El Asalto a la Razón en el Siglo XXI

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Por: Carlos Eduardo Cano Martínez

El pasado 27 de agosto la corte constitucional colombiana puso en tela de juicio la rigurosidad de la ciencia, al eliminar la obligatoriedad (Antes no era de obligatoria aplicación, era obligatoria su gratuidad; pero no dependía como lo es ahora del consentimiento informado de la joven o sus padres) de la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano (VPH).

Llegó la corte a esta conclusión, luego de examinar algunos casos de aparentes efectos secundarios propios de la vacuna; entre estos, el tan sonado episodio en un colegio de Carmen de Bolívar, donde un grupo de adolescentes sufrieron desmayos, dolores y convulsiones luego de que se les aplicase la vacuna del VPH. Esto causó revuelo nacional y provocó un enfrentamiento entre el Ministerio de Salud y los pobladores del citado municipio, en el que también mediaron voceros de las pseudociencias y hasta líderes religiosos contrarios a la idea de la vacunación.

Este caso sin duda fue un antecedente que el  magistrado de la Corte Constitucional tuvo en cuenta para decidir el sentido de la sentencia;  desconoce el magistrado Alberto Rojas, lo que en la ciencia se denomina como psychogenic mass reactions que no son más que reacciones psicológicas a las vacunas cuando estas son aplicadas a un grupo grande de personas; el físico Clemens C J Roothaan en su artículo Mass psychogenic illness after vaccination (Enfermedad psicogénica en masa después de la vacunación) expone que: Cuando las vacunas se administran a grupos, las reacciones físicas de los receptores pueden ser similares, provocando una forma de reacción en masa, cuyo mecanismo es el mismo que el de reacciones en masa de otras causas. Estos fenómenos han sido categorizados como enfermedad psicogénica de masas (MPI) y se han definido como la ocurrencia colectiva de una constelación de síntomas sugestivos de enfermedad orgánica, pero sin una causa identificada en un grupo de personas con creencias compartidas sobre la causa del síntoma (s) (Clemens, 2003, pág. 599).

Algunos creerán que la corte fue salomónica y que en ningún momento subestimó la rigurosidad científica; pero la sentencia sí pareciera ser un triunfo de la superstición; cuando una institución como la Honorable Corte Constitucional le envía el mensaje a la población de que no se tiene certeza de la pertinencia de un instrumento avalado científicamente y que busca salvar vidas, da cabida a que se instaure de ahora en adelante la duda sin fundamento sobre cualquier vacuna. Se abre la puerta ahora para que “charlatanes” infundan miedo a la población mediante argumentos místicos, acientíficos, anticientíficos o simplemente contraevidentes.

Queda claro que el criterio utilizado para poner en duda la vacuna para el VPH, puede aplicarse en vacunas que ataquen enfermedades mucho más letales y a aquellas tan necesarias como las de sarampión, varicela, polio etc., si bien esto representa un costo para la salud de la población colombiana, también es una carga económica que debemos pagar todos, al enfrentar problemas de salud pública cimentados en el principio de la no racionalidad. Recordemos cómo en otros países-especialmente del continente africano- a partir de la promulgación de creencias religiosas encaminadas a condenar la evitabilidad del embarazo, se fomentó de manera irresponsable el no uso de preservativos en las relaciones sexuales, con el nefasto efecto de la proliferación de muchas enfermedades de transmisión sexual, entre ellas el VIH.

He tomado el anterior episodio, porque noto con preocupación que la realidad actual no se corresponde con los principios del renombrado proyecto filosófico de la modernidad, que más allá de sus barbaries ha dejado también una valiosa herencia racional y de fomento y desarrollo de la investigación científica con resultados a todas luces visibles. Al parecer aun en el siglo XXI la superstición, la mística, el pseudocientifismo opera. Más allá de las críticas propuestas a la modernidad, planteadas por autores como Dussel, Santiago Castro-Gómez y otros tantos, quiero centrarme en los objetivos específicos de este proyecto y contrastarlos con la actualidad, pues la crítica a la modernidad no puede convertirse en la puerta de entrada a concepciones animistas que tanto daño le han hecho a la humanidad, al justificar y promover posturas racistas, xenófobas, homofóbicas y machistas.

El siglo XVIII fue testigo del advenimiento de un periodo que llevó como nombre la Ilustración. Los filósofos del iluminismo fueron los que fundamentaron las tesis estructurales: El proyecto de la modernidad formulado por los filósofos del Iluminismo en el siglo XVIII se basaba en el desarrollo de una ciencia objetiva, una moral universal, una ley y un arte autónomo y regulado por lógicas propias. Al mismo tiempo, este proyecto intentaba liberar el potencial cognitivo de cada una de estas esferas de forma esotérica. Deseaban emplear esta acumulación de cultura especializada en el enriquecimiento de la vida diaria, es decir en la organización racional de la cotidianidad (Habermas, 1985, pág. 5). Es decir, se establece la racionalización y la secularización de lo cotidiano, por lo que se desprenden análisis racionales que por supuesto están por encima del poder que ostentaba la religión, y dejando a esta en un segundo plano.

Por otro lado, Kant era claro en asegurar que: “La Ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la incapacidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella sin la tutela de otro… ¡Ten el valor de servirte de tú propia razón!: he aquí el lema de la Ilustración (Kant, 1972, pág. 25). Si bien como lo asegura Kant existe esa “Culpable incapacidad del individuo” no quiero tan solo reducir el problema de este tipo de creencias a quienes las poseen, pues sería erróneo entrar a señalar y estigmatizar. Lo realmente necesario es encontrar -o por lo menos explorar- por qué aún se mantienen estas ideas místicas en una sociedad que ha evidenciado y experimentado los más grandes avances de la ciencia en su historia.

En primera medida, indiscutiblemente el miedo es un factor decisivo a la hora de valorar la creencia en algo no fundamentado; desde mi perspectiva,  la muerte es un miedo generalizado; incluso quienes obran de suicidas como los extremistas tienen miedo a ella, porque la muerte es también para ellos el después de dejar de existir, es el miedo a no estar bien en “la otra vida”; por ende no es sorpresivo que usted pueda encontrar durante el transcurso de la historia la creación de distintos dioses, unos más globales que otros, pero que conservan la línea clara de ser el consuelo para el individuo  cuando este sabe que la vida es limitada. Esta forma de alienación, de carácter religioso, hace parte aun de la vida cotidiana de una porción significativa de la humanidad.

Explicado esto, la cuestión es responder por qué aun, a millones de años de evolución el ser humano no se desprende de lo no racional; creo que hay que partir de una idea clara y es que la religión es una construcción cultural, enraizada de manera profunda en la humanidad. Es difícil pretender desde la orilla crítica o atea, que todos de una manera generalizada eliminen esta alienación; el problema se extiende cuando un misticismo como la fe, desagrega un sinnúmero de creencias tales como la astrología, cerealogia, creacionismo, numerología, parapsicología, quiromancia etc.

Tal es el tamaño de lo místico, de lo no racional, que existen ya aparatos amorfos llamadas pseudociencias que han logrado tomar el lenguaje científico para aparentar criterio, prestigio y rigor. Para ello quiero tomar un ejemplo que expone Isaac Asimov a través del personaje ficticio Salvador Hardin, en su novela fundación:Examinen fragmentos de pseudociencia y encontrarán un manto de protección, un pulgar que chupar, unas faldas a las que agarrarse. Y, ¿qué ofrecemos nosotros a cambio? ¡Incertidumbre! ¡Inseguridad!”; es más fácil estar del lado de las ideas que nos dan consuelo, refugio, esas que no hacen cuestionar nada, que de aquellas que generan miedo, las que hacen estremecer nuestra mente y que superponen un cambio de vida total. Como señaló Estanislao Zuleta en su famoso Elogio de la Dificultad, “En lugar de desear una filosofía llena de incógnitas y preguntas abiertas, queremos poseer una doctrina global, capaz de dar cuenta de todo, revelada por espíritus que nunca han existido o por caudillos que desgraciadamente sí han existido”. (Zuleta, s.f., pág. 14)

No obstante, ya la Europa que cimentó la modernidad parece haber dado grandes avances en esta materia. Ha logrado que países posean una población no creyente superior al 40%, han cerrado iglesias y abierto en ellas bibliotecas, es decir, se abre una luz de esperanza para el conocimiento; pero si llevamos la mirada a esta parte del planeta, es inapelable que Latinoamérica aún se encuentra atrapada en esa particular mezcla de premodernidad, modernidad y posmodernidad. Ya tal vez la iglesia católica no posea la gran influencia que cargaba hace décadas, pero esta no se disipó por completo; aquellos que ahora no viven bajo este dominio, se encuentran en la orilla de las nuevas sectas fundamentalistas surgidas del negocio de la fe. Estas ahora no solo ejercen funciones en el campo de la espiritualidad, sino que participan  en la política de cada uno de los países que conforman la región latinoamericana.

Pero de ello no se salva ni la avanzada nación del norte; en Estados Unidos se resisten a desaparecer los supremacistas blancos, estos que apelan a la no razonable idea de que todo lo que opera mal en ellos es culpa de las otras razas, y que son ellos los llamados a liderar este mundo; así mismo se puede usted topar con grupos de individuos (Preppers) que bajo la idea de que en cualquier momento se acaba el mundo, o se altera el orden político y social fundamentan su vida en prepararse para ello. Estados Unidos, la principal potencia económica y militar del globo, es epicentro de muchas de las más importantes –y reaccionarias- multinacionales de la fe.

Alguna vez José Saramago dijo que había dejado la idea de tratar de convencer a alguien, pues esa idea era una falta de respeto, en un intento de colonizar al otro; yo no lo creo así. Creo que es hora que desde las distintas áreas del conocimiento, desde los diferentes grupos sociales y políticos, se enfrente al misticismo, la pseudociencia, la mentira, la charlatenaría, la espiritualidad espuria, la no racionalidad a través de cuestionar al otro, de retarle a discutir mediante los argumentos; eso sí, reconociéndole a aquellos que hacen parte de la superstición respeto por sus criterios, entendiendo también el contexto en que han crecido, y lo difícil que también ha sido para nosotros, los escépticos, quitarnos la venda del misticismo. Para que no quede duda ante el proyecto de la modernidad, que logró cimentar una sociedad sanamente escéptica que apela a la razón y la duda.

 

Referencias

Clemens, C. (2003). Mass psychogenic illness after vaccination. Drug Saf, 599.

Habermas, J. (1985). El Discurso Filosòfico de la Modernidad. Madrid: Taurus.

Kant, I. (1972). Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres. México: Porrúa.

Zuleta, E. (s.f.). El Elogio de la Dificultad y Otros Ensayos. Bogotá: Ariel.


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