a neo-Marxist class analysis. Approaches to class analysis, 4-30.

5.  Camilo Torres Restrepo. “Sólo mediante la revolución puede realizarse el amor al prójimo”. (Reportaje de Jean-Pierre Sergent, segundo semestre de 1965). 

6. Algo ya denunciado por Lenin allá por 1899: “Y ahora preguntamos: ¿qué aportaron de nuevo a esta teoría aquellos bulliciosos “renovadores”, que tanto ruido han levantado en nuestros días, agrupándose en torno al socialista alemán Bernstein? Absolutamente nada: no impulsaron ni un paso la ciencia que nos legaron, con la indicación de desarrollarla, Marx y Engels; no enseñaron a los trabajadores ningún nuevo método de lucha; no hicieron más que replegarse, recogiendo fragmentos de teorías atrasadas y predicando a los trabajadores, en lugar de la doctrina de la lucha, la de las concesiones a los enemigos más encarnizados del proletariado, a los gobiernos y partidos burgueses, que no se cansan de inventar nuevos métodos de persecución contra los socialistas” (Acerca del Oportunismo)


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