Sobre el Capitalismo Venezolano: Una Vez Más

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Por: Carlos Alberto Duque

‘The problem in Venezuela is not that socialism has been poorly implemented, but that socialism has been faithfully implemented’

Donald Trump, Discurso Naciones Unidas (19 Septiembre 2017)

El pasado 19 de septiembre, en las Naciones Unidas, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, lanzó un duro ataque contra el gobierno norcoreano. En el mismo discurso atacó, de forma secundaria, a Irán, Cuba, Siria y Venezuela: el nuevo ‘eje del mal’. Sobre el país vecino planteó, puntualmente que: “El problema en Venezuela no es que el socialismo ha sido mal implementado. Es que el socialismo ha sido totalmente implementado”. Señaló también que el gobierno estadounidense “está preparado para tomar nuevas acciones” si Maduro persiste en imponer “su gobierno autoritario”.

Estas infames amenazas contra el gobierno y el pueblo venezolano deben ser rechazadas categóricamente. El derecho a la libre autodeterminación de los pueblos debe defenderse a toda costa. El sangriento resultado de las intervenciones imperialistas de los EEUU y otras potencias capitalistas en los últimos lustros (Afganistán, Irak, Libia, Siria, Tíbet, Yemen, etc.) debe ser suficiente para convencernos que la naturaleza del imperialismo no es defender los derechos humanos y la libertad, sino asegurar los intereses (económicos y políticos) del capital y las élites globales.

Frente a esta amenaza, muchos sectores de la izquierda latinoamericana y global (como Enrique Dussel, Atilio Borón y las Farc) llaman a la solidaridad incondicional con el gobierno maduro. En línea con Trump -aunque desde otra orilla ideológica- insisten que el gobierno chavista es realmente socialista y revolucionario. De ahí -para ellos- los ataques del imperialismo y la derecha global. Desde esta postura no puede haber medias tintas: “el que no está conmigo está contra mí, y el que no está completamente conmigo, no está conmigo”.

Los Fantasmas de Venezuela

En esa misma línea, en un reciente artículo titulado Los Fantasmas de Venezuela, el compañero Eduardo Nieto se suma a la defensa del chavismo. Para ello critica fuertemente la caracterización de la economía venezolana y su gobierno que realicé en el artículo Capitalismo ¿Fantasma o Realidad en Venezuela?, publicado en el portal Razón Pública el pasado 31 de Julio. En aquel artículo, y basándome principalmente en estadísticas oficiales venezolanas, sostuve que la economía venezolana es capitalista “en tanto está basada en el mercado, la propiedad privada, el trabajo asalariado y la acumulación de capital”.

A partir de allí concluí que “las políticas económicas del chavismo (controles de precios, subsidios, expropiaciones marginales, etc.) no han cambiado el carácter capitalista de la economía venezolana, ni constituyen la expresión de una revolución social que haya derrocado a la clase dirigente, sino más bien una reforma social en el marco del respeto al gran capital, nacional y extranjero”.

Ambas ideas, el carácter capitalista de la economía venezolana y el carácter reformista del régimen chavista, fueron fuertemente criticadas por Nieto. Precisamente, su artículo inicia con una crítica metodológica al primer planteamiento. Se lamenta que, cuando señalo el carácter capitalista de la economía venezolana, “no haya contexto histórico y social, ni clases sociales, ni sujetos ni actores socio-políticos, tampoco hay conflictos ni lucha de clases. Apenas cifras, frías cifras estadísticas”.

El análisis sería, pues, insuficiente afirma Nieto. Más aún, la causa de esta insuficiencia estaría dada por una “desconcertante filiación positivista y su deriva tecnocrática”, así como al supuesto uso de la metodología Weberiana de “los tipos ideales”, metodologías ajenas al marxismo revolucionario, que llevan, al desafortunado autor, a extraviarse en “conclusiones descalificadoras, dogmáticas y sectarias desde el punto de vista político” respecto al verdadero rol revolucionario de la dirigencia chavista.

Así, mi análisis (positivista, weberiano, tecnocrático, dogmático, sectario, etc.) no solo sería incompleto sino, además, fundamentalmente erróneo. Pues me impide concluir que el chavismo es la expresión de una genuina e inédita revolución social que “ha instalado un gobierno democrático-popular que le disputa a la burguesía local el control pleno del Estado y la producción, en un conflicto que lo enfrenta al mismo tiempo con el capital internacional y el imperialismo”.

Así mismo, mis profundos errores teóricos y metodológicos, me impiden reconocer la legitimidad de la asamblea nacional constituyente que, según nieto, “está llamada pues a convertirse en el órgano político e institucional apropiado para que el chavismo logre replantear el curso de la revolución, particularmente en lo que tiene que ver con la adopción de una estrategia que asegure condiciones para que el proceso tome el rumbo de la transición socialista”.

Respecto a los argumentos planteados por el compañero Nieto, hay varios puntos en los que coincidimos, otros en los que tengo un análisis diferente y, finalmente, otros que considero fundamentalmente erróneos. A continuación, presento brevemente varios comentarios al respecto:

Capitalismo: Estructura y Superestructura

Para el objetivo concreto de determinar si la estructura económica y de clase de un país es capitalista o no (el tema central de mi artículo), no es necesario entrar al estudio de elementos de la superestructura social e ideológica (partidos políticos, régimen político, actores sociales, constituciones políticas, constituyentes, etc.), así estos sean indispensables para el análisis de otros asuntos (desarrollo económico, guerras civiles, el imperialismo, etc.).

Por ejemplo, para determinar si la estructura económica y de clase de Estados Unidos es capitalista o no, es innecesario analizar las contradicciones entre el partido demócrata y republicano, la razón del triunfo de Donald Trump, su política exterior imperialista, la constitución política americana, el problema racial, etc. Sólo hace falta demostrar, con hechos, que la economía norteamericana está basada en la producción mercantil, la propiedad privada de los medios de producción, la explotación de trabajo asalariado y la acumulación de capital.  Estas características, esenciales en toda economía capitalista, fueron señaladas y analizadas extensivamente por Karl Marx, así como por toda la tradición teórica marxista (R. Luxemburgo, V. Lenin, L. Trotsky, A. Gramsci, E. Mandel, D. Harvey, etc.) hasta nuestros días.

Esta metodología está justificada porque la misma estructura productiva y de clase (capitalista) admite distintos tipos de superestructura política, ideológica y de regímenes de redistribución del ingreso dependiendo de la correlación de fuerzas entre las clases, y del avance o retroceso de la reforma social. Un país puede cambiar su régimen de redistribución del ingreso (gasto del estado e impuestos) sin cambiar su estructura económica y de clase capitalista. Tal fue el caso de los Estados Unidos y los países europeos occidentales durante el siglo XX: pasaron del “liberalismo clásico” (1900-1930’s) al “estado de bienestar” (1930’s-1970-80’s) y de ahí al “neoliberalismo” (1980’s-presente), sin que eso implicara el abandono del carácter capitalista de la economía y la estructura de clases de esos países. Tampoco implicó una revolución social (pues la clase dirigente siguió siendo la misma).

Por eso es importante recordar que las características esenciales del capitalismo (trabajo salariado, acumulación de capital, etc.) no son simples “variables disecadas”, vacías de todo contenido social y de clase, como sugiere Nieto.  Sino expresión concreta de los rasgos más abstractos e infames del capitalismo como sistema de explotación, enajenación y exclusión de las mayorías trabajadoras a manos de la horda capitalista. Por eso Marx, cuando estudia el método de la economía política en los Grundrisse, señala que “lo concreto es concreto porque es la síntesis de múltiples determinaciones, por lo tanto, unidad de lo diverso”.

Marx y ‘Las frías estadísticas’

Por otro lado, es falso que el uso de estadísticas y análisis empíricos sea un recurso exclusivo de tecnócratas, positivistas, weberianos y ajeno al análisis marxista de la realidad. Todo lo contrario. El uso de estadísticas para caracterizar de forma unívoca realidades socio-económicas concretas o para verificar hipótesis científicas ha sido un recurso empleado ampliamente por Karl Marx y sus más destacados seguidores.

Así, el tomo 1 de El Capital, está lleno de “frías estadísticas” sobre la jornada de trabajo, composición de la clase obrera, sus condiciones de vida, trabajo infantil y femenino, productividad del trabajo etc. que le permitieron a Marx caracterizar con precisión la extracción de plusvalía absoluta y relativa en Inglaterra en aquellos años. Por su parte el capítulo 25 rebosa de estadísticas oficiales sobre crecimiento demográfico, del ingreso, la acumulación de capital, composición del capital, etc. que le permiten a Marx verificar sus hipótesis sobre la ‘Ley General de la Acumulación Capitalista’.

Otro tanto hace Vladimir Lenin en El Desarrollo del Capitalismo en Rusia, en polémica con los populistas rusos, y en El Imperialismo, fase superior del Capitalismo, en controversia con buena parte de la socialdemocracia europea, en el contexto de la primera guerra mundial.  En ambas obras Lenin acude al uso exhaustivo de estadísticas oficiales para demostrar que sus planteamientos estaban basados en hechos verificables y no en simple retórica izquierdista:

El fin principal del libro, hoy como ayer, consiste en ofrecer, con ayuda de los datos generales irrefutables de la estadística burguesa y de las declaraciones de los sabios burgueses de todos los países, un cuadro de conjunto de la economía mundial capitalista en sus relaciones internacionales, a comienzos del siglo XX, en vísperas de la primera guerra mundial imperialista (Lenin, El Imperialismo, Fase Superior del Capitalismo, 1916)

Así mismo es notable el uso de estadísticas (económicas y sociales) de las que se vale León Trotsky en La Revolución Traicionada para demostrar que la Unión Soviética no era una economía socialista, que aún estaba en una situación de atraso relativo comparada con los países capitalistas avanzados y llamar la atención sobre el aumento de la desigualdad y los antagonismos sociales en la URSS. Armado con estadísticas oficiales Trotsky nos recuerda que ‘Los hechos son los que deciden, y no las ilusiones. Queremos pintar un rostro, no una máscara’.

En su octava Tesis sobre Feuerbach Marx señala que ‘la vida social es, en esencia, práctica. Todos los misterios que descarrían la teoría hacia el misticismo, encuentran su solución racional en la práctica humana y en la comprensión de esta práctica”. Por tal razón, siempre que esta práctica humana tenga manifestaciones cuantitativas y existan estadísticas confiables sobre ello, no hay ninguna razón válida para desecharlas. Hacerlo es pasar del terreno de la discusión racional argumentada al de la simple opinión o, como ahora se le conoce, “posverdad”.

De hecho, los debates en ciencias sociales (sociología, ciencia política, economía, etc.) entre las distintas escuelas de pensamiento (Positivistas, Weberianos, Marxistas, Keynesianos, etc.) no giran en torno al uso per se de estadísticas e instrumentos empíricos, sino a su interpretación teórica y a su construcción metodológica (que también implica supuestos teóricos).

Por ejemplo, según el Instituto de Estadísticas de Venezuela (INE) para el año 2012 (últimos datos publicados) el 46,2% del ingreso nacional venezolano correspondió a ‘Excedente Bruto de Explotación’. Este dato es interpretado por el positivismo neoclásico (y seguramente por la dirigencia chavista) como la justa “remuneración” del factor capital. Sin embargo, para el marxismo, este dato es nada menos que la plusvalía generada por los asalariados venezolanos y apropiada por la burguesía: la diferencia entre el valor creado por los trabajadores y lo que reciben por medio de los salarios. Manifestación unívoca del carácter capitalista y explotador de la economía venezolana.

Chavismo: ¿Reformismo o Revolución?

A pesar de su crítica metodológica y teórica, cuando Nieto señala que la Asamblea Nacional está llamada a “replantear el curso de la revolución, particularmente en lo que tiene que ver con la adopción de una estrategia que asegure condiciones para que el proceso tome el rumbo de la transición socialista”, está reconociendo que -tras casi 20 años de gobierno chavista- esta transición socialista aún no ha comenzado. Lo cual solo puede significar que la estructura económica y de clase previa a la llegada de Chávez al poder no ha sido modificada en lo esencial.

Esto es importante: a pesar de contar con el poder del estado, de las mayorías (por lo menos hasta hace pocos semestres), y de las fuerzas militares, la dirigencia chavista no ha querido acabar con el dominio burgués de la banca, las finanzas, la industria, el comercio interior y exterior, etc. Todo lo contrario, desde el comienzo, siempre han llamado al “empresariado nacional y patriótico” a co-gobernar.

Mientras el chavismo se define como socialista y revolucionario, cosa que Eduardo Nieto cree fervientemente, el pasado mes de marzo durante la “Expo Venezuela Potencia 2017” el propio Maduro hizo un llamado a los capitalistas venezolanos hacia el consenso y la construcción conjunta (dirigencia chavista y clase capitalista) del “progreso” (capitalista) en Venezuela. En gracia de la discusión, y para no recurrir nuevamente a “frías estadísticas”, me permito compartir el video del evento donde se manifiestan claramente la política conciliadora de la dirigencia chavista (El discurso de Maduro inicia en el minuto 26:38)

En síntesis, el Chavismo ha sido, y es, un gobierno reformista. Un gobierno que, en el marco de la estructura productiva y de clases capitalista, ha empleado parte de la renta petrolera en gasto social de carácter asistencial-paternalista (educación, salud, las misiones, el millón de viviendas gratis, las ‘canaimas’, precios subsidiados, etc.) y en el sostenimiento del propio aparato burocrático y de partido.

Así mismo es falso que el chavismo haya roto con el capital internacional y las lógicas del mercado mundial. Por un lado, sigue dependiendo -ahora más que antes- del patrón de acumulación extractivista. En ese punto no duda en invitar al capital internacional, como en el megaproyecto Arco Minero del Orinoco. Por otro lado, no ha roto los lazos de subordinación financiera con el capital global, sencillamente han cambiado de acreedores: de la banca norteamericana a la banca rusa y china. Y en esto no puede haber confusiones: Rusia, China e Irán (aliados del chavismo) son naciones capitalistas, donde sus burguesías gobiernan de forma incluso más brutal que en los EEUU o Europa Occidental.

Dicho esto, la percepción que existe es que la asamblea nacional constituyente, precisamente por el mecanismo amañado de elección y el fraude de más de un millón de votos, es nada más que una gran asamblea interna del PSUV, férreamente controlado por su dirigencia, como señala acertadamente el sociólogo venezolano Edgardo Lander: “Esta Constituyente no es diálogo, no es acuerdo, eso es imposición […] Se trata de un mecanismo que corresponde a los intereses del Gobierno de preservarse en el poder y no como una expresión de la soberanía del pueblo”.

En síntesis, la valoración económica y política que Nieto ofrece sobre Venezuela está atravesada por el intento de forzar hechos y categorías para hacerlos caber dentro de sus buenos deseos. Buenos deseos que, en general, yo también comparto pero que no se corresponden con la realidad política y económica venezolana. La ANC no va a tomar el rumbo hacia la transición socialista porque está controlada por la dirigencia chavista y esta no está interesada en ello.

La profunda crisis económica, política y social que vive Venezuela, y que el chavismo intenta ocultar (no publicando las cifras oficiales sobre pobreza, desnutrición e inflación), es el resultado del agotamiento del ciclo de reformas llevadas a cabo por el chavismo (y que en su momento fueron progresistas). Esta crisis no se va a superar con la intervención norteamericana, ni con el retorno de la derecha tradicional (la MUD), pero tampoco con el sostenimiento de Maduro, Diosdado y su camarilla gobernante.

Así las cosas, es imprescindible que la clase popular venezolana reemplace al conjunto de la dirigencia del Psuv por un liderazgo genuinamente revolucionario o, de no lograrlo, que constituya una organización (o frente) político independiente. Ambos escenarios enfrentan obstáculos formidables, pero se alimentan de la tradición rebelde y combativa del bravo pueblo venezolano. Esperanza y punto de partida de cualquier lucha por la democracia y el socialismo en la patria de Alí Primera.


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