HOMENAJE AL POETA ROGELIO ECHAVARRÍA, “El transeunte”.

Realizado por Rosa Roja [*]

Por: RICARDO SÁNCHEZ ÁNGEL [Doctor en Historia – Universidad Nacional de Colombia. Profesor Universidad Libre].

Se anunció la muerte del poeta Rogelio Echavarría a la edad de 91 años. El 14 de enero de 1992 publiqué en el diario La Prensa un comentario sobre su poemario “El transeúnte”, que también se encuentra compilado en mi libro “Lecturas colombianas” (1995) y en “El transeúnte paso a paso” (2000), selección y prólogo de Juan Gustavo Cobo Borda.

Como un pequeño homenaje comparto mi texto:

EL TRANSEUNTE

Rogelio Echavarría ha escrito, sigue escribiendo un solo libro ya famoso y apreciado en la poesía colombiana y de habla castellana que se llama prosaicamente El Transeúnte.

En la definición que da María Moliner de transeúnte dice:

«se aplica a las personas que pasan por un sitio en el momento de que se trata.»

 Remite al caminante, o lo fugaz de la presencia en un sitio. A pasar por allí, como viajero de lugares, tiempos y sentimientos. La poesía de Rogelio Echavarría tiene el significado de volver permanente lo fugaz, lo instantáneo, si se quiere lo circunstancial, que es exigencia de la calidad poética.

 Es un libro de distintas épocas y distintos lenguajes en su intento de fidelidad a su condición de transeúnte de la condición humana. Está la primera parte escrita entre 1949 y 1952 publicada en 1964 por el Ministerio de Educación Nacional por decisión de Aurelio Arturo, con el título de El Transeúnte. Están Las Elegías Prematuras  escritas en 1947 y publicadas en 1948 en Edad sin Tiempo, luego incorporadas como intermedio al libro. En 1974 se publica la segunda edición por Colcultura con nuevos poemas escritos entre 1973 y 1976 y concebidos como prolongación de El Transeúnte. En 1984 el Fondo Cultural Cafetero publica la tercera edición con nuevos poemas también de prolongación, reeditada por la editorial Oveja Negra y habrá una nueva edición con nuevos poemas en el año de gracia de 1992.

 El Transeúnte toma el título para el libro del primer poema que lleva tal denominación. Es un poema antológico, fundador de una manera distinta de incorporar la calle y con ella la espacialidad urbana, la ciudad ya en tránsito de modernidad, al lenguaje poético de nuestro tiempo. Al de nuestras propias vivencias y emociones que son las mismas, aunque distintas a las de su propio monólogo que es manera impecable de ver las gentes de la masa, de la ancha avenida de la condición humana que transita sola, atomizada «pero, sé que todos luchan solos por lo que buscan todos juntos». Calle y gente. Muchedumbre y ciudad lo cotidiano y lo ciudadano. Son parejas constitutivas e inseparables en la mirada de nuestro transeúnte, que es mirada universal de nuestra ciudad desconcertante y triste. Por ello dirá con voz terrible:

 «Son un largo gemido, todas las calles que conozco.»

 Los tres poemas que le siguen, Polvo, Ved y A la lluvia siguen la misma línea, responden a la misma dimensión desarrollándose hacia una mayor amplitud del visaje. Es el escenario de la condición humana miserable, individualizada en la mujer, el ciego, la hija, el recolector de basuras, el ebrio, las multitudes. Lo asombroso aquí es que siendo poesía sobre lo social no es poesía social, ni de pancarta política. Allí está el yo poético, con su finura, su elaborado lenguaje, creando una realidad distinta a la que se aluden tan directamente. Que es precisamente el mundo poético de Rogelio Echavarría. Sobre el poema La Libertad, Antonio Espina hizo este breve y preciso comentario:

 «Y hay riqueza y variedad en la expresión y a veces un fino juego conceptual -la libertad y la soledad- sin escamoteo de contenido, por lo que avalora éste lo agil de la forma. Los aciertos son muchos.»

 Hay nuevo horizonte manteniendo la presencia objetual. La libertad que es soledad está en la casa, el teatro, el parque. Nuevo horizonte por la afirmación de la libertad en todos los sentidos. La libertad como paradoja, como afirmación política, en fin como:

  «mi novia es la libertad, la libertad que separa a los hombres del pan».

 En toda la poesía colombiana, me parece, no existe un tratamiento tan logrado por lo entrañable, contradictorio y actual de la libertad como poema.

El Transeúnte es ya categoría poética y es posible descifrar más precisamente su estética, en el poema Tránsito. Su interpelación monologal se remite a la existencia individual y personal con los primeros versos en que está el eterno retorno como presencia definitoria del tránsito:

«Qué importa donde se nace

ni donde se muere,

si con la muerte regresamos

a la cuna y con el nacer

aseguramos nuestra muerte?»

De nuevo palabras prosaicas, del lenguaje diario, el que lo funda. ¿Qué es el lenguaje si no el uso que de él hacemos constantemente? Palabras como telegrama, periódico, buses, ascensores son exorcizados de su uso prosaico, por la magia poética.

Sin duda su oficio intenso de periodista le dio a Rogelio Echevarría un contacto único con la realidad de lo cotidiano, de lo instantáneo. El Transeúnte es también en este caso el periodista desdoblado de poeta.

Los otros seis poemas del libro son poemas de amor a través de la sensibilidad que el poeta ha precisado y construido con acierto y lucidez. El tema eterno de la poesía, sin el cual ella no existiría, el amor, es asumido con delicadeza y fortuna. Hay patetismo grande en Declaración de Amor,  como corresponde a la estirpe de toda genuina declaración de amor. Hay intimismo en Pequeño Nocturno. Ternura en Instante. Encuentro en El Sueño. Ansiedad y libertad en Llegue tu Carta. Es el amor en Unica. Es el final con Infancia donde se termina por donde es el comienzo. Sobre estos poemas de amor ha escrito Dario Jaramillo acertadamente:

«Rogelio Echavarría ha hallado el tono justo del deseo, la palabra exacta para el amor y para el más fino erotismo.»

Me imagino que por todas las razones escritas por mí y por otras seguramente de mayor dimensión, es que Aurelio Arturo escribió:

«En este parvo libro en el que Rogelio Echavarría ha reunido sus poemas bajo el título de El Transeúnte, encuentra expresión una de las formas de poesía más originales y audaces de nuestro tiempo…»

 Que son las mismas razones para la bella afirmación de Antonio Espina:

 «Su imagen es tan pura como si no hubiera otra posible.»

 Lenguaje diferente el de Las Elegías Prematuras. Constituye un intermedio de El Transeúnte por voluntad del autor. Siendo en verdad elaborados con anterioridad. No dan unidad temática, y la sensibilidad es distinta. Más ingenua y sencilla. El epígrafe de Pablo Neruda informa el propósito:

«Amiga, no te mueras.»

 Rescatadas estas elegías discretamente por el poeta, como una muestra, huella de lo que va a ser su evolución y maduración. De allí, nos parece el carácter que le ha dado, de intermedio, a la presencia de estos versos en el libro.

 La tercera parte de El Transeúnte es la confirmación de una madurez ya lograda. Ahora desplegada en pluralidad de motivos. Incursión al tema mismo de la poesía y del arte en Lugar Común, el primero de los poemas. También en Andante. En Artista, con este brevísimo:

 «El sombrero de copa

y la almilla

rota»

 Es en Poética donde responde a lo que han respondido todos los poetas:

 «Que es poesía? Preguntas.

Hago luz y -discreta

y sorprendida huye

la poesía… esa sombra!»

También y de manera expresiva en Epitafio a Aurelio Arturo.

El poema Vida Corriente es la estética enriquecida que ya habíamos visto en sus poemas anteriores. Aquí sí cabe lo de elaboración magnífica por lo logrado del lenguaje, el sentimiento y los motivos. Poema antológico que irradia el conjunto de la lírica que nos ha sido dado leer, como fruta madura y jugosa. Poema que tiene su par En la mesa de los jubilados.

La muerte como tema ya presente desde las Elegías, volverá a aparecer como motivo, con la misma sensibilidad, en la misma elaborada dimensión estética. Muerte-muerte, pero sobre todo muerte en vida. Como muerte reiterada. Como mortal sobrevivencia. Como contravía. También como tiempo perdido. Elaboración distinta sobre la muerte la que está en El Armisticio, son su afán pacífista que al decir de Jaime Mejía Duque:

«Se alza contra toda crueldad, denuncia el genocidio…»

Donde con fina ironía se dice:

«A nosotros los muertos que salvamos

la democracia y regresamos

en traje almidonado de fatiga

-mortaje de cruz roja y de seguro social…-»

Este recorrido por la poesía de Rogelio Echavarría es itinerario incompleto. Pues el poeta hacedor silencioso, constante y emotivo continúa escribiendo su mismo libro, enriqueciendo nuestros sentimientos y dando presencia trémula a la triste condición humana.



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