‘El País va mal pero la economía va bien’: Claves Históricas para Entender la Resistencia de la ANDI a la Paz

Realizado por Rosa Roja [*]

Por: Alejandro Quintero Galeano

La resistencia a la paz ha sido una constante histórica de las élites en nuestro país. ¿Por qué nos ha pasado esto? ¿Cuáles son sus causas? Sabemos que actualmente Colombia es el segundo país más inequitativo en América después de Honduras y el octavo en el mundo según el escalafón del Índice de Desarrollo Humano IDH revelado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD[1]. Si aunado a ello, tenemos en cuenta dos acontecimientos recientes: el recorderis de una frase histórica famosa -ante un evento desafortunado-  “el país va mal, pero la economía va bien”[2], y si unimos esta frase a lo expresado por el Ministro de salud Alejandro Gaviria del pacto entre políticos y gremios económicos a partir de los 60s[3], profundizando en estas expresiones podemos encontrar unas claves a esa resistencia, todas encontradas en nuestra historia. Ese es el ejercicio que pretendemos realizar en este ensayo.

Uno de los puntos de mayor discusión y que ha sido causa histórica del conflicto armado en Colombia ha sido el de la propiedad de la tierra[4], no siendo el objetivo de este ensayo pero considerando que es necesario resaltarlo, se pretende recordar brevemente como en Colombia se estima que: “el 77% de la tierra está en manos de 13% de propietarios, pero el 3,6% de estos tiene el 30% de la tierra y se calcula que 6,6 millones de hectáreas fueron despojadas por la violencia en las últimas dos décadas, esto es el 15% de la superficie agropecuaria del país”[5]. Ha sido notable en nuestra historia los intentos  fallidos de reforma agraria: a la Ley 200 de 1936 se antepuso la Ley 100 de 1944 y luego en 1972 bajo el gobierno de Misael Pastrana se firma el Pacto de Chicoral con el cual se apoya la gran propiedad y se termina de tajo con todo intento de reforma en el sector.  Incluso en las últimas décadas hemos sido testigos de una nueva contra reforma agraria, esta vez asociada a la violencia paramilitar en asocio al narcotráfico, forma en la cual se ha forzado a los campesinos a abandonar sus tierras y se ha realizado una apropiación ilegal de sus predios; hoy  son precisamente, esos terratenientes uno de los sectores que con mayor vehemencia se oponen y hacen resistencia para evitar a toda costa el avance del proceso de paz.

Y ¿qué ha pasado con los otros sectores y los otros gremios? Aquí es donde se quiere abordar el tema de la ANDI o Asociación Nacional de Industriales -ahora denominado Asociación Nacional de Empresarios de Colombia- desde una perspectiva histórica partiendo de su fundación y del papel que han asumido en el manejo de la economía nacional; se pretende demostrar cómo han sido otro sector de resistencia a la paz, al oponerse, desde su creación, a las reformas tendientes a la redistribución y equidad social.

Tradicionalmente se ha asociado los procesos de industrialización a reformas de carácter liberal, de libre empresa, y en nuestra América Latina se ha asociado a la directriz de la Comisión Económica para América Latina CEPAL del programa de Sustitución de Importaciones (Industrialización por Sustitución de Importaciones ISI) como resultado de la postguerra en la segunda mitad del Siglo XX. Es de resaltar como a través de la industrialización por medio del trabajo formal universal (de toda la población) fue como se accedió a los derechos (civiles, políticos, económicos y sociales) en los países avanzados; mientras que en nuestra América Latina ante el proceso de industrialización incompleta no alcanzamos tales beneficios, en Colombia el proceso de industrialización no fue impulsado por el liberalismo y su implementación se hizo de forma corporativa. ¿Cuál fue el papel que al respecto jugó la ANDI?

  1. LA ANDI  1944 – 1958.

 

La ANDI fue fundada en la ciudad de Medellín el 11 de septiembre de 1944, sus más influyentes miembros pertenecían a dos clanes de familias antioqueñas los Echavarría y los Mora, tenían además otras sedes en Bogotá, Barranquilla, Cali y Manizales. Contrario a lo que se pensaría, en sus inicios, fueron cercanos al partido Conservador, no al liberal, y utilizaron todo su poder como gremio para influir en el manejo de la economía nacional de modo que las políticas los beneficiaran. Podemos decir que si en Colombia no se dio un proceso de industrialización mejor, más completo, fue principalmente por dos causas: la primera, por pensar al país como un apéndice de la economía gringa, con un apoyo casi incondicional a los Estados Unidos de América, expresado en los tratados comerciales con ellos firmados (véase el de 1935 y 1951) en donde nuestros gobernantes (generalmente defendiendo intereses familiares) pensaban que era a través de la exportación del café como Colombia se debía integrar a la economía mundial, en palabras de Eduardo Sáenz Rovner –profesor de la Universidad Nacional e investigador a profundidad del tema-: “Un argumento central de mi trabajo es que el proteccionismo a la industria no era un ´objetivo nacional´ a mediados ni a fines de la década de los años 40. Además reitero con esto que los gobiernos liberales que precedieron a la administración de Ospina Pérez no buscaron activamente proteger los intereses de los manufactureros nacionales. Por el contrario, los intereses de empresas e individuos involucrados en el negocio del café, lo mismo que los  intereses de los grandes comerciantes, importadores y exportadores, prevalecieron sin mayor oposición hasta finales de la Segunda Guerra Mundial[6]; y en segundo término, debido al papel concentrador de los industriales agremiados en la ANDI que utilizaron todos los medios a su disposición (lobby, cabildeo, pago a políticos, periodistas y medios de comunicación para crear falsas noticias y manipular la opinión a su favor, y de esa forma poder producir el bloqueo de políticas y sectores que consideraban los perjudicaban.

Según Sáenz Rovner: “La gran burguesía industrial a través de la ANDI, se comprometió en una vigorosa campaña a favor del proteccionismo a ultranza para el sector manufacturero nacional. Por medio de sus campañas, los industriales pretendieron identificar sus intereses particulares con los de la nación entera, alegando que la protección defendería no sólo a sus industrias, sino también los intereses de la nación y de todos los colombianos. Como parte de sus esfuerzos por conservar y aumentar tanto sus ganancias económicas como su poder político, la ANDI contrató a sueldo los servicios de conocidos periodistas e intelectuales y presionó económicamente y sin ninguna clase de escrúpulos a los principales periódicos y medios de radiodifusión del país, para que orientasen incondicionalmente sus políticas editoriales y sus ´informaciones´ económicas hacia la defensa de la ´industria nacional´. Además la ANDI contrató también los servicios de un supuestamente selecto grupo de políticos, la mayoría de ellos exministros de Estado, senadores y representantes, para que intrigasen, presionasen –e incluso legislasen- a favor de sus intereses ante el ejecutivo y el Congreso[7]. En este sentido son emblemáticos los casos de periodistas como Enrique Santos “Calimán”, hermano de Eduardo Santos, del periódico el Tiempo, y periódicos como El Colombiano y  El Siglo.

Dos casos que merecen especial atención para la época son el papel de la ANDI frente a la Creación de la Compañía Colombiana de Petróleo ECOPETROL y a la empresa siderúrgica Paz del Río, y su posición frente a los trabajadores y sus sindicatos.

Con respecto a la creación de la Compañía Colombiana de Petróleo y la empresa siderúrgica Paz del Río Daniel Pécaut nos dice: “Cuando los industriales colombianos se adhieren finalmente a la creación de una empresa siderúrgica nacional, Paz del Río, lo hacen con la condición de que sea trasladada al sector privado, desde el momento en que se compruebe su viabilidad. La condición será respetada. El respaldo al establecimiento de una empresa pública nacional del petróleo, destinada a sustituir a la Tropical Oil Company, se produce tan solo después de haber vanamente intentado reunir los capitales privados para controlar el negocio[8]. Frente a la creación de Ecopetrol y el papel de la ANDI Sáenz Rovner nos dice: “Los industriales colombianos, agremiados en la Asociación Nacional de Industriales (ANDI), estaban interesados en dominar la nueva compañía petrolera. Entre sus exigencias le pedían al gobierno que expulsase a los miles de colonos que desde los años veinte se habían tomado terrenos de la Concesión. Además, la ANDI exigía que el Estado se responsabilizara de la carga prestacional dejada por la Tropical. Los industriales manifestaron en repetidas ocasiones que Colombia no debía seguir los pasos de México y Bolivia, países que habían expropiado a las compañías petroleras extranjeras en los años treinta. También insistían en que las nacionalizaciones sentaban un precedente en contra del sistema de libre empresa. En un principio, el gobierno fue receptivo a las peticiones de los industriales. Sin embargo, estos fueron incapaces de conseguir el capital necesario para la expansión de la vieja e insuficiente refinería de Barrancabermeja[9].

Frente a los trabajadores y sus sindicatos la ANDI mostró siempre una actitud negativa y un ánimo de bloquear sus derechos, ejemplos fehacientes de ello fue su oposición a la implementación del sistema de seguridad social[10], el trato sesgado a los trabajadores afiliados al sindicato  Confederación de Trabajadores de Colombia CTC y su intención de debilitarlo y cooptarlo a través de otro, el sindicato de la Unión de Trabajadores de Colombia UTC en asocio con la iglesia católica  de corte paternalista-patronal.

Con respecto a la posición de la ANDI  frente a los trabajadores, como lo dice Sáenz Rovner, dos cosas quedan claras, la primera: “A diferencia del caso clásico ´inglés´, la burguesía industrial colombiana no podía ser considerada social ni políticamente ´progresista´, por el contrario, dadas sus alianzas con la derecha del Partido Conservador, el carácter oligopólico del sector, sus fieros ataques y su persecución tanto contra el sindicalismo independiente y la izquierda, como su apoyo a la dictadura y a la represión establecidas por Ospina Pérez y continuadas por (Laureano) Gómez”. La segunda: “Por encima de las diferencias partidistas y de los conflictos sobre los problemas económicos, existió consenso entre industriales, cafeteros, conservadores, la mayoría del Partido Liberal, el capital trasnacional, el Departamento de Estado y la embajada norteamericana en Bogotá, para reprimir el movimiento sindical independiente, perseguir a sus líderes –sobre todo si estos eran comunistas- y debilitar y purgar a la CTC de sus elementos progresistas y más beligerantes”[11].

La ANDI se alineo con Mariano Ospina Pérez aprovechando la dictadura civil de 1949; además, con Laureano Gómez y con Roberto Urdaneta, administraciones de derecha con las que se sentía cómoda al tener posibilidad de influencia y defender sus intereses; pero se opuso a las políticas económicas de corte intervencionista que iban en contra de sus intereses concentradores, esto sucedió principalmente con el candidato Jorge Eliécer Gaitán y con el gobierno de Gustavo Rojas Pinilla.

Frente a Gaitán,  la reacción de la ANDI después del triunfo del caudillo liberal al quedar como jefe del partido y candidato único a la presidencia de la república no se hizo esperar, su junta directiva confiaba en sus fichas en el Congreso y los sectores de derecha del partido liberal, esas eran sus fuerzas del orden; pero, “Las ideas y la política de Gaitán también representaba a la fuerzas del orden. Sin embargo, era un orden diferente que no beneficiaba a los intereses de los grandes industriales. Estos no ignoraban la ideología económica de Gaitán, quién le había pedido a su consejero Antonio García, un respetado profesor de la Universidad Nacional, que le preparase un proyecto para su programa económico. El modelo de García se fundaba en una fuerte intervención estatal dentro del marco del sistema capitalista. El congreso debía crear un Consejo Nacional de Política Económica y establecer un sistema de planeación indicativa (que por entonces estaba en boga en otros países capitalistas).  El consejo también fomentaría nuevos programas sociales y regularía los precios y los salarios. En cuanto al tema de la reforma arancelaria, ésta debería estar orientada a proteger a los consumidores y a los grandes y pequeños agricultores, y no solamente a los intereses de ´la oligarquía industrial´.  Gaitán insistía en que la protección del sector manufacturero únicamente podía ser considerada si el gobierno establecía límites estrictos a las ganancias de los grandes industriales. También era enfático en sostener que los intereses de los productores de materias primas, comerciantes y consumidores, siempre debería ser tomados en cuenta[12].

Y posteriormente, frente a los múltiples acontecimientos del gobierno de Rojas Pinilla y sus tira y encoje con los industriales, se resalta el papel de la ANDI en el Comité de Acción Democrática que pedía el fin de su gobierno y el retorno a un régimen democrático al versen amenazados por varias medidas económicas, pero principalmente, por lo que consideraron un tremendo golpe al sistema de la libre empresa privada: “Enrique Caballero Escobar, gerente de la ANDI en Bogotá, informó a la junta directiva de la ANDI en Medellín que el gobierno tenía listo un decreto por medio del cual imponía un representante gubernamental en las juntas directivas de aquellas empresas que controlen al menos el 15% del mercado nacional de sus productos y que serían calificadas como monopolios”….y para completar …. “Después de la caída de Rojas Pinilla el 10 de mayo de 1957, la ANDI le explicó muy claramente a los miembros de la nueva Junta Militar (encargada de entregar el poder a los civiles en 1958) que una de las principales causas del derrocamiento del anterior gobierno fue su intromisión en los asuntos pertenecientes a la esfera de los negocios privados”[13].

El final de este periodo establece dos elementos fundamentales para el futuro de la vida nacional: Primero, marca un derrotero para los siguientes gobiernos en Colombia, después de catorce años de aprender a influir y manejar la política económica nacional a su favor es cuando se concreta en la práctica el pacto mencionado por el Ministro Alejandro Gaviria -entre políticos y gremios económicos-: “Desde los años sesenta al menos, un arreglo pragmático, un pacto implícito, ha caracterizado el ejercicio del poder en Colombia: los partidos políticos tradicionales han permitido o tolerado un manejo tecnocrático y centralizado de la macroeconomía a cambio de una fracción del presupuesto y la burocracia estatal, a cambio de auxilios parlamentarios, partidas regionales y puestos[14]. Segundo, -dadas las coyunturas post Bogotazo y Guerra Fría- no importa si el color del partido es rojo o azul, o si el gremio es de industriales, comerciantes, cafeteros, ganaderos, etc., si es ideología nacional o foránea (Estados Unidos de América), lo que si queda claro es que todos cierran filas en torno a combatir las ideologías de izquierda y a controlar los movimientos sindicales y sociales: “La élite en el poder ha tendido siempre a no negociar con las clases subalternas, llevando a la zona de lo no negociable la mayor parte de los factores de tensión, fuentes de la fractura social, como son el acceso a la tierra, la distribución del ingreso, una mayor participación política,..etc. La ausencia de mecanismos de negociación y participación han dado lugar a que las tensiones y contradicciones propias del desarrollo desemboquen en explosiones generalizadas de violencia, la cual no es generada por la pobreza sino por la exclusión[15]. Se cerraron los espacios de participación y negociación; y a su vez, se reforzaron los ejércitos y se cambió la doctrina militar: “El dispositivo militar incluía, entre otros, la modernización de los ejércitos Latinoamericanos y las fuerzas de policía, el establecimiento de una doctrina militar única centrada en la lucha anticomunista y antisubversiva y la unificación del material, procedimientos de entrenamiento y organización de estos ejércitos, para lo cual, el dispositivo puesto en funcionamiento contaba con créditos de largo plazo para financiar la compra de material bélico, misiones militares para proporcionar entrenamiento y asistencia in situ y la escuela de las Américas (en Panamá), como centro de formación de oficiales, tanto de insignia como operativos, y suboficiales, encargada de elaborar la doctrina militar de los ejércitos Latinoamericanos….Parte apreciable de los militares acusados de violación de los derechos humanos en Centro América y el Cono Sur fueron antiguos alumnos de la Escuela de las Américas y los manuales de guerra psicológica e interrogatorio de prisioneros, utilizados en esa escuela para instruir a los alumnos, eran verdaderos manuales de tortura y asesinato de oponentes que incluía, entre otros, la creación de grupos paramilitares para hacer el trabajo sucio.[16].

  1. LA ANDI 1958 – 1990.

 

Dadas las  situaciones de: a) más de diez años de experiencia en influir en la política económica a su favor, b) incentivar -mediante el pago y la manipulación-  una opinión pública nacional favorable a sus intereses, c) hacer pasar sus intereses particulares por intereses para el bienestar nacional d) la posibilidad de crecimiento de sus industrias de forma concentrada e) la debilidad del Estado, con la incapacidad para intervenir y regular el proceso de industrialización para hacerlo general al país f) el acuerdo nacional e internacional para combatir las ideologías de izquierda y controlar los sindicatos y los movimientos sociales, entre otros; hizo que la ANDI tuviera servido el camino para continuar con el crecimiento de sus empresas de forma oligopólica con integración vertical y horizontal.

En Colombia no se intentó ni se permitió una industrialización completa, no hubo un Estado fuerte que dirigiera este proceso, sino por el contrario, las élites industriales y cafeteras eran las que definían el manejo económico nacional pensando en sus intereses particulares: “…las élites políticas organizadas en torno de los partidos Liberal y Conservador, y las élites económicas agroexportadoras e industriales emergentes, coparon desde muy temprano los espacios económicos y políticos, e hicieron del principio liberal del respeto a la iniciativa privada un baluarte utilizado según su conveniencia para afianzar su hegemonía y dominación. Los numerosos poderes regionales y locales fueron desde entonces, un obstáculo central para la formación de un Estado con capacidad para promover la configuración de una comunidad política, la cual requiere una subordinación relativa de los intereses y decisiones privadas a los intereses y  decisiones públicas[17].

Este hecho hizo que ante una industrialización incompleta con: a) una modernización sin modernidad[18], b) grandes sectores de la población excluidos de los beneficios laborales asociados al contrato formal (derechos laborales: de asociación –sindicatos-, sociales y económicos –salud, subsidios para la educación, vivienda y recreación), c) con una gran concentración de la riqueza; se continuara estableciendo en Colombia un desarrollo social inequitativo, con un bajo nivel socioeconómico y, por lo tanto, bajo poder adquisitivo de las clases subalternas, lo que a la postre perjudicaría a ese mismo sector industrial, pues se pasaría de un mercado interno cautivo propicio para explotar a uno estancado. En consecuencia a menor generalización de la relación laboral formal menores salarios fijos y menor posibilidad adquisitiva de la población general, con lo cual es reducida la demanda de productos de las industrias –contrario a la forma del círculo virtuoso europeo de la postguerra basado en el pleno empleo- lo que las lleva a un estancamiento en su producción.

“…Desde sus inicios, las grandes firmas se consolidaron como unidades oligopólicas y orientaron su producción a satisfacer la demanda de los estratos medios y altos de ingreso, con lo cual se reforzó la estrechez del mercado limitando la diversificación del aparato productivo, del desarrollo tecnológico y la diversificación de exportaciones competitivas en el mercado internacional, factores que en forma conjunta se traducirían en un rápido agotamiento del proceso sustitutivo. Desde entonces se configuró un círculo vicioso que aún persiste: la industria no se expande porque el mercado interno es estrecho, y este último limita la generación de empleo y la expansión de la demanda, lo que a su vez restringe el crecimiento industrial[19].

Esta situación permitió en nuestra historia económica y política el cambio de grupo hegemónico en el poder, del agroexportador (cafetero) al industrial, con la aparición de los Conglomerados económicos CE; éstos se forman con la concentración de las empresas y su integración tanto vertical como horizontal, formando una más poderosa para luego pasar a otros negocios. El ejemplo más representativo en la formación de los CE en Colombia se encuentra en las bebidas de gaseosas y cervezas: Postobon, Bavaria y Aguila. Esta situación es bien explicada por Gabriel Misas Arango:

Conformación de los Conglomerados Económicos (1970/1990). Hacia finales de los años setenta, último periodo en el que se observaron altos ritmos de crecimiento industrial, una vez concluidos los procesos de integración vertical y horizontal,  se inicia el proceso de expansión de las grandes empresas nacionales  hacia otras ramas de actividad económica, tanto industriales como financieras, servicios, comercio,…dando lugar a la conformación de CE. El ahorro forzoso generado por los elevados niveles de protección efectiva de que gozaban las grandes empresas, en el marco de la ISI (Industrialización por Sustitución de Importaciones), mucho mayor que el requerido para mantener sus posiciones en el mercado, llevó a este proceso de expansión hacia múltiples frentes de obtención de beneficios. Así, por ejemplo, al comparar las compañías que conformaban el grupo Bavaria hacia finales de los sesenta, con las que conforman el Grupo  Santo Domingo al inicio de los años noventa, se ve la magnitud y la naturaleza del cambio sufrido. En el primer caso en torno a la cervecería Bavaria gira un grupo de empresas industriales dedicadas a producir los insumos, materias primas y repuestos y a la utilización de los subproductos del proceso de elaboración de cerveza, dentro de una concepción de integración vertical altamente desarrollada. La toma de control de Bavaria por parte de Cerveza Aguila –propiedad de la familia Santo Domingo-  iniciada a finales de los años setenta, modifica la situación:  se consolida la producción de cerveza en el país bajo un solo grupo y a partir de la utilización del CF (Conglomerado Financiero) generado por estas empresas, por parte del grupo que ejerce el control: familia Santo Domingo, se introdujeron a nuevos campos de acción como la radiodifusión, la banca, la programación de TV, las finanzas, la aviación, que unidas a las empresas, fundamentalmente industriales, de propiedad de la familia Santo Domingo, desde antes del control de Bavaria, conformaron el CE que lleva su nombre[20].

Esta situación permitió que se generara la famosa frase: “El país va mal, pero la economía va bien” dicotomía dada por las condiciones de desarrollo de los CE con CF asociados, con alta rentabilidad; pero en un país donde la mayoría de su población presenta bajo poder adquisitivo, altos índices de pobreza, aunado a los fenómenos de violencia.

La consecuente saturación y estancamiento del mercado presionó la necesidad de abrir horizontes y fronteras para dinamizar sus negocios, ésta situación fue la que hizo que el grupo hegemónico de poder formado por estos CE, aprovechando la ideología neoliberal en boga fomentada e incentivada por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, presionaran a los gobiernos de turno para que finalmente en los noventas se presentara la Apertura Económica en el gobierno de César Gaviria Trujillo:

Pero, por qué se aceptó cambiar el modelo de sustitución de importaciones. A menudo algunos analistas insisten –y en esta Universidad (Nacional) en especial- es muy corriente insistir en las presiones del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial para hacer el cambio. Obviamente el Fondo y el Banco Mundial, especialmente el Fondo desde su creación hasta ahora, siempre ha sostenido las tesis del libre cambio y siempre ha sido derrotado durante un largo periodo de sustitución de importaciones, por los países que estaban defendiendo un modelo distinto. Además Colombia no tenía negociaciones muy fuertes en ese periodo con el Fondo Monetario como para poder exigirle ese cambio. A mi modo de ver y de otros analistas Latinoamericanos, en un libro reciente sobre la gran empresa en América Latina –analiza Argentina, Brasil, México y Colombia- demuestran cómo la conformación de conglomerados económicos, los que señalamos antes,  que precozmente se habían quedado en el ámbito colombiano fueron decisivos para dar ese cambio[21].

Demostrando una vez más como en nuestro país el manejo de la política económica está determinado por los intereses particulares de dicha élite quienes los han hecho pasar como de interés nacional.

  • LA ANDI POSTERIOR A 1990.

 

La liberalización y apertura de mercados viene acompañada de la flexibilización laboral. Mientras los grandes grupos económicos: Sarmiento Angulo, Ardila Lule, Santo Domingo, Sindicato Antioqueño concentran más su riqueza ampliando su poder con los Conglomerados Financieros y con los nuevos negocios ofrecidos nacional e internacionalmente por el desmonte del papel del Estado, la población lleva la peor parte. En este sentido, la economía cambia su prioridad: pasa de los negocios de los bienes transables (manufacturas, textiles, etc.), a los no transables (infraestructura, servicios públicos, salud, etc.)

Con el desmonte de la responsabilidad del Estado se privatizan sectores que antes pertenecían a la esfera pública/estatal como: la construcción de vías e infraestructura, los peajes, aeropuertos, la TV y los servicios públicos,  la banca, la salud, la educación; y pierden preponderancia sectores como los textiles y otros manufactureros; además, con la firma y la entrada en vigencia de los Tratados de Libre Comercio TLC, que permiten la entrada de múltiples productos extranjeros, se lleva a la destrucción de la poca industria nacional, al quiebre y la pauperización del sector campesino productor de arroz, maíz, sorgo, etc. Llegamos así al “nuevo” bum de Colombia como país de vocación minera (la locomotora minera) y de venta de servicios (país de destino turístico internacional) como oferta para la supervivencia de nuestra economía.

De todo esto, la población carga con las peores consecuencias: a) altos índices de desempleo, b) flexibilización e informalización laboral -con la destrucción del poco empleo formal existente-, c) desmonte de las garantías sociales: privatización de la salud, la educación, la banca, los servicios públicos, etc., d) debilitamiento del movimiento sindical, e) aumento de la economía de la subsistencia y el rebusque, f) destrucción de nuestros recursos naturales por las compañías extranjeras, g) desplazamiento de su terruño a muchas de nuestras poblaciones, g) aumento de la exclusión social, y consecuentemente, h) aumento de la inequidad.

Y entonces, ¿por qué se resisten a la paz?

“Una cosa es firmar papeles

y otra construir una realidad,

porque una cosa es tener diferencias

y otra dirimirlas”

Pepe Mujica

 

 

Noviembre 11, 2017.

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[6] Sáenz Rovner, Eduardo. LA OFENSIVA EMPRESARIAL. Industriales, políticos y violencia en los años 40 en Colombia. Ediciones Uniandes. Tercer mundo editores. 1992. Pag 25-6.

[7] Sáenz Rovner Eduardo. Ob. Cit pág 26.

[8] Pécaut Daniel. Orden y Violencia. Evolución socio-política de Colombia entre 1930 y 1953. Ed. Normal. Pág 575.

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[10] Pécaut Daniel. Ob. Cit. Pág 576.

[11] Sáenz Rovner. Ob. Cit pag 19

[12] Sáenz Rovner. Ob Cit pág . 145-6.

[13] Sáenz Rovner. Ob. Cit . pag 19

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[15] Misas Arango Gabriel.  La Ruptura de los 90. Del gradualismo al colapso. Universidad Nacional de Colombia. 2002. Pág 22

[16] Misas Arango. Ob cit. Pag 32-33.

[17] Corredor Martínez Consuelo. La modernización inconclusa.  Desarrollo Económico y social en Colombia en el siglo XX. Universidad Nacional de Colombia. Pág. 22.

[18] “El advenimiento de la sociedad moderna recoge un doble ideario: por un lado, la aspiración de transformar el entorno material y por el otro, colocar al hombre en el centro del mismo. El primer ideario alude a Modernización y el segundo a Modernidad”. La modernización inconclusa.  Consuelo Corredor Martínez. Desarrollo Económico y social en Colombia en el siglo XX. Universidad Nacional de Colombia. Pág. 19.

[19] Corredor Martínez Consuelo. Ob. Cit pág. 26-7.

[20] Misas Arango Gabriel. Ob. Cit. Pág 183.

[21] Misas Arango Gabriel.  De la sustitución de importaciones a la apertura económica. La difícil consolidación industrial. Desarrollo Económico y social en Colombia en el siglo XX. Universidad Nacional de Colombia. Pág. 127.



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