El Paro Cívico Nacional del 14 de Septiembre de 1977: La Jornada de Lucha que Vislumbró la Esperanza

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Por: José Arnulfo Bayona. Miembro por, esa época, del Comité Ejecutivo de FECODE [1]

Aquel 14 de Septiembre, el pueblo colombiano hizo gala de su espíritu levantisco y desafiando el Estado de Sitio, el toque de  queda, la militarización de campos y ciudades, la restricción de las libertades ciudadanas y la orden de reprimir violentamente las protestas callejeras, que había decretado el régimen del presidente liberal Alfonso López Michelsen, salió masivamente a  participar en el PARO CÍVICO NACIONAL convocado por las cuatro Centrales sindicales UTC, CTC, CGT y la CSTC, en que estaba dividido el movimiento sindical de la época. A este llamado también se sumaron las pujantes organizaciones del movimiento sindical independiente liderado por FECODE, la USO y organismos de coordinación conformados por las diferentes organizaciones de las izquierdas distintas al partido comunista, (PCCML, MOIR, Bloque Socialista, entre otros); así como las organizaciones campesinas y los movimientos cívicos regionales, las juntas de  acción comunal de las grandes ciudades y de pueblos pequeños, movimientos estudiantiles de secundaria y universitarios, movimientos indígenas y comunidades negras.

Al paro concurrieron multitudes que  salieron a la protesta obrera, cívica y popular, a expresar su ira contra  el mal gobierno del llamado “Mandato Claro”. El pueblo había desbordado las fronteras definidas por el Consejo Nacional Sindical-CNS, que pretendía una jornada de protesta pacífica y paro de brazos caídos de la clase trabajadora. Fueron inútiles los llamados de las direcciones de las centrales sindicales afines al gobierno y al bipartidismo dominante, CTC y UTC, a “permanecer en sus casas, en forma seria y recogida”, evitar enfrentamientos con la fuerza pública y abstenerse de participar en manifestaciones públicas; y de alguna manera se sintieron interpretados por la idea de salir a las calles  masivamente a realizar la protesta pública  y agitar las consignas que motivaron el paro, promovida por la CSTC de orientación comunista, el sindicalismo independiente,  las izquierdas y las organizaciones cívicas, estudiantiles y populares que no atendían órdenes de las burocracias  sindicales.

El paro no se realizó de manera espontánea sino que fue el resultado acumulado de procesos de organización  y luchas sindicales anteriores a su realización,  como el surgimiento de la nueva central sindical CSTC en 1964, de orientación comunista, cuyas federaciones departamentales y de industria dirigidas por miembros del Partido comunista habían sido expulsadas de la CTC en 1960; así como, el surgimiento de organizaciones sindicales y federaciones independientes, agrupadas en coordinadoras de variopintas orientaciones políticas, como FECODE, SITELECOM, BLOQUE SINDICAL INDEPENDIENTE, FENASINTRAP, entre otras; los paros convocados por la CTC y la UTC en 1965, contra la carestía y la represión laboral en el gobierno de Guillermo León Valencia que, sin realizarse, logró la ampliación del fuero sindical, el pago de salario triple dominical y mayor estabilidad laboral, el paro Nacional decretado por UTC y CTC en 1969, contra el alza de transporte, la carestía y por mejoras laborales, durante el gobierno de Carlos Lleras Restrepo, Paro Nacional a realizarse el 8 de marzo de 1971 convocado por  la UTC en acuerdo con la CSTC, contra el gobierno de Misael Pastrana Borrero, contra el golpe a los salarios por el ciclo inflacionario del boom exportador, el mayor enriquecimiento de los sectores empresariales. la sobre explotación y el agravamiento de las condiciones de trabajo, así como el incremento del costo de vida, paro que tuvo una amplia agitación en el País, pero su alcance fue parcial y duramente reprimido por el gobierno.

Los/as maestros/s agrupados en FECODE en los 70, realizaron numerosos paros y movilizaciones contra el Estatuto Docente de Galán, por la nacionalización del pago de sus salarios y por un Estatuto que profesionalizara el ejercicio docente negociado con FECODE. Agréguese además y de manera importante, los numerosos procesos de movilizaciones populares y paros cívicos de carácter regional, departamental y municipal, realizados a lo largo y ancho del país, desde el gobierno anterior y durante el gobierno de López Michelsen, contra la carestía y los malos y costosos servicios públicos.

Todas estas acciones e intentos de lucha fueron  sumando experiencias de la clase trabajadora y sus organizaciones en el campo de luchas más  globales  de alcance regional y nacional, estimulando el activismo y curtiendo liderazgos, que además desarrollaban discusiones y experiencias de unidad de acción y frente único de la clase trabajadora y los movimientos cívicos y populares. Así mismo, asimilaban las frustraciones por las incoherencias, el entreguismo y la traición de sus direcciones burocráticas.

En las postrimerías del Paro Cívico Nacional, se vivió un contexto de huelgas, paros y movilizaciones de los trabajadores petroleros, cementeros, docentes, trabajadores de Indupalma, entre muchos, antecedidos por la huelga de médicos al servicio del ICSS en octubre  de 1976, que luchaban contra la reestructuración del Instituto y por condiciones dignas de trabajo y mejores salarios. El espíritu unitario que venía gestándose, se expresó en la convocatoria y realización unificada de la marcha del primero de Mayo de 1977 por parte de  CSTC,  CGT, CTC, UTC, CITE, la Central Nacional Pro-vivienda, el Movimiento Estudiantil, las Mujeres Demócratas y el partido Comunista, la  Unión Revolucionaria Socialista y el Bloque Socialista. Agitaron la bandera de la unidad e hicieron público el pliego nacional de peticiones de 9 puntos que sería presentado al gobierno.

En Agosto de 1.977, UTC y CTC levantaron pliego de 11 puntos y unificaron decisión de ir al paro el 17 y 18  del mismo mes. El 20 de agosto la cuatro centrales, UTC, CTC, CSTC y CGT, conformaron el Consejo Nacional Sindical – CNS – produjeron la declaración del paro cívico y las orientaciones para la conformación de organismos y comités unitarios de organización y promoción del paro en todos los niveles, sindicales, barriales, cívicos y populares; rechazaban los tribunales de arbitramento y llamaban a la solidaridad con los sectores de trabajadores en conflicto. Se condenaba la represión estatal, la reestructuración del ICSS, el Estatuto Docente oficial, se  reafirmaba su carácter de protesta social, no política, ni subversiva, como pregonaban el gobierno y los medios oficiosos del mismo. Además, la convocatoria  fue amplia porque  se llamaba al movimiento sindical, a los trabajadores del campo, a las amas de casa, a los trabajadores informales, independientes, a los desempleados y al estudiantado a participar y comprometerse con el Paro Cívico Nacional. Así maduraron las condiciones subjetivas y objetivas para la realización de esta jornada de lucha que quedó registrada en nuestra historia como la más importante de la segunda mitad del siglo XX.

Los métodos de lucha que se expresaron en el paro fueron proletarios, plebeyos y populares, de la deliberación pública, de auto organización y la movilización desde las bases. Así se desarrollaron tareas de agitación de las consignas del paro, propaganda y organización de comités sindicales, barriales, cívicos, estudiantiles y populares, en reuniones previas de información con participación de hombres y mujeres de todas las tendencias políticas, y de las más variadas  organizaciones, como la defensa civil y las juntas comunales, jornadas desarrolladas con el espíritu de lucha a flor de piel, de amplia participación pluralista y desde abajo. Fue esta conjugación de intereses propios y comunes la que hizo posible  la realización de la protesta del más amplio espectro para enfrentar las políticas antisindicales y antipopulares del gobierno.

El paro se hizo sentir a lo largo y ancho de  nuestra geografía nacional, la lucha tomó el rumbo que las masas  populares quisieron darle  en cada región, en cada barriada y en cada fábrica, trabajadores y pobladores, utilizaron los métodos de lucha que le son propios, desde la toma masiva de las calles, brigadas de trabajadores que impedían el ingreso a las fábricas, quema de llantas, bloqueo de vías y regada  de tachuelas, grapas, y clavos, doblados con fervor en las jornadas previas  también masivas, de preparación para ser utilizadas el día del paro, con el fin de impedir  la circulación de  buses y busetas y paralizar el transporte urbano.

La participación de  la clase trabajadora fue masiva; las centrales sindicales que  para la fecha, según datos  oficiales registraban 3.920 sindicatos y 1.200.000 afilados, equivalentes al 17% de la población económicamente activa (7.000.000 de trabajadores) reportaron una parálisis laboral del 90%, se calcula que junto a los trabajadores del campo la participación ascendió a dos millones y medio de trabajadores, que sumado a la participación de sectores sociales, barrios populares y población en general el paro movilizó más de  cinco millones de personas. La  dimensión del cese laboral se puede apreciar en la vasta variedad y calidad de los participantes; se pudo constatar que los educadores, trabajadores oficiales, del transporte público, el comercio en todas sus actividades, los trabajadores petroleros, los cementeros, la salud, de la palma, para nombrar solo unos cuantos, garantizaron la parálisis de legiones de la clase trabajadora e hicieron sentir de manera contundente el paro laboral.

Por su parte los sectores sociales, barriales, defensa civil, juntas comunales y organizaciones  populares realizaron el paro de manera amplia y participativa y también autónoma; En asambleas barriales de  discusión sobre el pliego nacional, levantaron reivindicaciones propias de los barrios, tales como el rechazo a la valorización, el alza de transportes, los elevados costos de los servicios públicos, los desalojos de las viviendas de la Caja de vivienda popular en Bogotá, entre otras, y las enlazaron al pliego de las centrales, e imprimieron al movimiento una dinámica cívica de vasta proporción y de  masiva concurrencia a la  lucha planteada por la clase trabajadora.

 El éxito del paro fue incuestionable, según lo valoraron desde las más variadas posiciones sindicales, sociales y políticas. Las centrales el 14 de septiembre emitieron comunicado dando  un parte de victoria y señalando que el paro fue un éxito en todo el país, ratificando que era un paro pacífico, y ordenaron su levantamiento  a la hora cero de esa misma noche. Hay que decir que el CNS jugó un papel contradictorio, que bien lo señala Ricardo Sánchez en el libro, porque por una parte, de manera positiva, propició “la convocatoria  al paro en torno a una plataforma común clasista, democrática y popular” y por la otra, de manera negativa, porque resolvió “llamar a la desmovilización justo cuando la protesta comenzaba a generalizarse” (paginas 366-367)

Los dirigentes de las centrales patronales reconocieron que “No solo fue un paro sindical, fue un paro cívico, de protesta del pueblo organizado y no organizado……de gentes sin empleo, de campesinos sin tierra, de hombres sin educación, sin universidad, con salarios de hambre. Contra este régimen se lanzó el pueblo” (Tulio Cuevas. Presidente de UTC). “Es que había intereses comunes entre las amas de casa y los obreros….el paro fue laboral y cívico” (Gustavo Díaz Raga. Presidente de la CTC). “En primer lugar el paro cívico nacional no fue obra solo de uno u otro sector” (Víctor Baena. Presidente de la CGT); y por su parte Pastor Pérez, presidente de la CSTC, acotó que “El paro cívico estrechó más los nexos de la clase y comprobó que los trabajadores de diferentes afiliaciones sindicales pueden luchar juntos”. Años más tarde, el presidente de la CUT, Carlos Rodríguez, señaló que “el paro cívico fue un éxito rotundo”.

Por su parte, los  dirigentes de los partidos  y organizaciones de izquierda coincidieron en destacar el éxito del paro en sendas declaraciones. Para Gilberto Vieira  “El paro cívico Nacional no fue la expresión espontánea de un día de ira popular, sino la expresión organizada de un amplio movimiento de inconformidad que se inició el pasado mes de mayo…”; El PST, que estaba recién creado, declaró que “El Paro cívico Nacional ha sido el acontecimiento de la lucha de clases en este periodo, y un hecho sin precedentes en la historia de Colombia; por primera vez se da una movilización de alcance nacional, convocada por el frente único de las organizaciones obreras,  en primer lugar de las cuatro centrales, con el apoyo de la casi totalidad de los partidos de la izquierda y de algunos sectores de la oposición burguesa”. En el periódico Tribuna Roja, órgano del MOIR, se hace énfasis en que en el 14 de septiembre desembocaron las luchas y los paros cívicos que se venían dando porque “las necesidades más apremiantes de las poblaciones se fundieron en uno solo nacional que comprendía los reclamos económicos y políticos, antiguos y recientes, particulares y comunes de las clases revolucionarias”

Para los estudiosos e investigadores, de estas luchas, intelectuales y académicos, el éxito y el significado histórico del paro se presenta  de distintas maneras. El historiador Álvaro Delgado destaca que “el cese de labores fue…muy extendido. Nunca antes en la historia colombiana había sucedido tal cosa”. En opinión de Daniel Pécaut,  “se trata en realidad de mucho más que una huelga obrera”. Moncayo y Rojas calificaron la jornada  como “la insurrección del 14 de septiembre; el momento más alto dentro de la lucha obrera y los sectores populares está representado en 1977 por el paro del 14 de septiembre” y para el propio Ricardo Sánchez “a lo que asistimos fue a un paro que adquiere características de huelga general. A un sorprendente despliegue de las fuerzas proletarias en particular y del movimiento popular en general”. Para Leopoldo Múnera, el paro cívico nacional “tiene para los dirigentes sindicales  y sus analistas, con pocas excepciones, el carácter de geta épica”

Marcel Silva, abogado laboralista y asesor sindical afirmó que, “Sin lugar a dudas es la movilización de masas urbanas más grande que se haya dado en la segunda mitad del siglo XX”, en donde, “un alto grado de espontaneidad en la movilización pone al desnudo la gran inconformidad del pueblo con la situación del país…”.  El maestro Nicolás Buenaventura, comparándolo con los acontecimientos de mayo de 1957, para resaltar el papel de la clase trabajadora, afirma que “el paro del 14 de septiembre es un 10 de mayo al revés, en cuanto  no es la burguesía la que dirige el paro, sino la propia clase trabajadora y sus organizaciones sindicales” y, finalmente, el historiador Medófilo medina,  remata situando el 14 de septiembre de 1977 como el momento de inflexión hacia un nuevo periodo de dos décadas de crisis política”, de tales dimensiones y alcances fueron vistos, por voceros e inspiradores del pensamiento crítico,  los acontecimientos de aquel 14 de septiembre de 1977.

Por otra parte,  las posiciones de la contraparte, es decir, del gobierno de turno y las  clases dominantes y los medios masivos a su servicio, fueron contradictorias. Mientras que para el presidente Alfonso López, según su alocución del 14 de septiembre en la noche, después de anunciar el toque de queda, dijo que el paro había sido un fracaso y que había “degenerado en una empresa de sabotaje…pero sobre todo detrás de…se trata de la subversión del motín y ante las cámaras de la TV, en una actitud entre cómica y ridícula, hizo el señalamiento de  “los instrumentos criminales usados como armas de los huelguistas, clavos “que se enterraban en las juntas de los pavimentos, o puntillas o grapas que provocaron la parálisis del tránsito en la ciudad”; calificó el paro como “un pequeño 9 de  abril” por el caos y la destrucción y no por  el significado político de los hechos después del asesinato del caudillo Jorge Eliecer Gaitán, sofocado violentamente por las fuerzas militares con el apoyo de sus aliados políticos.

Los  periódicos de la época, oficiosos defensores del establecimiento, hicieron valoraciones diferenciadas, especialmente sobre los factores que dieron origen y el tratamiento que debería darle el gobierno. Para El Siglo de la familia Gómez Hurtado y El Tiempo de los Santos, el paro fue usado como mecanismo de expansión del comunismo internacional, promovido por “extremistas que  buscaban el colapso del “régimen”, sin causas justificadas,  pues se trataba de un “ataque injustificado al régimen”. Pero además El Espectador y el siglo reconocieron que el régimen estaba colapsado, que  la inflación era negada por el gobierno y que  los extremistas habían tomado ventaja de la situación y habían creado una atmósfera de guerra, que en consecuencia había que apoyar el régimen y pedían reprimir la protesta sin contemplaciones. En contradicción con estas  posiciones, el periódico La República, de la casa Ospino – Pastranista, consideró  que el paro era consecuencia “del descontento popular debido a una situación de pobreza económica”, de inflación y de miseria, que la protesta de los trabajadores no amenazaba el régimen, ni había complot comunista y que no había que reprimir con el uso de la fuerza militar sino recurrir al diálogo para  resolver el conflicto. El paro contó con el apoyo de esta fracción de la oligarquía.  La mano dura fue el clamor de la mayoría de los monopolios de la prensa y la mayoría oligárquica, posición que hizo evidente la magnitud del paro y el éxito del mismo.

El dirigente liberal y director del Diario El Heraldo de Barranquilla, Juan B Fernández, defensor del gobierno de López, calificó el Paro Cívico nacional como “El hecho nacional más importante de los últimos tiempos”, no dudó en afirmar “que el paro fue un éxito completo. Es decir que tuvo más éxito que el esperado por sus propios organizadores”. Como “la mayor protesta obrera de los últimos años” calificó el periódico cubano Granma el paro cívico colombiano… “El llamamiento de la centrales obreras se hizo para un paro cívico. No se trataba solamente de una cesación en el trabajo de fábricas y campos: Era una invitación general a la ciudadanía corroída en sus niveles por la erosión cotidiana de la inflación” acotó el dirigente liberal Guillermo Hernández  Rodríguez. Por su parte el dirigente conservador y defensor de los Derechos Humanos Alfredo Vásquez Carrisoza remató con esta sentencia: “Se trató de una gran batalla entre el pueblo y el ejército”

La presencia de las multitudes rebeldes en las calles, barrios, plazas públicas y veredas, exacerbó los ánimos y desató su cólera para enfrentar la ciudad militarizada, como territorio de ocupación por  las fuerzas militares, de policía y los  agentes secretos, cuya misión era sofocar el paro a cualquier precio. Todo un dispositivo militar de intimidación y amenaza que desató la ira de la población movilizada; la orden de disparar fue ejecutada contra los manifestantes que se dispusieron a responder con pedreas y barricadas. La respuesta violenta de  las fuerzas del régimen cobró un precio grande: “la masacre perpetrada contra niños, jóvenes y adultos, además de numerosos heridos”.  Entre 19 y 24 asesinados, según el investigador Oscar Delgado; más de 30 muertos, centenares de heridos, arriba de 7.000 detenidos, 1.000 trabajadores despedidos y 35 personerías sindicales suspendías, según el presidente de la CSTS, Pastor Pérez. La soberbia del mandatario gran burgués, lo llevó a echar mano del Estado de  sitio para dar al paro tratamiento de guerra interior, de problema grave de orden público, para no reconocer el conflicto y “darle un tratamiento de protesta laboral, social y cívica” como debe ser en una democracia.

El paro logró pocos de los propósitos  plasmados en el pliego nacional, en lo reivindicativo un reajuste del salario mínimo, igual que un alza del salario de los trabajadores del Estado y la expedición del decreto 1497 sobre libre asociación sindical. El alza general de salarios, consigna central del paro laboral, fue rotundamente rechazada por el gobierno. Pero como dice Ricardo en su libro “El triunfo estaba en que el movimiento se realizó ampliamente en el país y en Bogotá se prolongó hasta el día siguiente. La marea de la multitud ocupó el escenario simbólico y real de la protesta” (pág. 367)

Esa y muchas lecciones dejo gravadas en la memoria histórica de la clase trabajadora y los sectores populares. En el libro mencionado, el autor presenta un conjunto de conclusiones y enseñanzas del paro, pero por razones de espacio solo citaré tres que se refieren  la experiencia de la movilización y la unidad de los oprimidos y los explotados  como componente indispensable para  retomar el camino de la lucha libertaria y por la emancipación de los de abajo:

La primera  se refiere al carácter decisivo de la composición plural y popular de los/as participantes “El paro tuvo un componente combinado, obrero y popular, de mujeres niños, jóvenes y hombres, bogotano y nacional, de brazos caídos y de motines multitudinarios. Fue convocado con una plataforma común y al mismo tiempo se dio espontáneo en la iniciativa y creatividad de los concurrentes, trabajadores y pobladores de carne y hueso. La mayoría de los que protestaban ese día tenían conciencia de las razones de su lucha y de sus objetivos” (pág. 390)

La segunda  referida a la importancia  de las concurrencias unitarias para la lucha “La unidad de  la clase trabajadora en formas de coordinación como el Consejo Nacional Sindical, la concurrencia unitaria de las izquierdas- en medio de ruidosas divergencias-, al igual que distintas organizaciones populares y cívicas mostraron que el asunto de la unidad es decisivo para los intereses y las luchas de los trabajadores. La unidad vino a ser  un asunto de alta política, de programa y de los sentimientos en la realización del paro” (pág. 391)

  La tercera  en  relación a Formas de lucha resultado de deliberación colectiva y auto organización de abajo hacia arriba. ”El paro renovó la discusión sobre las formas de lucha que están en la expresión histórica de la clase trabajadora Colombiana, pero igualmente de América Latina y el mundo. La forma del paro cívico regional y nacional, de la protesta de la multitud pluralista de los de abajo, en su componente proletario y plebeyo, al igual que de la huelga, el levantamiento barrial, el bloqueo de vías y del transporte fueron revisitadas” (Pag.390).

En la memoria histórica de la clase trabajadora, de las organizaciones cívicas, sociales y populares, de los movimientos indígenas, campesinos, de mujeres, estudiantiles y negritudes quedó registrada esta gran gesta popular que sin duda  fue un ensayo de rebelión de los de abajo, de los oprimidos, los excluidos, humillados  y los ofendidos, con sus métodos de lucha obreros, campesinos, populares y plebeyos, conjugados en un frente único para la lucha: Quizá debemos agregar. como gran lección, que para  avanzar en dirección a protestas más amplias, emancipadoras y libertarias, se requiere de un programa, una dirección unificada de las Izquierdas y un plan de acción construido desde abajo y mediante el método democrático de la deliberación pública.


[1]  Esta memoria del Paro Cívico Nacional de 1977, está basada en el Capítulo Noveno del Libro HUELGA, Luchas de la Clase trabajadora en Colombia. 1975 -1981. Tesis Doctoral del Historiador, camarada y amigo, Ricardo Sánchez Ángel; en el cual hace un magnífico y exhaustivo análisis de aquella gesta obrera, cívica y popular que  quedó registrada en la memoria histórica de las luchas libertarias del pueblo colombiano. Quienes quieran hacer una comprensión cabal del significado y alcances de aquella gesta, tendrán en este libro una  excelente fuente de información. El libro fue editado por la Universidad Nacional de Colombia. Sede Bogotá.  Facultad de Derecho, Ciencia Políticas y Sociales. Instituto Unidad de Investigaciones Jurídicas-UNIJUS. Facultad de Ciencias Humanas. Departamento de Historia. Primera edición 2.009. Páginas  358 – 402.


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