¿Por qué es tan difícil enfrentar la violencia contra la mujer?

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“Las mujeres de nuestro país, como las de todo el continente, tienen a sus espaldas una historia de dolor y al frente un universo de incertidumbres como promesa de futuro. Las que se han emancipado han pagado el costo de todos los señalamientos y su rebeldía se observa con desconfianza. La cultura patriarcal contempla con terror la inteligencia de las mujeres y la minimiza”.
“Basta: Mujeres colombianas contra la violencia de género”.

Vivimos en una sociedad patriarcal que antecede al capitalismo y que ha puesto el papel de ‘hombre’ como eje de las relaciones sociales, económicas, culturales y políticas del mundo entero.

Todas las organizaciones democráticas y revolucionarias reconocen el papel de la mujer en el proceso de transformación de la sociedad. No cabe duda que, en esto, se recogen los elementos emancipatorios que motivaron la conmemoración del Día Internacional de la Mujer y del repudio a los asesinatos, violencia y persecución contra miles de mujeres revolucionarias y demócratas, entre ellas las conocidas hermanas Mirabal, las ‘mariposas’ a quienes se rememora cada 25 de noviembre en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

En Colombia, las organizaciones del pueblo reconocen el papel de las mujeres indígenas, afrodescendientes, mestizas, campesinas, intelectuales, trabajadoras, artistas, estudiantes y amas de casa que defienden su territorio contra la colonización y los patrones culturales tradicionales, así como a quienes emprendieron una lucha por los derechos políticos de las mujeres, por el voto femenino, por el derecho a la educación, por la libertad y manejo de la economía, entre otros. Asimismo, levantan las banderas de millones de mujeres víctimas del despojo y de la guerra que tuvieron que reconstruir su vida y luchar por no ser consideradas como botín en medio del conflicto.

Pero, ¿qué pasa en la realidad, en la vida cotidiana? Parece ser que los planteamientos emancipatorios se quedaran en el papel y que no trascendieran de la conmemoración. Parece ser que cuesta mucho enfrentar esa tolerancia que la sociedad nos enseña, según la cual lo que sucede en pareja es de resorte privado. Parece ser que da temor enfrentar una situación de violencia cuando está de por medio una organización o movimiento político. Parece ser que aún falta mucho para avanzar en condiciones de igualdad, de reconocimiento y de respeto. Parece ser que no se sabe cómo romper el ciclo de las violencias y que sigue el temor a enfrentar y transformar la condición de victimario.

Todas esas situaciones llevan a que en la práctica no se reconozca que, frente a todo tipo de violencia contra la mujer, es necesario denunciar, construir mecanismos para que las víctimas no sean las revictimizadas y se pueda enfrentar el flagelo de las violencias desde una perspectiva crítica, reconociendo los problemas, analizando los orígenes y llamando a la necesidad de eliminar en la cotidianidad esas prácticas machistas.

El Movimiento por la Defensa de los Derechos del Pueblo (Modep) suscribió, junto con Nuevos Maestros por la Educación, una denuncia por la violencia ejercida por Germán Marín Muñoz contra Gloria Barriga, activista sindical y maestra que, adicionalmente, es la excompañera del primero. Esto, con la convicción de sacar del ámbito de lo supuestamente privado las lógicas de opresión patriarcal, de proteger la vida de una mujer, de acompañar el proceso de denuncia y de romper con el ciclo de la violencia.

En tal sentido, aclaramos a la opinión pública, a las organizaciones hermanas, al pueblo y a la mujeres colombianas que dicho pronunciamiento no obedeció a razones electorales ni gremiales, ni mucho menos estuvo orientado a desprestigiar a la organización a la que el señor Marín pertenece, pues la lucha por la dignificación del magisterio nos ha unido bajo el trabajo conjunto y la identidad de nuestras plataformas. Precisamente, las expresiones que buscan tergiversar la denuncia de las violencias hacen parte de las razones por las que muchas mujeres no se atreven a hablar, pero eso no nos llevará a guardar silencio.

Frente a actos violentos contra las mujeres, nuestra identidad política no nos permite callar, como tampoco nos permite creer que esas situaciones hagan parte exclusivamente del ámbito privado o personal. No es fácil para las organizaciones de izquierda reconocer que, a su interior, el sistema patriarcal existe y tiene influencia, pero no por ello podemos ignorar esta realidad.

La afiliación política no puede convertirse en una excusa para la opresión de las mujeres interesadas en participar en los cambios. Es incorrecto pensar que se pueden anteponer criterios políticos, orgánicos e ideológicos frente a las situaciones que vive cualquier compañera dentro de una organización. Por lo tanto, no podemos ocultar la reivindicación de las mujeres de una vida libre de violencias para no afectar lo político.

¿Qué tan consecuentes somos en la lucha por el debate de emancipación de la mujer? ¿Por qué es tan difícil enfrentar la violencia contra las mujeres al interior de las organizaciones democráticas y revolucionarias? ¿Hasta qué punto se usa la política como excusa para no ser reflexivos y transformadores de la violencia hacia las compañeras sentimentales y de lucha? ¿Qué tipo de violencias ejercemos hacía las mujeres? ¿Reconocemos todos los tipos de violencia?

Desde el Modep llamamos a todos nuestros activistas y dirigentes, hombres y mujeres, a redoblar la lucha contra la cultura patriarcal y a combatir estos comportamientos dentro y fuera de nuestra organización. El compromiso debe ser el de no ejercer ningún acto de violencia contra las mujeres y ser conscientes de que eso pasa. Es necesario tener una actitud autocrítica, pero también de acción para eliminar esos comportamientos.

Este también es un llamado a todas las organizaciones hermanas para que pongan dentro de sus agendas la discusión y generen procesos cotidianos para transformar las relaciones patriarcales. El proceso de transformación de la sociedad requiere de la participación de mujeres libres y no amoldadas a cultura patriarcal, siendo necesario que las organizaciones políticas y sociales brinden garantías para la emancipación de la mujer.

¡Contra la violencia hacia las mujeres, yo lucho y me rebelo!
Nada justifica la violencia contra las mujeres

#SiTocanAUnaNosTocanATtodas
#NiUnaMenos

Movimiento por la Defensa de los Derechos del Pueblo – Modep
Septiembre de 2017

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