Un anacronismo dominante: el significado de la mujer en los diccionarios de la lengua española

Realizado por Rosa Roja [*]

RICARDO SÁNCHEZ ÁNGEL [DOCTOR EN HISTORIA. UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA. PROFESOR UNIVERSIDAD LIBRE]

 

NOTA: ESTE ARTÍCULO, PRODUCTO DE UNA INVESTIGACIÓN SOBRE LOS SESGOS DE GÉNERO EN LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA LENGUA ESPAÑOLA, ES MI INSUMO AL RECIENTE DEBATE SOBRE EL USO Y LA PERTINENCIA DEL LENGUAJE INCLUYENTE.

 

[…] de las epidemias de horribles blasfemias

de las Academias,

¡líbranos, señor!

Letanía a nuestro señor Don Quijote

Madrid, Abril de 1905

Rubén Darío 

 

  1. EL TESORO

El Tesoro de la Lengua Castellana o Española de Sebastián de Covarrubias Horozco[1],primer diccionario de la Lengua Castellana y Española, fue publicado en 1617 y en él quedó registrada toda una concepción de la mujer.

En la voz original Mujer, se elude la definición y la desplaza: “Muchas cosas se podría decir en esta palabra, pero otros las dicen, y con más libertad de lo que sería razón”[2]. Y se nombra Mujeriego, “vocablo bárbaro, significa la calidad de las mujeres de algún lugar, verbi gratia, diciendo: “El mujeriego de tal lugar tiene mucho de corte. Mujeriego, el hombre que anda siempre entre mujeres. Mujeril, todo lo que pertenece a mujer””[3].

Y puede relacionarse con la voz Madre y Madrastra. Y, por supuesto, con el vocablo Puta:

“La ramera o ruin mujer. Díjose quasi pútida, porque está siempre escalentada y de mal olor; y así, Cátulo dice: “Putida Moechareddecodicillos”. Putería, la casa de las malas mujeres o el melindre de las tales. Putear, Putañero, Putañear. Puto, notaesignificationis etnefandae[4].

Este atributo licencioso está centrado en la mujer, y el hombre que tiene estas prácticas hace uso de algo que está establecido, casi natural y esencialmente.

Esta referencia a Covarrubias delata el control y dominio de la lengua por el referente centrado en lo masculino. El hombre es el eje, y el significado de la mujer es subordinado, gravitando en las conductas no santas, ni ejemplares de los hombres.

El clérigo Sebastián de Covarrubias Horozco dejó un Suplemento, manuscrito inédito que se conserva en la Biblioteca Municipal de Tudela, y otras copias en la Biblioteca Nacional de Madrid. El Suplemento constituye un plato suculento, en especial sobre la voz Mujer, y completa el significado a lo que está en el Tesoro de 1611. Veamos lo que allí se escribe, ateniéndonos a lo afirmado por el editor Ignacio Arellano en el “Prólogo Primero” del 2006: “El Suplemento es material orgánicamente insertado en el Tesoro, es parte del Tesoro, que es incompleto sin esa integración”[5].

Tomaré del texto del Tesoro lo esencial para mi propósito:

Mujer: Lo que yo diré ahora se entiende de las que, huyendo de la modesta compostura de su obligación, viven con desahogo, aflojando las riendas a su natural para que corra libre y desbocado hasta precipitarse, no de las cuerdas y recogidas, cuyo honor es su destino, a quien consagran el recato, la honestidad y el recogimiento, que estas han sido crédito y lastre de naciones y monarquías. Esta propuesta, digo con S. Máximo, que la mala es tormento de la casa, naufragio del hombre, embarazo del sosiego, cautiverio de la vida, daño continuo, guerra voluntaria, fiera doméstica, disfrazado veneno y mal necesario…

…Somos, dijo una, para dar consejos muy pobres, para acarrear daños y desdichas poderosísimas, y en la fábrica de un engaño grandes artífices.

…Vio Diógenes pendientes infamemente de un olivo a unas que la justicia había castigado con aquel suplicio y dijo: “Ojalá todos los árboles del mundo llevaran este fruto!!”[6].

Y otras acepciones peyorativas en grado sumo…

Un diccionario en la época del Siglo de Oro español y desde los renacimientos europeos era y es un TESORO. En el prólogo segundo de Dominique Reyre, “Las llaves del Tesoro de Covarrubias”, se define al diccionario como “un museo de las palabras”. Y citando a Pablo Neruda, “plantación de rubíes / perpetuidad viviente de la esencia / granero del idioma”[7].

Es una época de unidad y expansión del Imperio Español y su monarca era Felipe III, a quien el canónigo Covarrubias le dedica la obra. Un imperio requiere una lengua franca que unifique sus propósitos de dominación sobre sus propios vasallos y sobre los pueblos colonizados. Antonio de Nebrija lo expone sabiamente en su Gramática Castellana de 1492, y que el autor del Tesoro conocía bien:

“Cuando bien comigo pienso, mui esclarecida Reina, i pongo delante los ojos el antigüedad de todas las cosas que para nuestra recordación i memoria quedaron escriptas, una cosa hallo i saco por conclusion mui cierta: que siempre la lengua fue compañera del Imperio, i de tal manera lo siguió que junta mente comenzaron, crecieron y florecieron, i después junta fue la caída de entre ambos”[8].

2. LAS AUTORIDADES

En 1713 se fundó la Real Academia Española de la Lengua, que tuvo como fin primordial:

“[…] hacer un Diccionario copiofo y exacto, en que fe vieffe la grandeza y poder de la Léngua, la hermofura y fecundidad de fus voces, y que ninguna otra la excede en elegáncia, phrafes, y pureza: fiendo capáz de expreffarfe en ella con la mayor energía todo lo que fe pudiere hacer con las Lenguas mas principales, en que han florecido las Ciencias y Artes”[9].

Ese objetivo se cumplió con la publicación en Madrid en 1732 del Diccionario de autoridades. Allí, la voz Mujerse mueve en la línea formalizada por el Tesoro. Una primera definición:

Mugér. f.f. Criatura racional Del fexo femenino… Se entiende regularmente por la que eftá cafada, con relación al marido.

Ser mugér. Phrafe con que fe explica haber llegado una moza a eftádo de menftruar”[10].

Se define también “Mugér de su casa”, “A la mugér brava”, “A la mugércafada”, “A la mugér mala”, “Mugercilla”, “Mugeriego, ga”, “mugeril”.

El Diccionario de Autoridades es pródigo con el discurso de la mujer puta:

Puta. f.f. La mugér ruin que fe dá a muchos. […] Puta la madre, puta la hija, y puta la manta que las cobija. Refr. con que fe nota a alguna familia o junta de gente, donde todos incurren en un mifmo defecto”[11].

Por el contrario, la definición de hombre es virtuosa:

Hombre. f.m. Animal racional, cuya eftructura es recta, con dos pies y dos brazos, mirando fiempre al Cielo. Es fociable, próvido, fagaz, memoriofo, lleno de razón y de confejo. Es obra que Dios hizo por fus manos a fu imagen y femenjaza. Viene del Latino Homo, que fignificaeftomifmo: y aunque el verdadero fignificado defta voz comprehende hombre y muger, en Caftellano fe toma regularmente por el varón. […] Vale también Marido, hablando la muger: y afi fe dice, Mi hombre hizo efto, mi hombre dixo lo otro”[12].

Como se aprecia, la gravitación de la mujer, en su dimensión natural y social, en sus ámbitos culturales y éticos, se da en torno al sujeto, la persona, la existencia dominante en todos los ámbitos del hombre, de lo masculino.

Ahora bien, el lector atento encontrará la huella del Tesoro y del Diccionario de Autoridades en los Diccionarios de la Lengua Española de la Real Academia hasta nuestros días, en cuanto a la utilización de sentidos peyorativos en la voz Mujer, con modulaciones y cambios de redacción[13]. Así, en la vigésima primera edición de 1992, a propósito del V centenario, se lee:

Mujer: Persona del sexo femenino. 2. La que ha llegado a la edad de la pubertad. 3. La casada con relación al marido, y otras acepciones como fuente, mando y ejecución en quehaceres domésticos y cuidar con exactitud de su hacienda”[14].

Viene luego el desplazamiento hacia lo pérfido en la misma voz, como fatal, mundana, perdida, pública, ramera. Mujercilla se le define como mujer de poca estimación, perdida, de mala vida. Los redactores mantienen la herencia del sentido morboso del Tesoro, como lo demuestra el enlazar con los significados neutros o incluso positivos, los pérfidos, que están en otras constelaciones de lo moral y lo social. Algo que repiten en la voz Puta: Prostituta, ramera, mujer pública.

En el preámbulo a esta edición de 1992, queda claro el alcance del diccionario:

“El DICCIONARIO que presentamos no pretende ser una enciclopedia abreviada, pero sí registrar y definir adecuadamente los términos cuyo empleo rebasa los límites de la especialidad y se atestigua diariamente en la prensa o en la conversación culta”[15].

En la flamante vigésimo tercera edición del año 2014 del Diccionario de la Lengua Española, se mantiene la definición de Mujer de la edición de 1992, con el agravante que de manera directa se asocia a la mujer así:

“[…] – de la calle. […] 2. Prostituta que busca sus clientes en la calle. […] – del partido. f. prostituta. – fatal. f. mujer que ejerce sobre los hombres una atracción irresistible, que puede acarrearles un fin desgraciado. – mundana. f. p. us. prostituta. – objeto. f. Mujer que es valorada exclusivamente por su belleza o atractivo sexual. […] – pública. f. prostituta[16].

Asimismo, se encuentra esta manifestación de desprecio a las calidades de la mujer:

“[…] pobre. f. 1. mujerde cortos talentos e instrucción. 2.mujer de poca habilidad y sin vigor ni resolución.

mujercilla: f. 1. Mujer de poca estimación. 2. p. us. Mujer perdida, de mala vida”[17].

Por supuesto, las diferentes variaciones sobre la mujer puta se reiteran en esta edición. No obstante, mientras que en la edición de 1992 se define al hombre: “Ser animado racional. Bajo esta acepción se comprende todo el género humano. Varón, criatura racional del sexo masculino”[18], en la edición del año 2014 se define el hombre así: “Ser animado racional, varón o mujer”[19].

Después de todas las luchas de las mujeres y feministas en el siglo XX por el lenguaje emancipado que reconozca y dignifique, resulta insólito, una afrenta, lo escrito en estos diccionarios en relación a la voz Mujer. Al respecto, debe reconocerse que los discursos en los diccionarios se corresponden con el lenguaje de los dominadores en cada momento histórico. Pero la lengua es un campo de lucha cultural, donde las expresiones de lo popular, libre, sin cárceles idiomáticas, subvierten permanentemente el oficialismo de los diccionarios. Se trata de una contracultura del lenguaje popular, que permea en su circularidad toda la sociedad. Es un verdadero poder democrático, contestatario.

3. EL QUIJOTE LIBERADOR

La mejor expresión del lenguaje popular y culto del castellano es Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes, donde se puede encontrar la mayor refutación de los discursos de los diccionarios sobre la mujer. En especial, el discurso de la Pastora Marcela en el capítulo XIV, donde se proclama por parte de Marcela, tan hermosa que pasaba a su fama su hermosura: “yo nací libre y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos”. Allí mismo se refuta el carácter fetichista de la belleza, de la mujer convertida en objeto por parte de su pretendiente Grisóstomo, quien se suicidó por no haber sido correspondido en su amor. Y por ello se quiere culpar a la pastora de tal insuceso. Ella, en su independencia, va a ser calificada por Ambrosio “¡oh fiero basilisco!”. Además de ser cruel, una fiera y un mármol.

Conviene leer parte de la larga refutación de Marcela:

El que me llama fiera y basilisco déjeme como cosa perjudicial y mala; el que me llama ingrata no me sirva; el que desconocida, no me conozca; quien cruel, no me siga; que esta fiera, este basilisco, esta ingrata, esta cruel y esta desconocida ni los buscará, servirá, conocerá ni seguirá en ninguna manera. Que si a Grisóstomo mató su impaciencia y arrojado deseo, ¿por qué se ha de culpar mi honesto proceder y recato?[20].

Es notable la sabiduría argumental en la refutación de Marcela de la conducta masculina. Se trata de un discurso que inaugura una modernidad emancipatoria para la mujer. Es la plena prueba del anacronismo permanente de los diccionarios. Una refutación del discurso masculino dominante. “La endiablada moza”, “la rapaza”, era ante todo una mujer libre y digna, con sabiduría.

Francisco Rico, el editor de la edición que comento, anota:

Además de un alegato en defensa de la libertad de elección por parte de la mujer, el razonamiento de Marcela es una crítica de las explicaciones que el neoplatonismo renacentista daba del fenómeno amoroso. La mujer decidida e independiente es uno de los personajes favoritos de Cervantes y aparece repetidamente en el Quijote[21].

La lengua de Cervantes es popular y culta, renacentista y carnavalesca, realista y pura ficción. Un gran sincretismo, pero totalmente libre de formatos. Una novela que al decir de Claudio Guillen introduce “perspectivas y puntos de vista individuales junto con los diálogos”[22]. Una novela crítica, de pensamiento y sentimiento, en el entramado de una broma superior, y claro está, un antecedente feminista.

Jorge Luís Borges, lector del Quijote, criticó los diccionarios y defendió el lenguaje como el gran legado de la historia, de toda la historia, al escribir:

“Me imagino que una nación desarrolla las palabras que necesita. Esta observación, hecha por Chesterton (creo que en su libro sobre Watts), equivale a decir que la lengua no es como el diccionario nos sugiere, un invento de académicos y filólogos. Antes bien, ha sido desarrollada a través del tiempo, por campesinos, pescadores, cazadores y caballeros. No surge de las bibliotecas, sino de los campos, del mar, de los ríos, de la noche, del alba”[23].

Un momento que no quiero dejar de nombrar, donde se subvierten el patriarcalismo y el dominio machista del lenguaje, es:

Advierte Sancho –dijo don Quijote-, que el amor ni mira respetos, ni guarda términos de razón en sus discursos, y tiene la misma condición que la muerte, que así acomete los altos alcázares de los reyes como las humildes chozas de los pastores, y cuando toma entera posesión de una alma, lo primero que hace es quitarle el temor y la vergüenza; y,así, sin ella declaró Altisidora sus deseos, que engendraron en mi pecho antes confusión que lástima[24].

Se trata del amor democrático, distinto al amor cortesano y de los caballeros feudales enunciado por el Quijote, señalando la circularidad del mismo en todas las situaciones humanas. El amor invade todas las clases sociales sin distingos de casta o rango. El que tenga la misma condición que la muerte le da un tono radical en el sentido igualitario, de la pasión amorosa como un derecho para todas y todos.

Tal como lo recuerda Guillermo Rojo, se trata de Miguel de Cervantes y su obra cumbre, Don Quijote de la Mancha, en gracia del cual el español es conocido hoy como “la lengua de Cervantes”[25].

Sor Juana Inés de la Cruz, en uno de los más fascinantes versos de toda la poesía hispanoamericana, refuta en su poema Redondillas de 1689, como poeta de los dilemas, el discurso de la mujer puta de los diccionarios: “Quien será más de culpar aunque cualquiera mal haga: ¿la que peca por la paga, o el que paga por pecar?”.

CONCLUSIÓN

¿Cómo explicarse entonces que los diccionarios de la lengua hayan sido refractarios a la más grande revolución del lenguaje español como lo es El Quijote? Veamos la explicación que se da sobre la forma cómo se escribe y actualiza el Diccionario en su última edición, la del tricentenario de la Academia:

La corporación examina con cuidado todos los casos que se le plantean, procura aquilatar al máximo las definiciones para que no resulten gratuitamente sesgadas u ofensivas, pero no siempre puede atender a algunas propuestas de supresión, pues los sentidos implicados han estado hasta hace poco o siguen estando perfectamente vigentes en la comunidad social. […] Naturalmente, al plasmarlas en un diccionario el lexicógrafo está haciendo un ejercicio de veracidad, está reflejando usos lingüísticos efectivos, pero ni está incitando a nadie ninguna descalificación ni presta su aquiescencia a las creencias o percepciones correspondientes[26].

Sin duda, conservar unas acepciones tomadas del lenguaje masculino dominante, como lo señalo para las voces Mujer y Hombre, sin que las enmiendas -que para esta vigésima tercera edición son 140 mil que afectan a unos 49 artículos- incluyan cambios en esta valoración, expresa una servidumbre querida, deseada, voluntaria al lenguaje de la dominación masculina. Constituye un culto a lo establecido, ya que se trata de un diccionario usual o de uso común. Se puede comprobar que las voces señaladas (Mujer y Hombre)así se usan, son comunes en toda la comunidad hispano parlante.

Y aunque se trata de una dimensión de la lengua que está impuesta en un campo lingüístico, con una riquísima variedad de acepciones distintas de las dominantes, las introducidas por Cervantes a la lengua, por su parte, constituyen una refundación de la cultura lingüística a partir de establecer nuevos significados sacados de la vida y las artes populares. Allí, el significado de estas voces, especialmente la de Mujer, adquiere unas luminosas valoraciones.

Así las cosas, al lado de los anacronismos perpetuados por la Academia y otros, pugna el lenguaje emancipado que inauguró la revolución cervantina y que continúa hasta nuestros días con las luchas de las mujeres. Me pareció oportuno por ello, incluir la referencia a la mujer-poeta mayor, Sor Juana Inés de la Cruz con sus Redondillas.

Las academias de la lengua y, en primer lugar, la española, son micropoderes que administran la lengua: ayer del imperio, hoy de una sociedad internacional de la lengua cuya metrópoli es Madrid y España. Pero ello es parcialmente cierto ya que Nuestra América y otros países como Filipinas desarrollan su propio y acentuado español, en un proceso de autonomización de la lengua y de las culturas populares al igual que en España las otras lenguas: el vasco, catalán y otros se expresan en un plano independiente.

Este micropoder es esencialmente masculino, dominado y administrado históricamente por hombres. En la composición de género actual de la Academia española, de los 41 miembros de Número tan solo 6 son mujeres.

Entre los académicos Correspondientes solo hay 2 mujeres entre 24 hombres. Entre los hispanoamericanos hay un hombre, ninguna mujer. Y entre los extranjeros, de 42 miembros 7 son mujeres y 35 son hombres. De la Comisión Delegada del Pleno y para el Diccionario, de 9 miembros solo hay una mujer.

Trescientos años de vida de la Real Academia española han configurado una conciencia que sigue ignorando los cambios en el lenguaje como producto de los sujetos femeninos y masculinos. En la sabia definición de Wittgenstein en Los cuadernos azul y marrón, la experiencia es la que define el lenguaje, y aquella nunca es unilateral, ni homogénea-hegemónica, sino plural y abierta[27]. El diccionario de la lengua debe ser abierto a las voces y presencia de las mujeres.

BIBLIOGRAFÍA

Academia Colombiana de la Lengua. Breve diccionario de Colombianismos. Bogotá: Comisión de  Lingüística de la Academia Colombiana de la Lengua, 2007. 3ª edición.

Asociación de Academias de la Lengua Española. Diccionario de Americanismos. Perú, 2010.

Borges, Jorge Luis. “Pensamiento y poesía”. En: Arte y poética. Seis conferencias. Barcelona: Editorial Crítica, 2001. 2ª edición.

Cervantes, Miguel de. Don Quijote de la Mancha. Bogotá: Real Academia Española. Asociación de Academias de la Lengua Española/Alfaguara, 2005. Edición del IV centenario.

Corominas, Joan. Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana. Tercera Edición muy revisada y mejorada. 1961. Madrid: Gredos, 1973.

Covarrubias Horozco, Sebastián de. Tesoro de la Lengua Castellana o Española. Ed. de Ignacio Arellano y Rafael Zafra. Madrid: Universidad de Navarra/ Iberoamericana/ Vervuert/ Real Academia Española, 2006.

Haensch, Günther & Werner, Reinhold. Nuevo diccionario de americanismos. Bogotá: Instituto Caro y Cuervo, 1993. 3 Tomos.

Moliner, María. Diccionario de uso del español. Madrid: Editorial Gredos, 1984. 2 vols.

Morínigo, Marcos Augusto. Diccionario de Americanismos. Buenos Aires: Muchnik Editores, 1966.

Nebrija, Antonio de. Gramática castellana. Edición de la Junta del Centenario. Madrid, 1946. Vol. I.

Pagés, Aniceto de. Gran diccionario de la lengua castellana (de autoridades), con ejemplos de buenos escritores antiguos y modernos. Ordenado con arreglo a la última edición de la Real Academia Española y enriquecido con numerosas voces, acepciones, frases y refranes que no constan en ningún otro diccionario. Barcelona: Fomento Comercial del Libro, 1934. 5 vols.

Real Academia Española. Diccionario de Autoridades. Madrid: Editorial Gredos, 1963. 3 vols.

Real Academia Española. Diccionario de la Lengua Española. Madrid, 1992. 21ª edición.

Real Academia Española. Diccionario de la Lengua Española. Madrid, 2014. 23ª edición.

Santamaría, Francisco Javier. Diccionario General de Americanismos. México: Editorial Pedro Robredo, 1942. 3 Vols.

Wittgenstein, Ludwig. Los cuadernos azul y marrón. Madrid: Tecnos, 1968.

 

[1] Covarrubias Horozco, Sebastián de. Tesoro de la Lengua Castellana o Española. Ed. de Ignacio Arellano y Rafael Zafra. Universidad de Navarra/ Iberoamericana/ Vervuert/ Real Academia Española, 2006.

[2] Ibídem. p. 1301.

[3] Ibídem. p. 1301.

[4] Ibídem. p. 1384.

[5] Ibídem. p. XXIV.

[6] Ibídem. pp. 1584-1585.

[7] Ibídem. p. XLV.

[8] Nebrija, Antonio de. Gramática castellana. Edición de la Junta del Centenario. Madrid, 1946. Vol. I. p. 5.

[9] Diccionario de Autoridades. Madrid: Editorial Gredos, 1963. p. I. Vol. 1.

[10] Ibídem. p. 626. Vol. 2.

[11] Ibídem. p. 442. Vol. 3.

[12] Ibídem. p. 168. Vol. 2.

[13] La herencia del Tesoro respecto a la voz Mujer también puede verificarse en otros importantes diccionarios de la lengua española, como son: Pagés, Aniceto de. Gran diccionario de la lengua castellana (de autoridades), con ejemplos de buenos escritores antiguos y modernos. Ordenado con arreglo a la última edición de la Real Academia Española y enriquecido con numerosas voces, acepciones, frases y refranes que no constan en ningún otro diccionario. Barcelona: Fomento Comercial del Libro, 1934. 5 vols; Corominas, Joan. Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana. Tercera Edición muy revisada y mejorada. 1961. Madrid: Gredos, 1973; Moliner, María. Diccionario de uso del español. Madrid: Editorial Gredos, 1984. 2 vols; Asociación de Academias de la Lengua Española. Diccionario de Americanismos. Perú, 2010; Academia Colombiana de la Lengua. Breve diccionario de Colombianismos. Bogotá: Comisión de  Lingüística de la Academia Colombiana de la Lengua, 2007. 3ª edición; Morínigo, Marcos Augusto. Diccionario de Americanismos. Buenos Aires: Muchnik Editores, 1966; y Santamaría, Francisco Javier. Diccionario General de Americanismos. México: Editorial Pedro Robredo, 1942. 3 Vols.

[14] Real Academia Española. Diccionario de la Lengua Española. Madrid, 1992. 21ª edición. p. 1001.

[15] Ibídem. p. VII.

[16] Real Academia Española. Diccionario de la Lengua Española. Madrid, 2014. 23ª edición. p. 1509.

[17] Ibídem. p. 1509.

[18] Real Academia Española. Diccionario de la Lengua Española. Madrid, 1992. 21ª edición. p. 788.

[19] Real Academia Española. Diccionario de la Lengua Española. Madrid, 2014. 23ª edición. p. 1189.

[20] Cervantes, Miguel de. Don Quijote de la Mancha. Bogotá: Real Academia Española. Asociación de Academias de la Lengua Española/Alfaguara, 2005. Edición del IV centenario. p. 127.

[21] Ibídem. p. 128.

[22] Ver Guillen, Claudio. Causes de la novela cervantina. Perspectivas y diálogos. En: Cervantes, Miguel de. Op. Cit. p. 1145.

[23] Borges, Jorge Luis. “Pensamiento y poesía”. En: Arte y poética. Seis conferencias. Barcelona: Editorial Crítica, 2001. 2ª edición. p. 101. En el mismo libro, Jorge Luís Borges nos da una definición de las palabras, del lenguaje de las voces, que sirve a mis propósitos: “Después de todo, ¿qué son las palabras? Las palabras son símbolos para recuerdos compartidos. Si yo uso una palabra, ustedes deben tener alguna experiencia de lo que representa esa palabra. Si no, la palabra no significará nada para ustedes”. p. 140.

[24] Cervantes, Miguel de. Op. Cit. p. 989.

[25] Ver: Rojo, Guillermo. Cervantes como modelo lingüístico. En: Cervantes, Miguel de. Op. Cit. p. 1122.

[26] Real Academia Española. Diccionario de la Lengua Española. Madrid, 2014. 23ª edición. p. XI.

[27]Ver: Wittgenstein, Ludwig. Los cuadernos azul y marrón. Madrid: Tecnos, 1968.



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