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1 de agosto de 2017

La mala fe de la política

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Foto tomada de la página de Facebook del Concejo Municipal

Por Esteban Roldán

Hay algo que no me cuadra. No veo con buenos ojos el hecho de que se asuma que somos un pueblo católico. En las redes sociales de la alcaldía y del concejo he encontrado comunicados a la comunidad en los que pareciera que la Alcaldía de Girardota, como entidad pública, tuviera una religión: la católica. Y me llama la atención porque resulta que a partir de la constitución de 1991 Colombia es un Estado laico, es decir, con libertad religiosa, lo que implica igualdad entre todas las religiones. Por tanto, consagrar el municipio como católico es, en una palabra, inconstitucional. Una cosa es que los políticos de la alcaldía y el concejo sean católicos, o cristianos, o musulmanes, o lo que quieran, y que profesen su credo públicamente desde sus redes sociales personales o en sus actos sociales que les competen a ellos como individuos. Otra cosa es que usen las instituciones públicas y sus recursos como plataforma para evangelizar, difundir y realizar actos particulares de una religión. Es común ver en las redes sociales de alcaldía y concejo invitaciones a los ritos del catolicismo promoviendo acercarnos a Dios (el católico) y a reflexionar. Registros de eucaristías y procesiones, promocionadas y organizadas por la alcaldía y el concejo, son de los más habituales contenidos que publican en redes sociales estas instituciones.


Un Estado laico no significa un estado ateo. Simplemente es un Estado sin preferencia ni interferencia de la religión en la política. Esto significa que desde las entidades públicas, con recursos públicos, diseñadas para administrar y legislar para todos, incluyendo las minorías de otras religiones diferentes a la católica, no es legal ni legítimo que abiertamente se direccionen preferencias por una fe específica. 

¿Pero qué es lo malo de esto realmente? Aparte de la separación que por ley debe haber entre Iglesia y Estado, hay un problema de fondo aún más preocupante. En este país y en el mundo se están tomando decisiones de competencia política con la Biblia en la mano. No es un secreto que el Plebiscito por La Paz lo ganó el NO gracias a la alianza entre uribistas y pastores cristianos que manipularon el voto de sus seguidores. El matrimonio y la adopción de parejas del mismo sexo también se está discutiendo con la Biblia en la mano, y, más allá de si está bien o mal, los argumentos de quienes se oponen a estos asuntos con más fuerza son del tipo "Dios nos hizo hombre y mujer" o "es que en la Biblia dice...". Hay una alianza muy perjudicial entre políticos e iglesias. Los políticos saben que los creyentes tienen fe ciega en su líder. Sí, fe ciega. Lo consideran incluso una cualidad. Así pues, la estrategia es simple: hago política con la Biblia en la mano, recibo los votos de las mayorías cristianas y católicas del país, y una vez en el poder devuelvo el favor a los pastores y las iglesias oponiéndome al matrimonio gay, a la adopción igualitaria, a la eutanasia, a que le suban impuestos a las iglesias... en fin. 

Es muy difícil pedirle a un creyente que analice la realidad del país desde una perspectiva independiente y que tome partido ante las discusiones de interés nacional, sin tener en cuenta lo que le ordena su libro sagrado, y es también muy complicado que los políticos separen las creencias que les fueron inculcadas desde niños de sus actuaciones políticas y sus responsabilidades ante los ciudadanos.
La semana pasada surgió una polémica por la celebración de la fiesta de la Virgen del Carmen. Se llegó incluso a cancelar la celebración. La comunidad puso el grito en el cielo y las redes sociales explotaron con comentarios contra la alcaldía. La iglesia y Expreso Girardota se manifestaron en contra de darle prioridad a la cabalgata para recoger fondos en favor del hospital. Personalmente no leí un solo comentario a favor de la cabalgata y sí un sinnúmero de fuertes palabras para la administración. Casi podía imaginarme al alcalde amarrado a una de las palmeras del parque y a la comunidad enfurecida prendiéndole fuego por hereje. En este pueblo, epicentro religioso del departamento, podría decirse que literalmente la voz del pueblo es la voz de Dios. Ningún alcalde va a querer que lo señalen de haberle arrebatado a la comunidad los símbolos de su fe, perdería esos votos.

Cuando leí el comunicado de la alcaldía para aclarar la situación, solo hasta el final supe que lo firmaba el alcalde y no el párroco, aunque bien pudo éste último haberlo redactado. Comenzando con un título ambiguo: "La fe no nos desune sino que nos une" ¿Cuál fe? Asumo que la católica y que nos metieron a todos en el mismo costal. Más adelante y luego de las aclaraciones pertinentes y de informar la fecha de la celebración a la Virgen, se da como argumento de la decisión el hecho de que para la alcaldía "la fe es un bien y debe ser derramada en los pueblos". ¿Cómo puede sentirse la comunidad no católica al enterarse que desde la administración municipal han asumido la responsabilidad de derramar la fe católica en las personas del municipio? Todos, aunque seamos minoría, tenemos derecho a que nuestra libertad de pensamiento y de culto no sea puesta en tela juicio por una entidad pública. Cada iglesia privada tiene sus medios para captar feligreses sin necesidad de ayuda del gobierno. Ayuda, por cierto, ilegal e inmoral. Desde los que se paran en una esquina con un carrito lleno de revistas La Atalaya y que tocan y tocan puertas llevando su palabra, hasta las grandes iglesias con grandes templos que, casual o estratégicamente, están ubicadas casi siempre contiguo a las alcaldías municipales. Quizás por esto resulte tan difícil la separación entre Iglesia y Estado en Colombia.

Hace poco más de un año, durante la época de sequía, ocurrió un evento en nuestro municipio que podríamos denominar de lo más pintoresco: La rezatón por la lluvia. Sí, la comunidad salió a las calles a solicitarle al omnisciente, al que tiene un plan perfecto, que modificara su plan perfecto y que hiciera llover. La sequía era fuerte y la lluvia necesaria. Podría uno comparar la situación con la danza ritual que hacían los nahuas en mesoamérica al dios de la lluvia, Tláloc. Tláloc hacía caer “el néctar de la tierra” en la estación de lluvias. Podríamos entrar en la discusión acerca de quién es, entonces, el que realmente hace llover: ¿Jesús o Tláloc? O a lo mejor ambos, o cualquiera de los innumerables dioses de la lluvia que han existido y existen en la actualidad en las diferentes culturas del mundo. El caso es que llovió, como puede o no llover hoy. Con o sin gente en las calles rezando o danzando y de ésta manera el pueblo aprendió que para combatir el cambio climático hay que rezar. Por supuesto esa es la solución de emergencia, ya que a nadie se le ocurrió durante todos estos años hacer frente al cambio climático, sobre todo al calentamiento global derivado de la acción humana, del cual se tiene noticia desde la década de los 70, a nadie se le ocurrió proponer la defensa de los bosques nativos, o la protección de fuentes de agua, o el reciclaje y la reutilización de los recursos. No, es más efectivo rezar. No gratuitamente estamos en el país del sagrado corazón de Jesús, el mismo que está colgado en el concejo municipal. Como leí por ahí, al paso que vamos la constitución no va a tener artículos sino versículos.

Hoy Girardota cuenta con el prestigio de ser pionero en la implementación de desfibriladores en sitios de gran afluencia de personas, gracias al proyecto Ciudad Cardioprotegida. Obviamente el hecho de estar un paso adelante ante una situación que comprometa la vida de las personas es algo bueno. Sin embargo, anhelo el día en que debamos instalar este tipo de aparatos menos en las catedrales y más en las casas de la cultura, en las bibliotecas o en las instalaciones de los espacios deportivos.
Ya no quiero más que al decir de donde soy la gente me diga “Ah!, Girardota. Yo fui en semana santa a pagar una promesa”. Realmente sueño con el día en que nos reconozcan por el talento que sin duda hay en el municipio a nivel de escritores, músicos, deportistas, profesionales, artistas, y que la comunidad mira muchas veces de reojo. Que los foráneos quieran venir a nuestro municipio a ver un museo o a escuchar un concierto del talento local y que por ejemplo haya una librería que se sostenga con la gran demanda de los girardotanos. 

Cuando era adolescente, recuerdo que los fines de semana tocaban a la puerta de mi casa en las mañanas y mi mamá nos decía que no abriéramos. Que demás que eran los testigos de Jehová. Era molesto que te quisieran meter otra religión diferente a la católica. Ahora me pregunto si no es más molesto tener que soportar que una semana completa el municipio se llene hasta desbordar y que todo el espacio público sea cedido con privilegio a una iglesia en particular y sus diferentes franquicias. Yo personalmente prefiero que los fines de semana, a una hora prudente, un par de señoras bien vestidas toquen a mi puerta y con una sonrisa me expliquen, pacientemente, las mil y un maneras de arder en el infierno por toda la eternidad.

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